APACHES
El contacto con los españoles revolucionó a los apaches más que a cualquier otro grupo étnico del sudoeste de los Estados Unidos incluyendo a los navajos, sin embargo el cambio se dio en una forma no planeada ni en el momento deseado por los españoles. Fue un cambio que trajo como resultado la pérdida de control de las provincias del norte así como una gran destrucción de propiedades y pérdida de vidas humanas. Los españoles sin desearlo les dieron la oportunidad y los medios para una guerra a la que ya se sentían inclinados desde antes de que éstos irrumpieran en escena.
Las primeras expediciones no hicieron contacto con los apaches aunque en algunos lugares fueron informados de la existencia de gente que probablemente pertenecía a este grupo. Al pasar por la región que más tarde sufrió los más destructivos saqueos apaches el grupo de Coronado la reportó sin población. Más tarde se le informó que por lo menos desde 1525 los indígenas pueblo habían sufrido ataques de grupos hostiles. Posiblemente los atacantes eran antecesores de la gente a quienes los españoles llamaron apaches jicarilla y mezcalero. Es posible que algunas de las personas reportadas por la expedición de Espejo en 1583 fueran apaches. En 1598 Oñate fue advertido que probablemente había jicarilla y otros grupos apaches al norte de los indígenas pueblo. No fue sino hasta veinticinco años después que los españoles se percataron de la existencia de un grupo diferente en lenguaje y en forma de vida a los indígenas de villas y rancherías.
No sabemos dónde y cómo vivían antes del siglo XVII. Nuestra ignorancia al respecto refleja la falta de contacto entre ellos y los españoles. Podemos deducir con buenas probabilidades que había varias bandas atabascanas a lo largo de Nuevo México y Arizona. Debido a la ausencia de evidencias arqueológicas no es posible deducir su territorio ni sus divisiones internas durante el siglo XVI cuando los españoles se encontraron con los indígenas de rancherías en Sonora y Chihuahua o con los asentamientos de los indígenas pueblo en Nuevo México y Arizona. En el sudeste de Arizona había gente llamada navajos y probablemente había grupos similares hasta territorio hopi. Existen indicaciones de que estos grupos crecieron cuando se les unieron grupos atabascanos del sur. En el siglo XVI no había mucha diferenciación entre ellos aunque unos se especializaron como pastores de ovejas y tejedores durante el siglo XVIII después de la rebelión de los pueblo en 1680.
Durante el siglo XVI, debió haber otros grupos de atabascanos al sur y al oeste de los Zuni. Con seguridad los había durante el siglo XVII. Practicaban algo de agricultura pero dependían principalmente de la caza y la recolección. Con frecuencia cambiaban de residencia dentro de sus territorios de caza y de recolección y sus campamentos grupales eran mucho menos organizados que los de los indígenas de las rancherías. Su población era muy pequeña en comparación con la de los grupos sedentarios.
Esta gente comenzó a aparecer en el horizonte español de una manera importante después de la rebelión de los pueblo de 1680. Sin embargo, es difícil pensar que la rebelión de los pueblo fue la causa de estos brotes. Aquellos apaches que habitaban en la frontera este de los pueblo del río Bravo y quiénes habían continuado los esporádicos saqueos de las villas pueblo durante la colonización española, no se unieron a la rebelión. Ambos, apaches y navajos se mantuvieron lejos de alianzas comprometedoras. Después comenzaron a saquear con una creciente intensidad los asentamientos restablecidos de los pueblo y de los españoles -los navajos por el oeste y los jicarilla por el este- hasta que fueron obligados a cruzar el río Bravo por fuerzas comanches. Los apaches del noreste (antecesores de los jicarilla y posiblemente de los mezcaleros) y el avance de los comanches, se convirtieron en una amenaza para las pacíficas comunidades que los españoles cuidaban en el valle del río Bravo. Es muy dudable que el éxito de la rebelión de los pueblo haya influenciado a los apaches. Los apaches se volvieron más beligerantes al sentirse amenazados entre el avance de comanches y españoles. Durante la primera mitad del siglo XVIII ya estaban luchando por su existencia.
Más al sur, se sintieron efectos de las dislocaciones de la gente del margen de las llanuras de Nuevo México. Al incrementarse la intensidad de los ataques entre los apaches y comanches, los antecesores de los apaches mezcaleros cambiaron su territorio hacia el sur y al oeste, por lo que cazaban y recolectaban en el río Bravo, en el sur de Nuevo México y el norte de Chihuahua. Los mezcaleros que forman parte de la historia posterior eran en parte los apaches mimbreños de los primeros registros de los españoles
El lugar de los saqueos que más afectó a los españoles de localizaba a lo largo del río Bravo entre los pueblo o más al sur cerca de El Paso. Fue más al oeste -en el noreste de Sonora y el noroeste de Chihuahua y antes de la rebelión pueblo- donde hubo señales de los conflictos que hicieron erupción. Esta era una región de fronteras. Las villas ópata en los valles del Bavispe y Moctezuma estaban rodeadas por el terreno más abrupto de Nueva España. Al este de los ópatas y separados por casi impasables montañas se encontraba las rancherías de los conchos, cerca de Casas Grandes. Las comunidades de los conchos y los ópatas eran relativamente prósperas, con alimentos almacenados y fueron aun más prósperas durante los primeros años de dominación española a principios de l600.
Al norte de esta línea de asentamiento agrícola, se encontraba una tierra sin dueño. Aunque se sabe muy poco acerca de los grupos de indígenas que habitaban esta región, parece ser que al norte de las comunidades ópatas hubo indígenas llamados suma quienes fueron reportados por los primeros registros españoles como "salvajes". Estos suma muy probablemente no eran de habla atabascana y estaban relacionados con los indígenas sedentarios del este, desde El Paso hasta las planicies. Los suma eran una ramificación nómada de los jumanos. Parecían estar interesados en una vida sedentaria y en adoptar la agricultura pero no les fue posible aceptar la disciplina de las misiones después de haberlo intentado. Los suma se encontraban en contacto con indígenas llamados jocomes por los españoles y éstos pudieron haber sido un grupo de habla atabascana, posiblemente una banda que fue conocida como los apaches arivaipa o chiricahua. Al noreste de los sumas, había gente que los españoles llamaban janos, tal vez hablaban atabascano y pudieron haber sido una banda de los apaches chiricahua o de los mimbreños. Aun más al sur estaban los chinarras y los mansos. Estos últimos, al igual que los jumanos aceptaron la disciplina de la misión en la región de El Paso desde antes de l700, cambiando desde una existencia no agricultural. Los chinarras eran probablemente una banda de nómadas similares a los conchos.
Aquí en este territorio de abruptas montañas, del desierto improductivo del norte, y angostos y fértiles valles al sur, había seis o siete distintos grupos a la llegada de los españoles. Variaban desde los adelantados poblados ópatas hasta los completamente nómadas mansos. Los sumas al igual que los jovas del sur, se encontraban en estado de transición del nomadisimo al sedentarismo. Es poco probable que el territorio al norte de los ópatas y los conchos estuviera dividido como territorio de cacería. Es más probable que sus ocupantes fueran relativamente nuevos en el área y que los chinarras, janos, jocomes y sumas se encontraran en el proceso de establecer un arreglo entre ellos acerca de los recursos territoriales cuando llegaron los españoles y rompieron el proceso. Es posible que los ópatas hubieran abandonado el territorio alto y se habían establecido en los valles centrales de Sonora. El que hayan sido forzados al exilio como resultado de presiones de gente no sedentaria es por hoy una pregunta sin respuesta. Parece ser que los ópata se estaban expandiendo al sur en ese tiempo pero definitivamente no al norte. De cualquier forma, esta tierra sin dueño y rodeada de seis o más tribus se encontraba deshabitada a finales del siglo XVI. Fue en esta área donde se concentraron los principales problemas para los españoles del siglo XVII.
A mediados del siglo XVII, esta área fue escenario de un conflicto menor de jurisdicción entre jesuitas y franciscanos. Los franciscanos habían trabajado con los conchos desde principios del siglo y continuaron su trabajo al borde este del territorio tarahumara hasta la fundación de una misión en Casas Grandes. Para l640 tenían misiones en el noroeste de Chihuahua y se habían expandido al valle del río Bavispe y la parte alta del río Moctezuma. Este era territorio ópata y los ópatas eran campo de los jesuitas. Perea, un gobernador de Sonora, trajo franciscanos al norte de Sonora en l650, pero esto fue prohibido por sus superiores y los franciscanos que estaban en las misiones jesuitas tuvieron que retirarse. El campo fue conservado por los jesuitas a pesar de las críticas por las rebeliones en sus regiones de trabajo. Hubo por lo tanto un sobrecruzamiento de actividades jesuitas y franciscanas en la parte noreste de Sonora donde los franciscanos habían hecho contacto desde antes que los jesuitas alcanzaran el norte de la frontera ópata.
Fueron los franciscanos los primeros en sentir los conflictos y la inquietud en la región. Se quejaron de las molestias sufridas por "salvajes" sumas cerca de la misión ópata de Teuricachi en la parte alta del río Moctezuma en l649. Dos años después el misionero franciscano se marchó y los jesuitas encontraron gente a quienes se les refirió como suma, al norte de la misión ópata de Guásavas. Los encontraron muy interesados en establecer relaciones pacíficas y animaron a un grupo de lideres -cerca de cien- a visitar la misión de Oputo donde se llevó acabo un acuerdo de paz. Algunos sumas entraron a la misión de Teras, río arriba de Oputo sobre el Moctezuma y se quedaron un tiempo antes de armar una revuelta y huir. Durante los siguientes quince años o más, los franciscanos redujeron a muchos sumas a la misión de Casas Grandes a vivir junto con los conchos. Parece ser que la reducción en la región de Janos y Casas Grandes se llevó a cabo de manera pacífica hasta l684.
Los españoles se establecieron en El Paso después de haber sido expulsados de Nuevo México por los pueblo en 1864. Fue entonces cuando el conflicto inició. La rebelión se extendió a lo largo del norte de Chihuahua, desde los médanos localizados al sur de El Paso hasta Casas Grandes. Se encontraban involucrados los conchos y de acuerdo a los registros españoles, cinco grupos más. Estos eran los sumas, los chinarras, los janos y probablemente lo apaches jocomes. Los sumas y los conchos atacaron Casas Grandes. Se forzó el abandono de Carretas, un asentamiento de los sumas en el paso montañoso entre Casas Grandes y Sonora. El conflicto continuó hasta el siguiente año cuando se conocieron los planes de los sumas para otro levantamiento en Casas Grandes. Esta rebelión fue pronta y brutalmente aplastada con la ejecución de cincuenta y dos indígenas en Casas Grandes y veinticinco más en el área adjunta a las misiones de Sonora. Estos hechos en los que los sumas aparecen como líderes eran síntomas de serios problemas. Se construyó un presidio en Janos para proteger la frontera norte.
Desde entonces los españoles perdieron control del noreste de Sonora en lugar de ganarlo. Con la información existente no podemos precisar en donde se centraban estos indígenas ni cuales eran sus relaciones. Por los próximos quince años y hasta el final del siglo, los sumas fueron mencionados en los ataques y saqueos que se llevaron a cabo. Pero antes de l690 perdieron el liderazgo ante los janos y desde principios del siglo XVIII, el único grupo mencionado como responsable de los ataques eran los apaches. Desde l685 hasta l705 los sumas, chinarras, janos y jocomes se mudaron fuera del área, se extinguieron o perdieron su identidad al incorporarse dentro de las bandas apaches. Otra interpretación debida al escaso conocimiento de los hechos, es que al conocer los españoles a estos grupos reconocieron similitud de costumbres y de lenguaje y simplemente adoptaron un nombre genérico que les fue aplicado a los grupos rebeldes del norte. Esta teoría requiere que los sumas de habla uto-azteca se fundieron durante este periodo con las otras bandas de habla atabascano. Probablemente algunos lo hicieron pero tal vez otros sumas se mudaron al este para unirse a sus más pacíficos parientes, los jumanos del valle del río Bravo.
La intensificación de la guerra en esta frontera sugiere un cambio de heterogeneidad tribal al dominio de un grupo. Si este este proceso sucedió, se llevó acabo dentro de una generación o menos, y fue a finales del siglo XVII. La gente a quienes los españoles llamaron apaches emergió como el grupo dominante al norte de las villas ópatas y tan lejos como el territorio zuni. Los papeles de migración, absorción cultural, extinción biológica y la ignorancia inicial de los españoles con respecto a la gente de esta región, permanece en espera de futuras investigaciones. Al momento de escribir estas líneas parece ser que los apaches absorbieron un número de otros pequeños grupos que merodeaban en la región al tiempo de la llegada de los españoles.
El establecimiento del presidio de Janos en l685 es un parteaguas para el inicio de un nuevo y persistente tipo de guerra. En los siguientes años, se reportaron casos de conspiración desde los pimas en el oeste hasta los conchos al este. Los españoles encontraron evidencias de que los janos, sumas y jocomes planeaban atacar a los ópatas en el valle del Bavispe. También estaban satisfechos por involucrar a los pimas. Juzgaron y condenaron por conspiración a un jefe pima llamado Canito de la villa de Mututicachi, localizada en el río Sonora a casi doscientos cincuenta kilómetros al oeste de Janos. Canito fue ejecutado pero los planes de los indígenas no se vieron afectados. Al tiempo que se juzgaba a Canito, los sumas y los jocomes saquearon el mineral de San Juan del Río y la misión de Teras, ambas en el río Moctezuma. En l688 se inició un ataque contra los ópatas. Los jocomes, sumas y janos atacaron la ranchería ópata de Santa Rosa cerca de Cuquiarachi. Forzaron a los ópatas a retirarse al sur hasta la región donde años después se fundara el presidio de Fronteras. Aquí los ópatas fueron atacados de nuevo y los saqueadores, bajo el liderazgo de los janos, dominaron la región hasta las afueras de Nacozari forzando a españoles y a ópatas a abandonar el área.
La situación era tan grave que se enviaron quince soldados desde Sinaloa y en l690 se decidieron a establecer un presidio cerca de la villa ópata que había sido abandonada. Este presidio fue llamado Fronteras y se le consideró como un establecimiento militar sujeto a Janos.
Sin embargo los saqueos aumentaron en frecuencia e intensidad durante los diez años siguientes. El mismo año del establecimiento de Fronteras se forzó el abandono de Teras y las villas ópatas del norte del Bavispe fueron saqueadas repetidamente. Los poblados españoles al noreste de Fronteras y a lo largo del río San Bernardino fueron saqueados y abandonados mientras que Batepito era atacado.
Los españoles no sólo estaban perdiendo el control de la misma región que intentaban fortificar sino que estaban completamente fuera de contacto con los indígenas desde el norte de Fronteras hasta Janos. Hablaban vagamente de apaches pero aún consideraban a los janos, jocomes y sumas como sus principales enemigos. Al mismo tiempo el comandante de Janos estaba convencido, probablemente debido a la ejecución de Canito de Mututicachi, que la Pimería Alta y los sobaipuris del río San Pedro estaban involucrados y crecieron los rumores de una rebelión formada por una confederación de tribus.
La frontera continuó en zozobra y los españoles estaban imposibilitados para detener los saqueos. El corredor principal de estos saqueos era precisamente el área entre los presidios de Janos y Fronteras. En 1692 se iniciaron negociaciones de paz pero los líderes de janos y jocomes desconfiaron de los españoles y huyeron al norte. En 1693 se envió una compañía que fue acuartelada en Fronteras bajo el mando del general Gironza, exgobernador de Nuevo México en El Paso. Consistía de soldados españoles montados y listos para salir en persecución de cualquier banda de saqueadores reportada en cualquier parte del norte de Sonora. En 1694 la compañía condujo cuatro campañas contra los indígenas sin resultados importantes. Mientras estaba en el campo varios caballos fueron robados de las misiones y el pueblo ópata en Cuchuta resultó saqueado. Un grupo de soldados bajo el mando del teniente Solís salieron a territorio de San Pedro Sobaipuri bajo la impresión de que los sobaipuri habían robado los caballos. Aquí mataron a tres sobaipuris por la mera suposición de que habían sido ellos los saqueadores. Entonces Coro, el líder sobaipuri, demostró que los hombres eran inocentes y que la carne que los soldados pensaron que era de caballo en realidad era de venado y el teniente admitió que estaba equivocado. Sin embargo la idea de que los sobaipuri estaban involucrados persistió entre los españoles. A pesar de esta provocación los sobaipuris permanecieron amigables con los españoles. La acción de Solís era sintomática de la falta de comprensión de los españoles acerca de la situación de las tribus de la región en ese tiempo.
En 1695 las fuerzas de ambos presidios se unieron en una campaña que resultó, según sus propios reportes, en la muerte de sesenta indígenas. Pero mientras tanto, Tonivabi era saqueado y otros lugares del bien establecido corredor estaban atemorizados. Ahora les parecía claro a los españoles que las bases de operaciones de los grupos de saqueadores estaban al norte y que los atacantes operaban en medio de los dos presidios en los valles de los ríos Bavispe y Moctezuma pero por el momento no se hicieron esfuerzos adicionales para establecer nuevos presidios.
En 1696 la situación se complicó temporalmente por una rebelión de conchos que atacaron Nacori, no lejos del territorio tarahumara y a tan solo ciento sesenta kilómetros de Janos. El teniente Solís salió de Fronteras contra los conchos, capturó a tres líderes y los ejecutó. No se reportaron mas hostilidades de los conchos, pero los saqueadores atacaron Tonivabi de nuevo. El general Gironza persiguió al grupo atacante con su compañía y finalmente localizó su centro de partida al sur del río Gila. Los siguió hasta el mismo río pero no fue posible entablar combate.
En 1697 las villas ópatas al este del Bavispe fueron escenario de inquietudes. Quilme, el líder ópata, estaba insatisfecho con los esfuerzos españoles por controlar los saqueos. Estaba convencido de que la amistad de los ópatas del norte y los españoles no les daba nada -ni protección de los jocomes ni de cualquier otro grupo- y que estaban perdiendo tierras de cultivo frente a los españoles que se mudaban a vivir a los presidios, abrían minas o se establecían cerca de las misiones. Se dijo que estaba organizando una rebelión, pero su plan de operación nunca fue puesto en práctica. El supuesto plan fue descubierto y los involucrados fueron ejecutados. El mismo Quilme fue ejecutado en Janos. Baserac y las otras comunidades ópatas conservaron una actitud pacífica hacia los españoles pero continuaron sufriendo ataques de los indígenas del norte.
En 1698 los sumas decidieron que habían tenido suficiente guerra. Se habían establecido en las montañas Florida al noroeste de Janos y se encontraban prisioneros de sus aliados. Enviaron mensajes señalando que querían hacer la paz pero "indios a caballo" evitaron que hicieran contacto con los españoles. Era una petición de ayuda. A partir de este punto no se volvió a escuchar de los sumas. Podemos especular que sus hombres murieron a manos de sus aliados por intentar desertar y los sobrevivientes fueron absorbidos. Pudieron haberse mudado al este para unirse a los jumanos e incorporarse a las misiones de El Paso donde al igual que los jumanos fueron absorbidos por la población indígena y española de la región.
La ausencia de los sumas en la alianza indígena no trajo consigo una disminución de saqueos. El mismo año en que los sumas intentaron hacer la paz, los jocomes, janos y otros -a quienes ahora se les refería como apaches- extendieron sus operaciones al oeste. Dando un giro a sus ataques al territorio ópata, ahora conducían sus ataques a la Pimería Alta a doscientos cuarenta kilómetros de Janos y a más de cien kilómetros de Fronteras. Atacaron y quemaron la recién fundada misión de Cocóspera y mataron algunos pimas. Los jocomes, a quienes se les había dado tierra cultivable de los sobaipuris, se unieron a los apaches y arrasaron Guaybanipitea. Sin embargo aquí sucedió algo interesante, se arregló una batalla de campeones: diez por bando. Los diez jocomes-apache fueron murieron derrotados. Esta fue la victoria más famosa contra los apaches y se le dio el crédito a Coro, el líder sobaipuri. Pero esta victoria no tuvo efecto sobre las tribus atacantes. Los saqueos continuaron, especialmente en la Pimería Alta. En 1701 los ataques llegaron hasta Saracachi, a ochenta kilómetros de Cocóspera. En este mismo año y solo para demostrar que la frontera se había extendido al este como nunca antes, el pueblo de Janos fue saqueado. Las misiones de Cocóspera y Remedios siguieron siendo atacadas en los años siguientes.
Para 1710 era evidente que la fuerza que se había desbocado en esta parte de la frontera norte era imposible tenerla bajo control. La línea de haciendas y ranchos españoles había sido detenida y se había establecido la frontera a la altura de los presidios de Janos y Fronteras, justo al sur de la frontera actual de los Estados Unidos con México. Los pocos ranchos españoles y establecimientos mineros que habían existido al norte de esta línea fueron abandonados. Otros ranchos y minerales al sur de esta línea, como Nacozari, también tuvieron que ser abandonados.
Una franja de territorio de cerca de cuatrocientos kilómetros de ancho, entre Casas Grandes y Zuni, separaba ahora a los estados de Sonora, Chihuahua y Nuevo México, dentro de ella no había poblados españoles ni señales de dominación, mucho menos de control. La cultura apache se desarrolló por los siguientes cien años. En aquel tiempo sus límites al oeste no eran conocidos por los españoles. En los siguientes años sus límites llegaron hasta el río Pecos donde su avance fue detenido por los comanches.
Esta separación de las provincias fronterizas por un formidable poder militar no fue acompañada de una vigorosa acción militar por parte de los españoles. Aunque la fuente de sus ataques y mucho de sus métodos eran entonces bien conocidos, no se tomaron medidas durante la primera mitad del siglo XVIII. Existía conocimiento de la amenaza, como lo indica el reporte del visitador Almazán en 1724. Hubo un lento pero firme despoblamiento de todo el corredor noreste de Sonora, pero ni el poder militar ni la actividad misionera fueron aumentados para contener la amenaza. Los asuntos españoles continuaron igual que durante los primeros quince años de ataques.
Un factor en la falta de acción española fue la corrupción entre las autoridades civiles. Los sucesores de Jironza, que comandaron la compañía, estaban más interesados en lograr avances en sus intereses personales que en cualquier otra cosa. Tunon y Quiroz, quien fuera el comandante de 1712 a 1720, se pasó la mayor parte del tiempo en sus ranchos y minerales utilizando a los soldados del presidio de Fronteras como sus trabajadores. Llevó a cabo algunas campañas con resultados mínimos: un par de indígenas muertos.
Otro factor fue la falta de conocimiento de la situación. El virrey redactó
una orden anunciando que a partir de 1724 se deberían de efectuar solamente
actividades bélicas de defensa. Esto indicaba que no se podían
efectuar campañas dentro de territorio apache. La compañía
debería actuar sólo en los territorios donde se llevaran a cabo
los ataques indígenas. Esto fue algo que funcionó a la perfección
para los apaches y su táctica de pega y corre.
Como resultado los apaches abrieron un nuevo corredor hasta la parte baja del río Sonora mientras que continuaban sus ataques al oeste y a lo largo del antiguo corredor entre los ríos Bavispe y Moctezuma. El nuevo corredor era una brecha a ricas comunidades. Entre 1730 y 1751 los ataques se extendieron hasta los ranchos y minerales del río Moctezuma al sur de Cumpas y hasta el vecindario de Sahuaripa en la parte alta del río Yaqui. Al oeste, Cocóspera fue incendiada de nuevo y los minerales de Nacozari fueron inhabitables. Un nuevo presidio fue establecido en Terrenate, a ciento diez kilómetros al noroeste de Fronteras y sin mucho éxito se organizaron campañas en unión con Janos y Fronteras. Quinientos pimas y ópatas se unieron a las fuerzas españolas y entraron a las montañas chiricahua matando unos cuantos apaches sin establecer control. Los ataques continuaron y los españoles seguían perdiendo centenas de ganado vacuno y caballar. Los ópatas y los españoles seguían perdiendo terreno y se mudaron un poco al sur y al oeste.
En la década de 1750 los ataques continuaron con renovados bríos y San Juan Bautista, la capital de Sonora, fue abandonado en 1751. El año siguiente se instaló otro presidio en Tubac para proteger los poblados del río Santa Cruz. En 1754 se decía que los apaches y los seris habían unido fuerzas en ataques devastadores contra los poblados a lo largo del río Sonora cerca de Ures en el corazón del hasta entonces próspero valle del río Sonora. En 1751 los pimas de Saric se rebelaron y se estableció un presidio más, esta vez en Altar. Aun así, Fronteras fue atacado ese mismo año.
Los intentos de los españoles de localizar a los atacantes fue un fracaso. Entre 1756 y 1758 se efectuaron cuatro expediciones al río Gila. El resultado fue la muerte ocasional de unos cuantos apaches. Los soldados españoles y ópatas se sentían frustrados con los resultados. Eran incompetentes para controlar la guerra a la que los apaches se habían adaptado. En los primeros años de la década de 1760 los sobaipuris de San Pedro fueron obligados a retirarse el oeste dejando todo el río San Pedro en manos de los apaches.
De 1765 a 1785 la situación empeoró. Era obvio que los apaches habían perfeccionado un estilo de vida que no exigía crecimiento territorial ni la necesidad de derrotar a los españoles. Los apaches se dedicaban a proporcionar alimentos a sus campamentos en Arizona y Nuevo México atacando los poblados de españoles, ópatas y pimas. Habían desarrollado el gusto de la ganadería como alimento, así como granos y otros productos de la gente sedentaria. En realidad era a su favor que la gente se quedara a vivir en los ranchos de Sonora. Para 1785 este estilo de vida estaba bien establecido. Aunque se habían unido a los seris en la década de 1750 y a los seris y piatos en Magdalena en 1776, no estaban unidos a otros grupos ni tenían una organización tribal. Operaban siempre como bandas separadas, robando caballos y otras fuentes de sustento cuando y donde se presentara una buena oportunidad.
En 1786, frente a la continua despoblación del noreste de Sonora, los españoles tuvieron que admitir el fracaso de cien años de intentos de poner a los apaches bajo control. Todo había fallado y no pudieron retener ni siquiera su propio territorio. La capital de Sonora había sido cambiada a Arizpe. Las provincias del noroeste de Nueva España habían sido reorganizadas como Provincias Internas. Cuando Gálvez asumió el control de su gobierno y anunció su programa indígena con referencias especiales a los apaches admitió que "hemos perdido una gran parte de nuestros asentamientos". Admitió además que por lo menos por ahora la conversión al cristianismo era imposible. Consideró un programa de exterminación como lo único que podría funcionar pero que no contaban con recursos necesarios para campañas militares.
El nuevo programa debía de lograr tratados de paz con cada banda por separado. Al firmar estos tratados los españoles estaban forzados a cumplirlos estrictamente pero no era posible esperar que los apaches los consideraran de buena fe. En realidad se deberían hacer esfuerzos extras para ayudarles a cumplirlos; establecerse cerca de los presidios donde se les pudiera dar raciones de alimentos, de esta forma no se tomarían la molestia de llevar a cabo sus ataques mientras estuvieran bien alimentados; animarles al consumo de licor y proporcionarles tanto como fuera posible hasta causarles adicción; entregarles armas de fuego inferiores en calidad a las de los soldados pero adecuadas para la cacería; y fomentar el comercio entre ellos y los españoles para que se desarrollaran sus deseos por los artículos europeos, de esta forma serían cada vez más dependientes y gradualmente renunciarían a su hostilidad. Pero cuando hubiera conflictos sería conveniente incitarlos a pelear entre ellos. Al mismo tiempo los españoles se establecerían en la región alcanzando finalmente la paz. Este era un programa cínico enfocado a la desorganización de los apaches y valdría la pena llevarlo a cabo aunque alcanzara el costo de treinta mil dólares al año.
Por casi veinticinco años el nuevo programa dio frutos parecidos a los predichos por Gálvez. Las bandas hicieron la paz y se establecieron cerca de los asentamientos españoles, o por lo menos convirtieron estos asentamientos en bases para sus operaciones. Los ataques continuaron pero eran ocasionales. Los minerales y ranchos españoles comenzaron a florecer en la región despoblada de Sonora y el sur de Arizona. Los apaches mimbreño y chiricahua bajaron a Arizpe para firmar tratados de paz a cambio de raciones de alimento y otros beneficios que las acompañaban. Para 1800 los ataques habían cesado casi por completo y se desarrolló una relación simbiótica entre españoles y apaches con una considerable desorganización entre los apaches del sur. A un grupo de apaches que habitaban la región entre San Pedro y Santa Cruz se les conoció como los apaches mansos. Estos vivían cerca de Tucson y Tubac y se convirtieron en los más dependientes de los asentamientos españoles y eran considerados enemigos por los apaches del norte. Grupos similares se desarrollaron entre Fronteras y Janos. No existe registro acerca de cuántos llegaron a vivir de esta manera pero está claro que la mayoría de los apaches habían cesado sus ataques en las comunidades de Sonora y se había logrado un buen grado de paz. La pacificación por medio de la dependencia tal vez hubiera sido exitosa si no hubiera ocurrido un drástico cambio de la situación provocado por la Guerra de Independencia.
Después de 1811 el programa comenzó a romperse. La falta de gobierno en México se reflejó en nuevas erupciones apaches al norte de la frontera norte. El nuevo gobierno mexicano no tenía los medios para continuar el programa de raciones y los apaches que lo habían aceptado se fueron. Los mismos presidios dejaron de funcionar como establecimientos militares y se perdió el control. Entre 1820 y 1835, cinco mil mexicanos murieron a manos de indígenas y cuatro mil fueron forzados a retroceder de la frontera norte. El norte de Sonora regresó al estado en que se encontraba antes de 1786. Los ataques iniciaron de nuevo con alguna intensidad en l83l. Para l833 el antiguo patrón estaba completamente restablecido. Los ataques se extendieron tan lejos como Ures y Hermosillo en el centro de Sonora. Ahora los apaches estaban equipados con buenas armas de fuego y de nuevo comenzaron a hacer uso de las antiguas rutas de ataque en el noreste de Sonora.
Los sonorenses decidieron llevar a cabo una guerra de exterminación y no aceptaron los nuevos propósitos de hacer tratados de paz. Un ejército de voluntarios se organizó y comenzó con éxito. Se ofrecían recompensas de cien dólares por cabellera apache. La campaña mexicana continuó hasta 1836, aunque se hizo imposible pagar por todas las cabelleras que fueron obtenidas. Un traicionero ataque a los apaches de las minas de Santa Rita provocó la indignación de un líder de los mimbreños; Mangas Coloradas, quien siempre había sido amigable con los mexicanos.
Ures fue atacado en 1847 y en el siguiente año Tubac tuvo que ser abandonado. Fronteras se encontraba en manos de los apaches y los mexicanos proponían desesperadamente la instalación de colonias militares para reemplazar los viejos presidios. Este plan nunca se realizó aunque los mexicanos obtuvieron control de Fronteras en 1850. Durante la década de 1850 los ataques apaches se extendieron como nunca. No solo el norte de Sonora era saqueado continuamente, ahora los ataques se extendían hasta Tucson y por el oeste hasta el río Santa Cruz dentro de territorio pápago. Esta era la situación cuando los angloamericanos tomaron el control del sur de Arizona en 1853.
Sería muy ilustrativo comparar brevemente la naturaleza de los contactos españoles con los apaches y con los navajos. En primer lugar se deberá señalar que los navajos eran similares a los apaches antes de la llegada de los españoles, con un mismo lenguaje y un similar estilo de vida. Desde el principio los navajos fueron influenciados por los españoles, específicamente la absorción de Jémez después de la rebelión pueblo de 1680. Los pueblo, a quienes asimilaron lingüística y culturalmente, los influenciaron en cambio en materia de agricultura, tejidos y otras labores. Tal vez hubo también una influencia paralela con los apaches. Estos últimos habían mostrado disponibilidad y capacidad de absorción de otros grupos. Sin embargo, estos grupos eran culturalmente muy diferentes a los pueblo. Eran agricultores marginales y no tenían nada importante con que contribuir a la cultura apache y su absorción fue importante en su futuro desarrollo.
Como los navajos, los apaches permanecieron al margen del sistema misional y administrativo de los españoles. Su suelo nunca fue escenario de asentamientos españoles y los asentamientos al margen de sus territorios fueron atacados y empujados al interior. Nunca hubo aceptación de dominación política española aunque hubo dos formas de contacto. La más importante fue a través de ataques mutuos y fue a través de estos que los apaches obtuvieron conocimientos de la cultura española y pertrechos de guerra, ganado para el consumo de carne y el uso del caballo. Pero el contacto se hizo más íntimo por medio de la toma de esclavos por ambas partes. No existen cifras del número de españoles cautivos de los apaches, ni viceversa, pero esta era práctica común hasta la parte norte de Nuevo México. Mujeres y niños eran tomados por apaches y españoles y utilizados como sirvientes. Esta forma de contacto se aplicó en el caso de apaches y navajos.
Sin embargo había también contactos pacíficos en ambos casos. Durante la década de 1700, los navajos vivieron en paz con los españoles por una generación. Se sabe que los navajos de Mount Taylor intentaron la vida misional por dos años antes de considerarla indeseable. Contactos de este tipo les dieron un conocimiento más amplio y sobretodo una base más balanceada de la cultura española. Similarmente, los apaches habían tenido contactos pacíficos. Sin embargo estos estuvieron confinados casi por completo al "periodo de tratados" a casi cien años de los primeros ataques. Los contactos pacíficos para los apaches llegaron muy tarde. Aun más, los contactos apaches durante el período de tratados fueron de un tipo muy especial, en primer lugar se dieron exclusivamente con soldados y españoles que vivían alrededor de los presidios y no con los misioneros. Estos contactos fueron perversos y desmoralizantes a través de la política de dependencia española. Ningún ciudadano o autoridad española se involucró en la promoción de actividades constructivas entre los apaches, ni siquiera se utilizó la disciplina de labores forzadas. Así, los apaches que se reunieron alrededor de los presidios, no solo fueron corrompidos por los españoles sino también fueron objeto de odio. No hubo nada similar en la experiencia de los navajos durante el periodo español.
Por su parte los navajos llevaron a cabo una selección de elementos de las culturas pueblo y española que enriquecieron y desarrollaron su propia cultura. Los apaches también hicieron su selección, pero lo que a ellos les interesaba era diferente. Aunque nunca practicaron la crianza, escogieron caballos en vez de ovejas. Su hábitat los influenció indudablemente, pero lo más importante era la fuente de recursos que se encontraba en las llanuras. Los navajos no escogieron esto, aunque la guerra de guerrillas jugó un papel importante en la parte final del período colonial. Por más de un período de cincuenta años, los apaches hicieron de la guerra una parte integral de sus vidas. Esta elección de guerra estimulada por el contacto español fue lo que constituyó el cambio en la vida apache.
Los apaches continuaron aislados mientras que los navajos estaban rodeados de grupos sedentarios. Es cierto que los navajos comenzaron sus ataques a los asentamientos pueblo desde antes de 1800, pero esto fue después de un prolongado período de contactos cercanos y un alto intercambio cultural antes y después de la llegada de los españoles. Por otro lado, los apaches desde el principio atacaron a los indígenas sedentarios del sur al igual que a los españoles. De esa forma se aislaron de todos los indígenas vecinos por medio de altos muros de hostilidad. Es cierto que mantuvieron relaciones de trueque con los pueblo, pero estos fueron contactos ocasionales y de poca influencia y no estaban en términos de intercambios amigables con sus más cercanos vecinos. De esta manera fueron menos influenciados por los grupos sedentarios que los navajos.
Probablemente había un número igual de indígenas de habla atabascana al sur y oeste de los zuni como los había al norte al momento que los angloamericanos tomaron el control político del Territorio de Nuevo México -el cual incluía Arizona. Los atabascanos al norte de los zuni que se llamaban navajos, tal vez eran más de ocho mil en 1840. Al sur de ellos entre los ríos Bravo y Verde y desde las Montañas Blancas hasta el río Gila, había cerca de siete mil atabascanos. Estos se encontraban más dispersos que los navajos y tenían aún menos unidad tribal. En costumbres y lenguaje se parecían más a los navajos que a otros grupos atabascanos que merodeaban el este y norte de Nuevo México. Ellos también fueron llamados apaches por los españoles y los mexicanos, un término que también fue aplicado a los indígenas atabascanos del norte y este de Nuevo México. Sin embargo carecían de las influencias culturales que caracterizaban a otros grupos de apaches y de las influencias de los pueblo que caracterizaba a los navajos. Igual que los navajos, estos apaches eran agricultores pero sin la misma regularidad e intensidad y durante los últimos doscientos años dependían de los suplementos obtenidos de sus ataques y saqueos en Sonora y Chihuahua.
Al intensificarse las hostilidades en la década de 1700, los españoles comenzaron a distinguir a varios subgrupos. En el este había bandas que variaban desde el norte del río Gila hasta el sur del río Mimbres; los españoles conocieron bastante bien a estos grupos después de la apertura del primer distrito minero en Nuevo México; Santa Rita del Cobre. Los apaches de esta región fueron llamados mimbreños y este se convirtió en un término colectivo para las bandas que reconocían a Juan José como su líder. Al sudoeste de los mimbreños, desde la frontera de Arizona con Nuevo México y hasta el valle del río San Pedro, había grupos que comandaban el corredor de saqueos apaches en Sonora, y a quienes se les llamó chiricahua. Al norte de los chiricahua, desde la parte media del río Gila y su tributario el río San Carlos, había un número de grupos diferentes a quienes se les llamó pinaleños. Al norte de los pinaleños desde el río Negro hasta el río Salado en la orilla del Mogollón, habitaba el que tal vez era el más numeroso de los grupos, se les distinguió como los coyoteros. Desde la cuenca Tonto hasta la orilla Mogollón vivió un quinto grupo que se conoció como los tontos. Estos últimos tres grupos eran los menos conocidos por los españoles y eran los que hacían un mayor uso de la agricultura y constituían la mayor parte de los apaches y se mantuvieron aislados durante la primera parte de la invasión angloamericana. Cada uno de los grupos estaba bien establecido en las regiones mencionadas desde antes de 1800 y se conservaron ahí hasta después que los angloamericanos comenzaron a interferir en sus territorios en la década de 1860.
Los contactos de los apaches los angloamericanos se iniciaron desde mucho antes de la llegada del General Kearny a Santa. En la década de 1820 los cazadores y tramperos habían comenzado a llegar a Santa Fe provenientes del noreste y habían establecido algo así como su cuartel en Laos, en la parte alta del río Bravo. Cerca de cien tramperos obtuvieron licencia de las autoridades de Santa Fe para poner trampas a lo largo del río Gila. En la búsqueda de sus presas tuvieron contacto con apaches y veinte hombres de un grupo fueron asesinados en el margen occidental de territorio apache. Al mismo tiempo, los angloamericanos rentaron las minas de Santa Rita del Cobre y llevaron a cabo tratados de paz con Juan José, el líder de los mimbreños. Los ataques apaches habían iniciado en Chihuahua y Sonora por el fracaso de los mexicanos de continuar con el programa de racionamiento. En un esfuerzo por controlar los ataques, los estados de Chihuahua y Sonora ofrecían recompensas por cabelleras apaches. Algunos angloamericanos entraron en estos tratos con mexicanos. El resultado inmediato fue una nueva y feroz guerra apache. Un americano se hizo famoso, Johnson disparó un obús a un grupo de pacíficos apaches cerca de janos, matando a muchos incluyendo a Juan José. Esta acción convirtió a Mangas Coloradas en enemigo del hombre blanco. Bajo su mando los mimbreños obligaron el abandono de las minas de Santa Rita del Cobre y mataron a los mexicanos del sudoeste de Nuevo México. Para 1837, los castores habían desaparecido del río Gila, el comercio de pieles estaba en declive y se terminaron los contactos entre angloamericanos y apaches.
Después de que el gobierno de los Estados Unidos tomara posesión de Nuevo México, planeó una nueva relación con los indígenas de la región. El procedimiento fue el de hacer tratados con los indígenas como naciones independientes, o como lo dijo el Jefe de la Suprema Corte de Justicia, John Marshall: "naciones domésticas dependientes." En 1847 cuando un agente indígena fue asignado para Nuevo México, el congreso nacional destinó cinco mil dólares para la recopilación de información como base para los tratados. Al mismo tiempo que una comisión fue asignada para localizar la frontera entre México y Estados Unidos en 1850, se asignaron treinta mil dólares para hacer tratados con los indígenas a lo largo de la frontera. Mientras tanto cuando el general Kearny y el coronel Kit Carson recorrieron el "Gila Trial", atravesaron territorio de apaches mimbreño, chiricahua y pinaleño. Encontraron a todos los grupos inquietos, aparentemente intentando descifrar la naturaleza de los angloamericanos, pero al recibir promesas de amistad se encontraron listos para el trueque y sin inclinación para pelear. Era obvio que Mangas Coloradas y otros apaches estaban haciendo una distinción entre los mexicanos y los angloamericanos. Kearny y Carson les informaron que los angloamericanos habían conquistado Nuevo México y a partir de entonces los indígenas se inclinaron a verlos como aliados contra los mexicanos, contra quienes se consideraban en un permanente estado de guerra. Después de una conversación con los encargados de los tratados de la Comisión de Fronteras, los apaches se enfrentaron a una póliza que no podían aceptar.
Los angloamericanos insistieron en que como resultado del Tratado de Guadalupe Hidalgo, los apaches debían hacer tratados que les negarían el derecho de continuar sus saqueos en México. Los apaches consideraban que ambos, apaches y angloamericanos eran enemigos de los mexicanos, y que debían recibir ayuda para su guerra contra los mexicanos. La Comisión de Fronteras reportó que los apaches insistieron que sus saqueos en México estaban legitimados por su actitud pacífica hacia los angloamericanos. También les pareció que los angloamericanos habían adoptado una postura que estaba fuera de orden. Esta era que los angloamericanos, por haber derrotado a los mexicanos, se habían convertido en propietarios del territorio apache. Si los mexicanos nunca habían conquistado a los apaches, ¿Cómo era que al derrotar a los mexicanos, los angloamericanos reclamaban el territorio apache? No podían entender bajo que legitimidad reclamaban control de su territorio.
Al ir comprendiendo el punto de vista de los angloamericanos, los apaches comenzaron a desconfiar cada vez más de sus nuevos invasores. La situación con los mimbreños se hizo más sensible cuando se descubrió oro cerca de Santa Rita del Cobre en 1850 y unos gambusinos golpearon a Mangas Coloradas cuando intentó persuadirlos de abandonar el lugar hablándoles de la existencia de oro más al sur. Sin embargo continuó el proceso del tratado. En 1852, se aprobó un acuerdo de paz en Acoma con algunos apaches que tal vez eran coyoteros de White Mountain. En 1853 y 1854 se hizo un esfuerzo para establecer una reservación para los mimbreños cerca de Santa Rita del Cobre. Estos apaches frecuentemente llamados "apaches sureños" por los angloamericanos, fueron puestos bajo la jurisdicción del Dr. Steck, agente del Buró Indígena. Se construyó el puesto militar Fort Webster cerca de Santa Rita del Cobre y se persuadió a los mimbreños a reunirse ahí bajo la promesa de comida. La comida no llegó y los indígenas huyeron y llevaron a acabo saqueos en el sur, pero en 1854 acordaron reunirse una vez más y bajo la dirección del Dr. Steck decidieron dedicarse a sembrar y aceptaron la ayuda del gobierno. Continuaron bajo estas pacíficas condiciones por tres años más a pesar de la muerte de más de la mitad de ellos por epidemias en la reservación.
En 1857, los apaches de Fort Webster, saquearon el norte de Sonora, algunas personas fueron molestadas y el agente Dodge de los Navajos fue asesinado por apaches. Estos hechos obligaron al agente Steck a buscar más acuerdos de paz al mismo tiempo que el ejército envió un refuerzo de cuatrocientos soldados a castigar a los responsables de la muerte del agente Dodge. Steck conversó con Cochise, un líder chiricahua, quien aceptó que el correo pasara sin ser molestado a través de su territorio, este fue un pacto que fue respetado por los chiricahua hasta 1861. Steck también amplió sus conferencias de paz a los pinaleños y tres mil de ellos prometieron mantener la paz con los angloamericanos. Habló con dos mil quinientos coyoteros en Safford y también obtuvo promesas de paz. Estas conferencias indicaban un deseo de paz con los angloamericanos, pero no con los mexicanos. La agricultura de los mimbreños continuó sin incidentes bajo la supervisión de Steck y como suplemento de sus productos, las raciones gubernamentales que eran una condición para mantener la paz. Los apaches estaban listos para permitir que los angloamericanos pasaran a través de su territorio pero no estaban listos para renunciar a sus saqueos en México ni aceptar asentamientos irregulares de los recién llegados dentro de su territorio a menos que recibieran pago por el privilegio de usar su territorio en actividades de minería y ganadería.
Algunos rancheros comenzaron a hacerlo, pero la tendencia de arreglos pacíficos entre apaches y angloamericanos se rompió en 1861. En ese año un joven teniente de caballería intentó recuperar unos prisioneros mexicanos, para hacerlo tomó a Cochise y a otros líderes como rehenes en una conferencia de paz. Cuando Cochise escapó, el teniente ejecutó a los demás. En venganza, Cochise asesinó a un comerciante angloamericano y la guerra estalló. Se rompió el acuerdo que se había mantenido por cuatro años de no molestar al correo y comenzaron los ataques a los angloamericanos del sur de Arizona. En ese mismo año comenzó la Guerra Civil y tropas de los Confederados entraron en Arizona. El destacamento de caballería partió y los saqueos apaches continuaron hasta el punto que prácticamente todos los poblados de Arizona fueron abandonados. Se había dado un giro en las relaciones anglo-apaches. La acción del teniente Bascom junto con el conflicto interno entre los angloamericanos terminó con la tendencia a la paz.
La nueva era de las relaciones anglo-apaches se abrió con la recuperación de Nuevo México por fuerzas de la Unión y la declaración de guerra de exterminación contra los apaches por el general Carleton desde sus cuarteles generales en Santa Fe. Se le había ordenado conservar abiertas las comunicaciones entre el este y el oeste a cualquier costo. Sus oficiales fueron obligados a pelear en Apache Pass mientras atravesaban Arizona y se defendieron con dificultad contra una coalición de apaches bajo el mando de Cochise y Mangas Coloradas. La respuesta de Carleton fue el establecimiento de Fort Bowie dentro de territorio chiricahua y el aumento de fuerzas en Fort Webster. Estaba determinado en conservar a mimbreños y chiricahuas bajo control para mantener el flujo del correo. Pocos meses después de reforzar Fort Webster, las tropas mataron a Mangas Coloradas -en 1862- y en dos años los mimbreños fueron reducidos a un estado máximo de debilidad gracias a epidemias y a la caballería. Aún así, los chiricahuas continuaron sus saqueos en México y a hostigar angloamericanos donde los encontraban en el sur de Arizona y Nuevo México.
En 1863 se descubrió oro en Prescott y la frontera de guerra apache se extendió al centro de Arizona. Se estableció Fort Whipple en Prescott y aunque el programa indígena del gobierno pedía acuerdos de paz en vez de exterminación, ni los militares ni los civiles creían en tal programa. A pesar de un acuerdo de paz con una banda de trescientos tontos cerca del Fort Whipple, los soldados mataron a veinte indígenas y las hostilidades entre tontos y gambusinos se intensificaron con muertes esporádicas en ambos lados. Más al sur, cerca de Bloody Tanks, unos civiles arreglaron una conversación de paz en la que dieron comida envenenada a un grupo de tontos y mataron a veinticuatro. Los ataques continuaron entre civiles e indígenas, tipificados por masacres sangrientas lideradas por el mismo angloamericano que había planeado el envenenamiento en el "Tratado Pinole". Este hombre había sido comisionado como coronel cuando se creó el territorio de Arizona en 1863, la legislatura apoyó este tipo de actividades lanzando un llamado a favor de la guerra de exterminación. En 1865 las tropas de Fort Whipple mataron a otro de los tonto y otro más fue asesinado por un angloamericano. Las venganzas se multiplicaron hasta el punto que parecía que el centro de Arizona tenía que ser abandonado por los angloamericanos. Coaliciones de apaches tontos y yavapais, quienes también habían sido víctimas de brutales prácticas de feudalismo, cortaron todo tipo de comunicaciones entre los ríos Colorado y Verde.
Al mismo tiempo que la pelea se intensificaba en el sur de Arizona, se construyó Fort Goodwin en territorio pinaleño y los soldados llevaban sus campañas por la región matando a cuanto apache se cruzara en su camino. Las tropas de Fort Bowie también llevaban a cabo campañas aquí y en territorio chiricahua. Fort Buchanan, al sur de Tucson, fue capturado por los chiricahuas en 1865. Las conferencias eran imposibles dado que los pactos eran violados por un bando o por el otro. Se hizo un esfuerzo por hacer una reservación en Fort Goodwin, con ofertas de comida y protección para quien se estableciera dentro del fuerte, esfuerzo que fue ignorado por los indígenas. Al intensificarse la pelea en 1865 en el margen sudeste de territorio apache y amenazando a los pimas del río Gila, otros fuertes fueron construidos; Fort McDowell, Fort Goodwin, Fort Bowie y Fort Webster, y otros puestos militares como Camp Grant. Todos diseñados para constituir un anillo de protección para la creciente población de Arizona, para mantener a los apaches en su territorio y para evitar sus ataques en México, a los fuertes les faltó mucho para alcanzar el éxito. Los fuertes no podían evitar que las pequeñas bandas de apaches entraran a territorio mexicano y no eran efectivos en proporcionar protección para la población civil que amenazaba con establecerse dentro de territorio apache.
De 1865 a 1871 los diferentes miembros de los departamentos de Guerra, del Interior y la Legislatura Territorial estaban en desacuerdo en los métodos a seguir para traer la paz con los apaches. La Legislatura Territorial apoyaba a la población civil de Arizona que se había precipitado en una guerra de rencor en el centro de Arizona, querían la exterminación o la rendición incondicional de todos los indígenas, pero el Territorio no tenía los medio para llevar a cabo una guerra de exterminación y el total de hombres armados llegaba apenas a mil quinientos. Dependía del gobierno federal y este estaba dividido dentro de sí mismo. El ejército era el único que había mantenido un programa de hechos violentos y que dejaba en paz a los indígenas pacíficos. Los diferentes generales parecían dudar entre campañas de caballería y la idea de intentar restablecer a los indígenas fuera de las regiones a las que estaban acostumbrados. El Departamento del Interior carecía de un programa claro, pero a través de Poston y después a través de Leihy, sus agentes indígenas en Arizona, mostraron una fuerte inclinación hacia un programa de negociaciones de paz. La idea parecía ser la reubicación de indígenas a lugares donde pudieran sembrar o aprender a sembrar al lado de indígenas pacíficos. Ochocientos yavapais convencidos de mudarse fuera de la región de batalla en el centro de Arizona al río Colorado; a los pocos mimbreños restantes se les animó a cambiarse de Santa Rita del Cobre a Bosque Redondo en el este de Nuevo México. Ninguno de los planes funcionó, pero ambos indicaban la tendencia del programa del Buró Indígena.
En 1869 la seriedad de los problemas indígenas se hizo del conocimiento nacional. El presidente Grant asignó a un grupo de comisionados para trabajar en un programa humano y práctico para guiar al Buró Indígena en su trabajo. Mientras la comisión consideraba el programa, el general Sherman declaró en tono de sarcasmo que el punto de vista del Departamento de Guerra acerca del problema apache era que lo mejor que se podía hacer sería sacar a los civiles y militares y regresarles el territorio. Tal vez lo que llevó a la consolidación de algo que podía llamarse programa indígena fue la masacre de Camp Grant en 1871.
Esta masacre tipificó las relaciones anglo-apaches de principios de la década de 1870. Varias bandas apaches se habían convencido, a través de líderes visionarios como Eskiminzin de la banda arivaipa de los pinaleños, que un intento pacífico de vida sedentaria bajo la protección de los soldados era el único camino a la sobrevivencia. Otras bandas que habían sufrido asesinatos a manos de angloamericanos estaban decididas a pelear contra los blancos en su territorio hasta su triste fin. Había comandantes de puestos militares que no entendían el concepto de un programa a largo plazo y seguían matando apaches donde los encontraran. Había otros que veían la situación desde otra perspectiva e intentaron buenas relaciones de trabajo entre los indígenas, ellos y otros blancos. En todo el territorio apache había diferentes situaciones de contacto. Los coyoteros se habían mantenido prácticamente aislados del avance angloamericano, los minerales en su territorio no había sido descubiertos. La mayor parte del tiempo lo pasaban sembrando y cazando y no tomaron parte de la guerra que había asolado el centro y sur de Arizona, donde los feudos y las masacres habían determinado el curso de las relaciones anglo-apaches. Los pinaleños habían sido arrastrados por los chiricahuas, después por los tontos, y tenían interés de saquear Sonora aunque la mayoría de ellos se inclinaba hacia las conversaciones con los blancos. Habían estado menos activos que los tontos y los chiricahuas y no habían sufrido la desorganización y las enfermedades que habían debilitado a los mimbreños en su más cercano contacto con la civilización.
Un grupo de pinaleños, los arivaipas del río San Pedro, bajo el liderazgo de Eskiminzin y por la invitación del comandante de Camp Grant, habían decidido establecerse pacíficamente y dedicarse a la agricultura. Unos pinaleños y chiricahuas habían estado saqueando el sur de Arizona -a los poblados pimas del río Santa Cruz y en la región de Tucson. La gente de Tucson estaba molesta; llena del odio racial de la época y de falta de respeto al ejército, un grupo de tucsonianos junto con un grupo de pápagos se dirigieron a Camp Grant bajo la creencia de que los indígenas que vivían ahí eran los responsables de los saqueos en el valle del río Santa Cruz. Atacaron temprano en la mañana y mataron por lo menos a siete hombres, setenta y siete mujeres y niños, y tomaron prisioneros a veintinueve niños y los vendieron como esclavos. Los guerreros de Camp Grant, incluyendo a Eskiminzin, se encontraban fuera del campamento al momento del ataque. Esta masacre fue más intensa que cualquiera de las cometidas por los angloamericanos y fue conocida en todo Estados Unidos. El hecho de que había sido cometida contra mujeres y niños molestó a los angloamericanos del este y le dio empuje al programa en el que el buró de comisionados indígenas había estado trabajando. Conocido como el "Programa de Paz de Grant," fue diseñado para reemplazar los errores y frustraciones de los departamentos de Guerra y del Interior en lo referente a asuntos indígenas.
El ejecutor del programa de paz era Vincent Coyler, secretario del Buró de Comisionados Indígenas. El Congreso le entregó setenta mil dólares para "reunir a los apaches de Arizona y Nuevo México dentro de reservaciones... y promover la paz y la civilización entre ellos". El programa sería aplicado a través del oeste confinando a los indígenas a porciones de la tierra que anteriormente utilizaban, proporcionando protección militar contra los invasores blancos y comida, mientras los animaban a ser autosuficientes por medio de la agricultura y la ganadería. Era un programa que ya había estado en efecto con navajos y apaches mezcaleros del este. Colyer trabajó por un período de varios meses hablando con varios grupos de apaches y asignando áreas como reservaciones. El plan de Colyer exigía la creación de reservaciones donde fuera posible, en áreas "remotas de los establecimientos blancos" donde la guerra de venganzas pudiera ser evitada con mayor facilidad. Después de conferencias con militares y apaches y poca discusión con los civiles, Coyler asignó cuatro áreas como reservaciones apaches -una cerca de Camp Apache donde serían reunidos los coyoteros; el valle Tularosa en el sudoeste de Nuevo México a donde sería enviado el resto de los mimbreños; un lugar cerca de Camp Grant donde vivirían los arivaipas de Eskiminzin y otros pinaleños; y Camp Verde sería para los tontos y yavapais. Además fue asignada una reservación temporal en Date Creek.
Mientras tanto el Departamento de Guerra, escéptico de resultados permanentes del Programa de Paz, procedió con sus planes de control apache. El general George W. Crook, que había estado involucrado en la confinación de indígenas a las reservaciones de las planicies, fue asignado para continuar con el mismo programa entre los apaches justo antes que Coyler hiciera su visita a Arizona. Después de un ataque a una diligencia cerca de Wickenburg en la que murieron unos angloamericanos a manos de indígenas de la reservación en Date Creek, el general Creek ordenó que todos los apaches deberían ser enviados a sus reservaciones para febrero de 1872 y que después de esa fecha, se cazaría a todos los que fueran encontrados fuera de las reservaciones. Al mismo tiempo sustituyó un control de indígenas con una llamada de control diaria, como medida para mantenerlos confinados en las reservaciones. Muchos indígenas acudieron a las reservaciones pero otros permanecieron afuera. Hubo problemas en Camp Grant y por varias razones fue abandonado; en su lugar se asignó una reservación adjunta a Camp Apache con cuarteles generales en San Carlos. Los indígenas estaban en un estado de inquietud e incertidumbre en todas las reservaciones. Temerosos de las enfermedades de los blancos, en espera de una masacre, molestos por la llamada diaria de control militar y frecuentemente con insuficiente comida por la ineficacia o la corrupción en la administración de racionamiento, aunque en lo general ansiosos de paz, estaban lejos de estar contentos con la situación. Solo a la reservación en Fort Apache se le podía considerar moderadamente estable.
Hacia finales de 1872, mientras los indígenas huían de las reservaciones y atacaban los poblados de los blancos el general Crook inició su campaña de reunir a todos los que encontraban fuera de las reservaciones. Utilizando apaches como guías, especialmente coyoteros de Fort Apache, Crook organizó nueve columnas de tropas para coincidir en la Cuenca Tonto, reuniendo y matando si era necesario a todos los apaches que encontrara. En tres mese la campaña había finalizado. Trescientos guerreros apaches habían muerto; varios centenares de familias habían sido reunidas y enviadas a una u otra reservación. Luego Crook instituyó un control militar sobre todos los indígenas e instruyó a los comandantes de los puestos de cada reservación a ayudar a los agentes del Buró Indígena en su programa de desarrollo, agricultura y educación. En su opinión, los apaches debían ser tratados "como niños en ignorancia, pero no en inocencia". Los indígenas fueron confinados a las cinco reservaciones -en 1872 otra reservación fue creada para los chiricahuas en la frontera con México.
Rápido comenzaron las dificultades, estas eran reminiscencias de los problemas de los españoles en sus primeros esfuerzos de "civilizar" a los indígenas de Nuevo México, Chihuahua y Sonora. Igual que los misioneros y autoridades civiles españolas, las autoridades civiles y militares angloamericanas entraron en conflicto sobre programas y jurisdicción. Igual que las autoridades civiles españolas, los agentes indígenas angloamericanos buscaron el enriquecimiento personal a costo de los indígenas (prácticas de corrupción en el racionamiento). Los comandantes de puestos militares en las reservaciones y los agentes del Buró Indígena se opusieron mutuamente por mas de diez años al control de la administración de las reservaciones; pelearon sobre el programa de rol de control de llamadas, el asunto de las raciones, el mantenimiento de la ley y el orden y sobre el mejoramiento agrícola. Esencialmente el conflicto radicaba en el control militar. Usualmente los agentes indígenas se inclinaron por medidas de control menos estrictas; pero por otro lado el programa de Crook exigía juicio a los jurados indígenas para los indígenas transgresores, algo a lo que los agentes se oponían. El conflicto podría era de autoridad, sin principios involucrados. Los apaches se enteraron del conflicto y los líderes se resintieron al ver sus asuntos brincando de un grupo de administradores a otro.
Dentro del Departamento del Interior, creció la idea de que los apaches deberían ser concentrados en una reservación. Los arivaipa y otros grupos de Camp Grant habían sido llevados a San Carlos en 1873. En 1875, justo después de que los tontos y yavaipas, habían iniciado el trabajo para un canal de riego en Camp Verde, y se ordenó que los mil cuatrocientos indígenas se cambiaran a San Carlos, un cambio que fue llevado a cabo con serios conflictos entre los indígenas. En ese mismo año y después de un conflicto entre los oficiales civiles y militares en Fort Apache, los coyoteros fueron cambiados a San Carlos y se reportó que se había enviado a mil seiscientos de ellos. En 1876 después de una pelea entre indígenas y blancos en las afueras de la reservación, cerca de la mitad de los chiricahuas fueron cambiados; 325 a San Carlos y 140 a Hot Springs donde vivía el resto de los mimbreños desde 1874; 400 chiricahuas se quedaron aunque fueron llevados a San Carlos. En 1877, bajo el liderazgo de Vitorio, 453 mimbreños fueron llevados a San Carlos junto con los chiricahuas de Hot Springs. Excepto por algunos grupos segregados que permanecieron en los antiguos territorios de los tontos y coyoteros, todos los apaches estaban bajo el control combinado de civiles y militares en la reservación de San Carlos. Había mas de cinco mil apaches bajo control en esta reservación. Este número consistía de indígenas que nunca se habían asociado, como los tontos y mimbreños, arivaipas y coyoteros, yavapais y pinaleños. Entre ellos había grupos implacablemente hostiles a los blancos, como la facción chiricahua que reconocía a Juh y a Gerónimo como sus líderes y grupos consistentemente amigables como los coyoteros bajo el liderazgo de Miguel y los arivaipas bajo el mando de Eskiminzin. La mayoría deseaba la paz y estaban dispuestos a asentarse, pero había grupos restantes que no podían ajustarse a la disciplina de la reservación ni a la autoridad de los blancos. Pocos de los grupos habían experimentado el mismo tipo de administración en las reservaciones donde habían vivido. Principalmente los chiricahuas quienes habían vivido con una administración muy flexible bajo Jeffords, el amigo de Cochise; también habían experimentado una gran libertad de movimiento entre las reservaciones Chiricahua y Hot Springs.
En San Carlos, la administración tomó forma definitiva bajo el agente John P. Clum, un hombre recomendado por la denominación religiosa que había dado campo abierto para el trabajo de misioneros -la The Dutch Reformed Church. Su administración duró tres años, de 1874 a 1877. Clum tuvo éxito en sacar a los militares del control administrativo y tomó el manejo del rol diario así como de los pases dentro y fuera de la reservación o a partes de la reservación retiradas de la agencia; concibió la idea y fue exitoso en llevarla a la realidad, el ejército servía como patrulla en los límites de la reservación y como perseguidores de grupos que escaparan. Clum instaló una base de autogobierno entre los indígenas al instituir un sistema de policía indígena. Su sistema requería que los diferentes grupos de apaches nombraran entre ellos a varios individuos que sirvieran como policías. Estos hombres serían responsables por mantener el orden del grupo ante el agente. Así la policía serviría como un grupo consejero canalizando las quejas y como juez. Clum también fundó cortes en las cuales los jueces indígenas sentenciaban a los transgresores.
Clum creía que la repartición de raciones debería detenerse en cuanto hubiera suficiente producción para alimentarlos a todos. Puso a los indígenas que estaban en condiciones, a trabajar en el mejoramiento del sistema de riego, de edificación y construcción de caminos, pagando sueldos en forma de un vale diario con valor de cincuenta centavos cambiables por artículos en la tienda de la agencia. Durante la administración de Clum se establecieron los cimientos para el desarrollo de la agricultura y los indígenas trabajaron bastante, pero las raciones continuaron.
En 1877 Clum renunció por los continuos problemas con los militares sobre el manejo de la administración. Esto fue después que casi había completado la concentración de todos los apaches en la reservación de San Carlos. Bajo el mando de Vitorio y Loco los mimbreños escaparon de la reservación. La mayoría de ellos eran, con la excepción de Vitorio, un grupo chiricahua anti-sajón con Gerónimo como su líder. Después de la renuncia de Clum en 1877, los angloamericanos deseaban que los apaches fueran reducidos a un estado en el que no pudieran oponerse a la invasión de su territorio. Cerca de cinco mil habían sido establecidos ahora cerca de la junta de los ríos San Carlos y Gila; y cerca de quinientos coyoteros en Bylas. Se habían construido canales de riego con manos apaches y fondos gubernamentales y hubo buenas cosechas. Gerónimo, el líder del grupo disidente de los chiricahua, había llevado a sus seguidores a la pacífica vida de los agricultores. Los observadores pensaron que los apaches de San Carlos estaban en el camino de la autosuficiencia. En 1879 los oficiales decidieron que se podía llevar a cabo la descentralización de los apaches. Los que habitaban los alrededores de la agencia se mostraron descontentos y hubo muchos coyoteros que se querían regresar a la región montañosa cerca de Fort Apache. Se permitió que cerca de quinientos de ellos regresaran a su estilo de vida anterior.
Mientras tanto la invasión de colonos presionaba sobre la reservación. Grandes depósitos de cobre habían sido descubiertos en el este y se desarrollaron las ricas minas de cobre Clifton-Morenci. Al oeste, cerca de Globe y Miami, se descubrieron depósitos de oro, plata y cobre. Grandes porciones de la reservación se destinaron para uso de los angloamericanos y las minas entraron en operación. El gobierno federal no hizo nada para detener las invasiones. Los mineros presionaron desde el oeste y fundaron el pueblo minero de McMillenville en la parte alta del río San Carlos. Al mismo tiempo se expandían las granjas en Arizona. Al oeste de Fort Apache, los mormones se internaron dentro de la reservación y en el sudeste comenzaron a desarrollar el distrito agrícola de Stafford usando las aguas del Gila hasta el extremo que el programa de riego del Buró Indígena se vio seriamente afectado en San Carlos. Lo que diez años antes parecía ser una región remota para proporcionar un lugar aislado para los apaches, se convirtió en un foco de desarrollo anglo. Al oeste, los granjeros y los mineros presionaban dentro de la reservación, y en el este el agua que había sido considerada como la base de la vida pacífica para los apaches, estaba siendo apropiada por los granjeros.
Aun peor, los agentes indígenas tomaron parte activa en la apropiación. El agente en San Carlos y el Comisionado de Asuntos Indígenas en Washington, no sólo permitieron la invasión y permitieron que los límites de la reservación fueran establecidos a favor de intereses de mineros y de agricultores, ellos mismos invirtieron en nuevas minas. El mal manejo de los asuntos indígenas creció hasta el punto que en 1879, el agente de San Carlos y el Comisionado de Asuntos Indígenas fueron despedidos de su cargo y un militar estuvo a cargo de los apaches. El cambio de autoridad trajo un mejoramiento temporal en la administración de la agencia, pero en cuanto un nuevo agente del Buró Indígena fue asignado, la corrupción continuó de nuevo.
La desorganización entre los oficiales angloamericanos fue sentida por los indígenas y se inició la insatisfacción. El programa de descentralización de la agencia de San Carlos había continuado bajo los nuevos agentes y muchos coyoteros se mudaron a la región se presionaba sobre la reservación. En 1881 se inició un movimiento religioso que tenía aspectos parecidos al movimiento mesiánico "Ghost Dance" de las praderas y que estaba siendo adoptado por los walapais del norte. Un shamán cibecue, Nocadelklinny, estaba convencido que podía revivir a dos líderes apaches. Debido a estas promesas se calentaron los ánimos. Cuando sus esfuerzos fallaron, Nocadelklinny sostuvo que era necesario destruir a todos los blancos antes que sus poderes funcionaran. Continuas ceremonias produjeron un alto estado de exaltación y Nocadelklinny fue arrestado. Los indígenas atacaron Fort Apache y saquearon el oeste de la cuenca Tonto. El levantamiento fue aplastado con poca ayuda de tropas de Nuevo México.
Cuando los rebeldes cibecues planeaban un ataque en San Carlos, la facción chiricahua de Gerónimo huyó de la reservación. Gerónimo y Juh se unieron a Vitorio, el líder Mimbreño, en México, luego Loco y una parte de los mimbreños de San Carlos también huyeron. Continuaron las depredaciones y los saqueos en el sudeste de Arizona y un líder de los cibecues, Nantiatish, atacó San Carlos y mató al jefe de policía. Nantiatish intentó promover un levantamiento general pero consiguió solo unos cuantos centenares de seguidores. Sus fuerzas atacaron McMillenville y fueron derrotadas. Los indígenas de las reservaciones se negaron a seguir su mando y permanecieron pacíficos, pero era poco menos de dos años antes de que casi mil apaches de Gerónimo, Loco y otros líderes fueran derrotados y regresados a la reservación. Sus saqueos fueron detenidos solo después que el general Crook llevara una campaña que se extendió dentro de México.
Para 1884 la paz estaba de nuevo restaurada. El movimiento Nocadelklinny había sido aplastado colgando a tres líderes en Camp Grant. Los mimbreños de Loco estaban de regreso en la reservación y Gerónimo, con sus chiricahuas, se había establecido en Turkey Creek, dentro de la reservación de Fort Apache. El ejército tomó el cargo de las reservaciones de San Carlos y Fort Apache, donde de nuevo se introdujo un estricto rol de llamadas y de disciplina militar. Se entregaron cerca de setecientas reses para que se dedicaran a la ganadería y a continuar con las labores agrícolas a pesar del bajo nivel de las aguas. El corrupto agente indígena Tiffany había renunciado en 1882 y el desgarramiento de la reservación por actividades mineras y agrícolas había sido detenido en 1883. El programa de Crook era uno de "paternalismo y justicia". Siempre había estado en contra de que los indígenas fueran llevados lejos de sus territorios. Por ello estuvo de acuerdo con el movimiento de los coyoteros de la reservación de Fort Apache, y novecientos se regresaron a su territorio en cuanto él ocupó el cargo. También continuó el programa de policía y juzgados indígenas. Él creía que la tierra debería ser asignada a individuales para su uso propio y que se debería promover la propiedad individual. Durante 1884 hubo un desarrollo mucho mayor de la agricultura. Los apaches construyeron cerca de veinte presas en ambas reservaciones y continuaban su camino a la autosuficiencia. Gerónimo y sus seguidores en Turkey Creek estaban entre los agricultores más esforzados. Cincuenta y dos niños apaches, incluyendo los hijos de Loco y Bonito, fueron enviados al internado escolar Carlisle en Pennsylvania. De nuevo los observadores reportaron que la civilización crecía en las reservaciones apaches.
Pero regresó el viejo conflicto entre las autoridades civiles y militares. Un motivo eran los juicios indígenas, las autoridades civiles se escandalizaron por ciertos métodos de ejecución de sentencia, los apaches castigaban por apedreamiento y garrote en vez de colgar o fusilar. Más serio era el conflicto sobre el manejo de la agricultura. Los oficiales del ejército lo querían controlar y cambiar el uso del suelo. El agente indígena prefería ser quien asignara la tierra. La decisión fue en contra del ejército y el Buró Indígena se hizo cargo. Había ahora tres mil indígenas, apaches y yavapais en San Carlos y dos mil apaches en Fort Apache.
De pronto los problemas iniciaron de nuevo entre los chiricahuas de Gerónimo. El general Crook pensaba que el consumo de bebidas caseras, como el tulapai, era motivo principal de disturbios en la reservación y ordenó su prohibición. Los apaches de Fort Apache adoptaron la postura de que el no tenía el derecho de prohibirles el uso de su licor casero. Un gran número de ellos hizo tulapai y se lo bebieron con la idea de convertir esto en un caso de prueba. La tensión aumentó por un retraso de órdenes entre el general Crook y su subordinado en Fort Apache; los 130 chiricahuas bajo el mando de Gerónimo se asustaron y huyeron de la reservación. Una persecución para traerlos de regreso duró cuatro meses. En el curso de esta, Crook fue reemplazado por el general Nelson A. Miles. Después de ser perseguido hasta Sonora, Gerónimo se rindió y junto con sus seguidores y otros chiricahuas que habían permanecido en Fort Apache fueron enviados a Florida, luego en 1913 la mayoría de ellos fue enviada a la reservación mezcalero de Nuevo México y unos pocos permanecieron como prisioneros de guerra en Fort Still en Oklahoma. Después de quince años de esfuerzos por parte de los Estados Unidos, finalizó el programa de reducir a los apaches en reservaciones y terminar el conflicto con los angloamericanos en su territorio. No ha habido ni un conflicto armado entre los apaches y los blancos, excepto por casos aislados como el de Apache Kid, el llanero solitario.
La historia demuestra que los apaches no fueron conquistados sino hasta doscientos años después de otras tribus de la misma región. Pero el proceso mostró similitudes a lo sucedido con los españoles: un fuerte apoyo del ejército por parte de los invasores; una división dentro de los indígenas y una implacable respuesta del grupo dominante; movimiento religioso con la esperanza de la destrucción de los blancos; intensos conflictos entre los invasores y la insistencia en los esfuerzos de reemplazar el estilo de vida indígena. Pero también hubo una importante diferencia de comportamiento entre los angloamericanos y los españoles. La esencia del acercamiento angloamericano fue aislar a los indígenas de su propia sociedad, en contraste con la suposición española de que los indígenas deberían asumir un status completo dentro de la sociedad de la Nueva España. El programa angloamericano se mostró indeciso al dar giros en varias direcciones; no hubo unidad en el punto de vista por parte de las autoridades militares y civiles encargadas del plan gubernamental. Estos cambios tuvieron un efecto notable en los indígenas. Pero en general, el viejo patrón de las relaciones anglo-indígenas en los Estados Unidos condicionó los subsecuentes hechos y fue el patrón de aislamiento en vez de la incorporación directa.
Los apaches, contrario a las tradiciones angloamericanas, no se resistieron
a las relaciones amistosas con ellos. Comenzaron con acercamientos amigables
y muchos apaches querían continuar así. Pero el avance incontrolado
de los angloamericanos, pronto provocó conflictos sobre el suelo y los
recursos naturales y las dificultades crecieron. Se requirieron cerca de veinte
años de contactos antes que la mayoría de los apaches se convencieran
que tenían que renunciar a su antiguo estilo de vida y someterse a las
condiciones de los angloamericanos. Pero para la década de 1870 la mayoría
decidió y el liderazgo creció en ese sentido, como en el caso
de Eskiminzin. Los conflictos sobre autoridad entre los angloamericanos, el
programa de concentración de los apaches, muchos de ellos lejos de su
territorio acostumbrado y el corrupto manejo de los asuntos indígenas
contribuyeron a la inestabilidad. El sistema de raciones fue una influencia
desmoralizante como lo fue en los presidios españoles. La base sobre
la que creció el desarrollo económico de los apaches durante las
décadas de 1830 y 1840, se dio desde el manejo del Buró Indígena
en lugar de iniciativa propia.