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Grutas de Coyame

 

Muy cerca de la comunidad desértica de Coyame se encuentran las grutas del mismo nombre con una puerta de acceso localizada a media falda de una pequeña montaña siguiendo una bien trazada vereda zigzagueante. La caverna se encuentra bien acondicionada para recibir al visitante en el interior de sus quince salas y cuenta con visitas guiadas.

Debido a que los cambios de humedad ambiental amenazan seriamente a estalagmitas y estalactitas, la puerta permanece cerrada y solo se abre para permitir el acceso de los visitantes. El interior permanece en la oscuridad y las luces se encienden y se apagan conforme avanzan las excursiones; un intento más por mantener la humedad y temperatura natural de la caverna. Desgraciadamente parece ser que la fauna ha desaparecido de su interior compuesta por grillos transparentes e incoloros (la falta o carencia de melamina necesaria como protección solar).

Las Grutas de Coyame están formadas por depósitos de carbonato de calcio de origen orgánico que fueron acumulados por la acción del agua en movimiento hace tal vez unos cinco millones de años. Durante la era Cenozoica gran parte del estado de Chihuahua estaba cubierto por un mar de baja profundidad y abundante flora y fauna marina compuesta por algas y amonitas, en su mayoría, y un gran banco de coral. El levantamiento del suelo marino provocó la formación de una delta desde la parte noreste de la ciudad de Chihuahua hasta cerca de la ciudad de Ojinaga y la región se vio cubierta por densos bosques de coníferas, abundantes lluvias y un ambiente tropical.

Mientras tanto el suelo seguía levantándose. Los depósitos de material orgánico, otrora en el fondo de un cuerpo de agua, comenzaron a filtrarse al subsuelo con la ayuda de la abundante lluvia para luego formar pequeñas corrientes y cavidades subterráneas. El flujo del agua comenzó a dejar depósitos de calcio en el techo (estalactitas) de las recién formadas cavidades mientras que las gotas de agua formaban otro depósito en el piso de la caverna (estalagmitas).

Con frecuencia ambos depósitos crecían tanto que se unían para formar una columna. Este era un cambio que se estaba dando en todo el desierto chihuahuense hasta convertirlo en un enorme "queso gruyere" repleto de cavidades aún por explorarse.

La existencia de mayores cavernas no sería una sorpresa, más bien, la sorpresa radicaría en su falta de abundancia.

El desierto de Chihuahua sigue siendo campo virgen para los aficionados a la espeleología y entre sus habitantes existen historias de que la tierra "respira". Sin duda han sido testigos presenciales de corrientes de aire que salen de un "agujero en el suelo" provocadas por grandes cambios en la presión barométrica en el exterior.