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Los Conflictos de la Cultura Española

Aunque fueron concebidas como complementarias por los creadores del programa había un gran desacuerdo entre los dos principales instrumentos de intercambio cultural -la comunidad misional y el poblado español. El corazón del conflicto era que los misioneros concibieron la comunidad agrícola auto-suficiente como una institución transitoria y vehículo necesario para llevar a los indígenas a la civilización española mientras que las autoridades civiles querían una integración rápida y directa a las comunidades de tipo español. El rey le otorgó a los misioneros un periodo de diez años para esta fase de transición. Desde el punto de vista del misionero este resultó ser bastante breve aunque no está claro que medidas utilizaban cuando pedían prórrogas y sostenían que los indígenas que habían estado bajo el sistema misional por cuarenta o cincuenta años no estaban listos para pagar impuestos ni para otras formas de participación en el programa español. La verdad es que el período de gracia de diez años proporcionaba suficiente tiempo en la mayoría de los casos para construir los cimientos de las comunidades que los misioneros tenían en mente. Estas fueron creadas por docenas en Sonora y los misioneros se sintieron presión para mantenerlas en el estado en que se encontraban. En ellas no había propiedad individual del suelo y aunque los indígenas trabajaban para la misión no había un impuesto explícito, no había una política de integración clara con España, no se daba el desarrollo de indígenas como trabajadores asalariados individuales, no había la posibilidad para el indígena de fusionarse con los españoles; en realidad no había el tipo de situaciones que hacían sentir a un alcalde español que podía ir a una comunidad indígena a dar una orden y darla por entendida de una forma que fuera ejecutada inmediatamente para así satisfacer a su superior, el gobernador provincial. No eran unidades políticas españolas articuladas por el gobierno provincial.

El aislamiento de las comunidades misionales de la vida económica española bajo el control de los misioneros y la presión de los españoles laicos era insoportable a finales del siglo XVII. Estos querían mano de obra que pudiera ser empleada de acuerdo a las condiciones fijadas por el patrón. Muchos querían tierras y los indígenas estaban viviendo en las mejores tierras. Estos españoles no querían ser molestados por comunidades de gente extraña con una diferente manera de hacer las cosas. En su camino se encontraban las comunidades misionales con los misioneros constituyendo una falange de defensa que contaba con el oído del virrey. Ambas ramas del gobierno español se encontraban en una competencia más y más aguda por mano de obra, tierra, producción, mentes y lealtad indígenas.

Por otra parte los misioneros tenían intereses en las comunidades misionales. Cada uno vivía en un pequeño reino donde él era la autoridad, tenía la atención auditiva de los indígenas y había progresado en su enseñanza y en la construcción de iglesias. El misionero consideraba que la vida de la comunidad misional estaba enfocada a dios y a las cosas espirituales y éstas eran cosa aparte del poblado español. Este último estaba lleno de indeseables y era constantemente señalado por el misionero, faltos de valores morales, lazos familiares o de interés espiritual. Algunos misioneros jesuitas en Sonora dudaron en enseñar el idioma español como posteriormente lo expuso un historiador jesuita, "Si (el conocimiento del idioma español) favoreciera la prosperidad pública y la fusión de las razas, pero era una herida al interés moral, intelectual y religioso de los pobres indígenas". Se aquí a los indígenas errantes y descastados que comenzaron a aparecer en los asentamientos mineros españoles golpeados por la pobreza y frecuentemente desmoralizados. El distribuir la tierra a individuales, el permitir los abusos de explotación laboral, el exigir tributo con regularidad, el animar a los indígenas a convivir con la escoria de los asentamientos fronterizos destrozaría los pequeños reinos de dios, porque desde el punto de vista del misionero la de falta de entendimiento que abunda en las misiones no era nada comparado a un desorganizado poblado fronterizo de clase baja española.

Los misioneros aseguraban que mientras pudieran evitarían el resquebrajamiento de sus comunidades y veían la secularización como la destrucción de su trabajo. Con la expulsión de los jesuitas la cuña para el programa secular fue proporcionada. Las comunidades misionales se desintegraron y comenzó una nueva era para los indígenas cuando las autoridades civiles tomaron la responsabilidad del programa. Se había solucionado el conflicto de los valores jesuitas y la jerarquía política.


Los Portadores de la Cultura Española

Hemos hablado de las instituciones fronterizas como pensamos que operaban y sus efectos independientemente de los individuos que las manejaron. Sería un gran error asumir que este fue realmente el caso. Operaron como cuadros limitantes de acción por individuos que eran profundamente diferentes. La suerte de los indígenas de una tribu dependía con frecuencia de la naturaleza del misionero que iniciara el trabajo con ellos o en una sucesión de los misioneros que llevaran a cabo el trabajo. En realidad la suerte de comunidades enteras -su sobrevivencia o su exterminio- dependía de las diferencias de comportamiento de los capitanes españoles en Chihuahua y Sonora. Los alcaldes y gobernadores españoles ejecutaban los programas reales de manera muy diferente en Nuevo México y Sonora. La constelación de personalidades en cargos oficiales por un período de años tenía una profunda influencia en una generación de indígenas y sus relaciones con el mundo español. Por ello debemos intentar formarnos un concepto del comportamiento de los españoles si es que pretendemos entender los procesos que transformaron la vida indígena.

No es posible presentar una prueba representativa de las actitudes y puntos de vista de los portadores de la cultura de la conquista que entraron en contacto con los indígenas en las instituciones fronterizas. Los datos disponibles tienen que ver con misioneros más que con autoridades civiles o militares y casi no hay nada en relación con personas ordinarias. Los reportes de los misioneros o de aquellos que los describen como personas son limitados y se habla más de las víctimas del martirio. No podemos asumir que los misioneros más mencionados eran necesariamente los más influyentes y ciertamente hubo una pequeña minoría entre todos los que trabajaron en las misiones. Lo mejor que podemos hacer es intentar penetrar dentro de la personalidad y comportamiento de una pequeña selección. Esto puede ser un patrón de tipos de personalidad.

Las fuentes de información acerca de acciones y actitudes de misioneros se encuentran en sus propias cartas y escritos. Tenemos un extenso material escrito por Andrés Pérez de Ribas, primer misionero de los yaquis y por tres años Provincial de la Orden Jesuita en la Ciudad de México; por Adam Gilg, segundo misionero entre los seris con amplia experiencia en las misiones de Sonora; por Joseph Neumann quien pasó cincuenta y un años en las misiones de la alta tarahumara; por Eusebio Kino, primer misionero entre los pueblo del este y los navajo; y por Ignaz Pfefferkon también con amplia experiencia entre los ópatas y la pimería alta. Estos hombres escribieron extensas y descriptivas narraciones del trabajo misionero y vida nativa en las áreas que conocieron.

En contraste, hay misioneros cuya experiencia y contactos fueron tan extensos como los de los mencionados, pero sus impresiones y descripciones, si es que existen, permanecen sepultadas en los archivos coloniales; hombres como el padre Figueroa y larga vida en las misiones tarahumaras; Pedro Méndez, primer misionero con los mayos y en la pimería baja quien trabajó entre los indígenas por mas de sesenta años; Agustín Campos cuyo período de trabajo misionero fue más largo que el de cualquier otro en la pimería alta; el padre Parra sirvió mucho entre los ópatas; y otros en Nuevo México. La mayoría de los registros que están disponibles fueron originalmente escritos en alemán o italiano en vez de en español, de ahí que los registros están desviados en términos de origen nacional. Hubo una considerable variedad en el comportamiento y actitudes de estos misioneros no-españoles y no hay motivos para creer que los misioneros de origen español eran muy diferentes.

Al considerar los escritos de los misioneros españoles uno se sorprende por algunas uniformidades en sus puntos de vista. En primer lugar todos mostraron una profunda concentración al enseñar y explicar los ideales cristianos. Hacer esto y proporcionar los medios para llegar más lejos era sin duda la preocupación principal de estos hombres. Estuvieron enfocados sin excepción en la conversión de los indígenas, en conseguir que aceptaran nuevas ideas y en comportarse de acuerdo con estas nuevas ideas. Obviamente los misioneros recibieron un entrenamiento efectivo que les permitió ver un objetivo común en los mismos términos. Tenían otra característica en común; una falta de interés o de capacidad para comprender los puntos de vista de los indígenas con quienes trabajaban. Aunque algunos eran capaces de observar con bastante objetividad el comportamiento exterior y las características de los indígenas no hay pruebas de que hayan hecho contacto cercano con su mundo moral o visual. Esto nos llega de sorpresa cuando uno descubre que tan inmersos se encontraban en la vida que los rodeaba.

Es obvio que su entrenamiento colocó una barrera entre ellos. A los indígenas les llamó la atención en varias ocasiones comportamientos extraños, contradictorios e inesperados; su ocasional inconstancia infantil e irracional o simplemente estupidez y explicaciones que aseguraban que algunos comportamiento eran intercesión del diablo. El comportamiento tozudo o incomprensible no era visto como parte del sistema moral jesuita. Los misioneros que anotaron sus experiencias estaban inclinados hacia un punto de vista en particular hasta el extremo que les era imposible hacer contacto con un punto de vista diferente. No hay evidencia de una búsqueda de un plan en común; hay bastantes pruebas de grandes frustraciones en su trabajo provenientes de su ignorancia acerca de la gente con quienes estaban trabajando. La frustración que expresan parece ser la sombra característica en los empleados del Buró Indígena de los Estados Unidos que trabajaron por doscientos años en Arizona y Nuevo México.

Una de las primeras víctimas de este sufrimiento fue Joseph Neumann, misionero en Sisoguichi y Carichí en la alta tarahumara entre los años de 1681 a 1732. Neumann nació en Bruselas de padres alemanes y pasó sus primeros años en Viena; ingresó a la orden jesuita en 1665 en Bohemia. Fue asignado inmediatamente a Sisoguichi en el territorio de la parte alta del río Conchos donde el trabajo había progresado en los últimos veinte años. Pasó ahí la mayor parte de su vida pero también sirvió como rector y Visitador en la provincia de la tarahumara como parte del sistema jesuita de rotación. Después de cincuenta y un años de servicio misionero falleció en Carichí. Dentro de la Orden fue conocido como un misionero valiente, capaz y con un alto sentido de responsabilidad y talento como administrador.

Como la mayoría de los misioneros Neumann conoció las exigencias en su trabajo de misionero. Sirvió en su misión desde el inicio como "cantero, sastre, albañil, carpintero, cocinero, enfermero y doctor para los enfermos". Al principio y debido a una regla de la orden que no se les permitía tener sirvientes como mujeres para cocinar y estaba obligado a cocinar para sí mismo con excepción de las tortillas que eran cocinadas por una tarahumara y enviadas a él una vez a la semana. Hizo una cálida amistad con un teniente gobernador y un capitán general, ambos tarahumaras del distrito donde trabajó. Toda su vida insistió en la amabilidad al tratar con los indígenas y enfatizó la necesidad de ejercer una profunda humildad cristiana en todos los contactos. Durante sus primeros años escribió que los tarahumaras eran "sencillos y toscos por naturaleza" y "amantes de la paz, sin disputas entre ellos" pero " indispuestos para el trabajo". Escribió que su trabajo era difícil y frecuentemente mal recompensado pero nunca pidió ser transferido como lo hicieron muchos otros que trabajaron en las misiones de la tarahumara a principios del siglo XVIII.

Era extremadamente intrépido como se indica en un importante evento durante su servicio en Sisoguichi. Después de dejar su misión por un viaje necesario regresó de manera inesperada y encontró a los indígenas iniciando una fiesta con danzas y bebidas; probablemente una ceremonia de "curación" del tipo usual en la religión nativa. Estas ceremonias habían sido prohibidas por Neumann y estaba extremadamente molesto. Destruyó catorce ollas de licor (tesgüino) y los indígenas se dispersaron profundamente irritados pero planearon llevar a cabo la ceremonia posteriormente. Se intentó que el misionero se fuera bajo un pretexto e indirectamente fue amenazado de muerte si volvía interferir. En la noche de la pospuesta ceremonia se disfrazó con una cobija y una banda para el caballeo y acudió a la fiesta. Al iniciar tiró la cobija y de nuevo destruyó todas las ollas de tesgüino y se paró en medio de los indígenas para dar un sermón acerca de los orígenes diabólicos de la bebida. El líder pidió perdón en vez de matarlo y prometió no repetir la ceremonia.

Durante su trabajo sobrevivió a dos rebeliones y se convenció de la necesidad del uso de la fuerza. En 1697 aprobó la decapitación de treinta y tres líderes rebeldes y estuvo de acuerdo que sus cabezas fueran puestas en estacas en los alrededores de su misión. Como Visitador insistió en la necesidad de establecer soldados en territorio tarahumara.

En sus años de madurez y después de un prolongado servicio escribió la historia de su trabajo en el territorio tarahumara.

Estos indígenas son astutos y mañosos por naturaleza, de quienes no se puede esperar sinceridad. Son hipócritas consumados y como regla los que parecen ser los más virtuosos deberían ser considerados como los más perversos. Dicen una cosa a su gente en la presencia de los misioneros y después secretamente dicen lo contrario... Los misioneros fueron decepcionados por estos hombres (los gobernadores indígenas) también porque ellos son adictos a los mismos vicios... Superficialmente los gobernadores estaban conformes con los deseos de los Padres y sus vidas tenían la apariencia de probarlo pero siempre estaban buscando secretamente el favor de su gente al tolerar y encubrir sus ofensas... En realidad no puedo negar que con esta gente de corazón de roca la cosecha no pagó el duro trabajo de la valiosa semilla. La semilla del evangelio no brota o si brota es arruinada por la espina del deseo carnal... Por esta razón encontramos poca disponibilidad entre nuestros los conversos que se preparan para el bautismo. Algunos solo pretenden creer sin mostrar inclinación alguna por las cosas espirituales como rezar, servicios divinos y doctrina cristiana. No muestran aversión al pecado, ni ansiedad acerca de su felicidad eterna, ni disponibilidad para convencer a sus parientes al bautismo. En su lugar muestran una indiferencia holgazana hacia todo lo bueno, deseo sensual limitado, un hábito irresistible a embriagarse y un silencio tenaz con relación a su escondido paganismo y por ello no podemos encontrarlos y traerlos al doblegamiento de Cristo.

El padre Neumann no hace una declaración balanceada acerca de los tarahumaras, por lo que debemos concluir que esta es la expresión de su sentimiento final acerca de la gente y su experiencia de trabajo con ellos. Es presentada de una manera tan incalificada que no puede ser tomada con seriedad como un cuidadoso estudio. Neumann trabajó por cincuenta años entre los tarahumaras y por ello se debería esperar una evaluación mas balanceada si hubiera hecho contacto de igualdad. Lo que escribió al final de sus largos y dedicados años de servicio no parece una evaluación del carácter tarahumara sino una proyección de sentimientos como producto de su trabajo bajo el sistema jesuita de misiones.

Neumann no expone que los esposos tarahumaras son astutos y mañosos entre ellos mismos o que las madres y los hijos lo sean, o que las autoridades de la comunidad son astutos y mañosos en sus tratos con otros tarahumaras. Tampoco hay descripciones de las relaciones entre los mismos tarahumaras. Lo que el padre Neumann presentó fueron las relaciones de los misioneros con aquellos tarahumaras con quienes permanecieron en contacto. La descripción se aplica a las relaciones personales de Neumann dado que no hay evidencia de una comparación de sus experiencias con las de otros misioneros. Lo que tenemos es la descripción de una situación en la que no fueron alcanzadas las relaciones de cooperación franca. Si Neumann estaba dispuesto a escribir para que todos leyeran que los tarahumaras que él conoció eran astutos, mañosos, que hicieron muchas cosas a sus espaldas y que eran de "corazón de roca" entonces no sentía un amor o respeto sincero hacia ellos. El hecho que los tarahumaras -incluyendo a personas como los gobernadores en los cuales Neumann había depositado cierta confianza- actuaran contra él a sus espaldas sugiere que los mantuvo bajo algún tipo de presión para que se comportaran de una manera que no era compatible entre las relaciones de los gobernadores y los miembros de la comunidad. No hace indicación alguna de que comprendía las presiones de la comunidad. Al imponer su programa no entendió que creaba problemas en los individuos que querían ser amigables con él y que mostraban interés en sus objetivos. No hay indicación de que hubiera discutido estos problemas desde el punto de vista indígena y compararlos con el propio. Se puede llegar a la conclusión de que trabajaba de manera unilateral y por ello los obligó a esconder la dificultad para integrarlo a él y a sus demandas en la comunidad. Estaba aislado en su comunidad misional trabajando casi siempre en la oscuridad; inevitablemente tal aislamiento social le acarreó intensos sentimientos de desconfianza y de falta de afinidad. Bajo estas circunstancias es difícil imaginarse como pudo haber sentido algo que no fuera ese profundo sentimiento de fracaso. Que culpara de esto a cualidades innatas de los indígenas es de esperarse porque estaba consciente de haberse comportado de acuerdo con los ideales cristianos. De haberlo hecho de una forma diferente hubiera tenido que cuestionar los métodos de la orden que lo había entrenado.

La tragedia de Neumann debió haber sido igual a la de otros misioneros. Comenzó a trabajar en la etapa de madurez del programa de misiones entre los tarahumaras y no experimentó la emoción del triunfo de los primeros conversos del padre Fonte o del padre de Rivas en sus primeros días en Sonora. Neumann vivió en comunidades misionales desgarradas por los conflictos de la cultura española entre indígenas que habían sido manipulados por las influencias españolas por más de cien años. Su sentimiento de fracaso era un reflejo de la oposición de indígenas contra indígenas provocada por los contactos en el noroeste de Nueva España.

Cuando Neumann iniciaba su trabajo entre los tarahumaras otro jesuita descendiente de alemanes llegó a Sonora y tomó el difícil trabajo de reducir a los nómadas seris. Adam Gilg fue asignado para reorganizar la misión de Pópulo en el río San Miguel donde el Padre Fernández trajo el primer grupo de seris y los introdujo a la agricultura. Pópulo había estado sin misionero por varios años y los seris habían comenzado a dispersarse. Gilg encontró que en 1688 había algunas familias que querían continuar el nuevo tipo de vida pero desconfiaban de él y se oponían adoptando actitudes "ofensivas". Pero restableció la misión y reunió mas seris a su alrededor. Hizo viajes a territorio tepoca en donde conoció más seris, fundó unas comunidades que tuvieron una corta vida y trajo a Pópulo a los más interesados en la vida de misión. Cuando escribió una carta muy informativa a Alemania acerca de sus experiencias en 1692, comentó haber aprendido su lengua y que le pareció que tenía muchas palabras parecidas al alemán e hizo observaciones acerca del carácter de los seris. En lo general y al inicio de su período de vida de misionero, Gilg se inclinó hacia los indígenas de manera más favorable que Neumann aunque es obvia una similitud básica de acercamiento:

Ahora, justamente como mis seris... por un lado no son serios y no tienen diligencia o estabilidad, ni músculos ni capacidad para comprender los misterios cristianos pero por otro lado no tienen ninguno de los vicios vulgares que tienen predilección entre casi todos los paganos y que pueden desviarlos del cristianismo; entre ellos no está en boga la idolatría, la embriaguez, la avaricia, ni el abuso y la lujuria de tener varias esposas al mismo tiempo. Todo el tiempo que he estado viviendo entre esta gente que de otra forma sería mitad bestia, no he escuchado que una mujer soltera haya sido seducida aunque la cosa boba (casi todos andan desnudos) debe incitarlos poderosamente a ello. Continúa hablando de "debido a su estupidez no comprenden los sagrados sacramentos" y continúa diciendo que "al crecer los niños se vuelven flojos y mentirosos".

Gilg dijo que los seris de Pópulo eran cada vez más inclinados a la vida cristiana y sedentaria y que la mayor parte acudía a la iglesia con tanta regularidad y con tanto interés como cualquier congregación de cualquier parte de la frontera norte. Pero al mismo tiempo sentía que esto estaba muy lejos de la devoción cristiana. "La más grande y casi la única señal con la que un misionero puede trabajar todo el tiempo es vivir en santidad, culpabilidad en todas las cosas junto con un insaciable celo por almas, generosidad con el necesitado, un tierno y paternal amor por sus indígenas".

Gilg hizo extensas observaciones del estilo de vida de los seris y fue capaz de describir con plenitud herramientas, vestido y armas. Estudió el lenguaje aunque un reporte jesuita posterior indica que fue retirado de la misión seri por ser incapaz de aprenderlo. Su propio reporte indica que aprendió muchas palabras incluyendo la proliferación de términos de parentesco. Se percató de aspectos de su organización social como el tabú de no dirigirse la palabra entre suegros y yernos. Todo esto muestra interés en la gente y sus maneras y una considerable ausencia de prejuicios. Por lo menos en sus primeros años de trabajo y con un inusual grado de curiosidad estuvo inmerso en su forma de vida.

Lo que vemos en su reporte es un interés más profundo en la gente que el que encontramos en Neumann y tal vez una mayor prontitud en calificarlos como mortales ordinarios con rasgos de carácter buenos y malos. Esto fue característico de las primeras cartas de Neumann antes de ser endurecido por los problemas y las frustraciones que el sistema de misión imponía a los indígenas. Pero también encontramos en Gilg la semilla de la frustración. La misma tendencia de refugiarse en el ejemplo solitario como parte del comportamiento personal del misionero -refugiarse de los problemas al descubrir que las formas cristianas no eran adoptadas con rapidez por los indígenas. Encontramos las mismas frustraciones ante la falta de "diligencia" y "estabilidad". La misma tendencia de atribuir a la "estupidez" la incomprensión de la doctrina cristiana. Aunque Gilg muestra una mayor preocupación para averiguar la naturaleza de los seris, vemos el acercamiento unilateral de los misioneros que descansaba sólidamente en la creencia que los indígenas no tenían ley, deidades, ni liderazgo. Que no tenían una forma organizada de vivir. Aunque dice que los seris son "mitad bestia" en lugar de serlo en su totalidad, es obvia su convicción de que son un orden de humanos diferentes de los europeos.

Sería interesante saber si las frustraciones generales se implantaron en Gilg como lo hicieron en Neumann cuando era ya un veterano de las misiones ya que la carta que hemos reproducido fue escrita mientras aún era un aprendiz. En el caso del jesuita Eusebio Kino tenemos un ejemplo de alguien que nunca en el curso de sus veinticinco años de labor misionera reflejó amargura o la inclinación a culpar a los defectos de carácter indígena por sus fracasos. Kino tenía un tipo de personalidad completamente diferente al de Neumann, un enfoque incurablemente optimista de la vida y siempre estaba interesado y encantado en la presencia de otra gente, indígena o no. Extrañamente a pesar del insistente interés en los indígenas de la pimería alta, no dejó observaciones del comportamiento o trazos culturales en comparación con Gilg. Uno puede visualizar muy poco de la cultura pima en los voluminosos escritos de Kino. Con abundantes oportunidades de observar en sus docenas de viajes, Kino escribió muy poco que indique interés en la forma de vivir indígena, de organizar sus villas o de religión. Algunas maneras de comportamiento fueron anotadas, pero todo esto es incidental en la descripción de sus relaciones. Uno puede adivinar que Kino estaba completamente inmerso en sus intereses que incluían la exploración, hacer mapas, la conversión y la construcción de misiones y no tuvo tiempo de estudiar la vida de los indígenas con que trabajó y con quienes viajó. Esto puede ser debido en parte al hecho de que todo lo que escribió estaba diseñado para informar al mundo exterior de las grandes posibilidades del campo misionero en la pimería alta. Evitó anotar cualquier cosa acerca de la cultura indígena lo que nos lleva a pensar este es un reflejo de su personalidad e intereses. No estaba interesado en aprender acerca de ellos mismos y de su mundo sobre el que iba a imponer el cristianismo. Esta absorción en sus planes fue característica de todos los misioneros.

Kino nunca cambió su punto de vista de los pimas, los consideraba como gente amable, amigable y sincera con quienes él podía contar para vivir su mundo. Esta perspectiva está en contraste con el punto de vista de Neumann hacia los tarahumaras. Es posible que hubiera diferencias fundamentales en la estructura de carácter de ambos grupos pero desde el inicio frente a rebeliones y al rechazo Kino mantiene su punto de vista a tal grado al punto que uno sospecha de soslayamiento de personalidad. Otros reportes contemporáneos de los pimas afirman lo contrario -que los pimas eran mañosos y astutos y listos para trabajar en contra de los españoles a sus espaldas y posteriores reportes de los misioneros sostienen que más valía que la pimería alta fuera exterminada o deportada de Sonora. Parecería que una parte de él intentaba combatir aquellos puntos de vista no favorables que atrasaban el desarrollo del trabajo de campo en la misión. El punto de vista de Neumann es un reflejo de las relaciones entre misioneros e indígenas en las misiones de Chihuahua. Kino exhortó al trabajo de misión con la pimería alta y así obtuvo un largo período de relaciones sociales entre ellos y los españoles. Construyó su propia personalidad dentro de estas relaciones.

Era típico de Kino el encontrar buenos propósitos de los pimas a donde él fuera como lo afirma en una carta de 1687 describiendo su primer recorrido misional: "En todas partes reciben con amor la palabra de Dios a favor de su salvación eterna". Pero esto no era una expresión de entusiasmo inicial ya que en los siguientes años estaba aún más entusiasta: "Con el favor de Dios, cientos y después miles serán reunidos en el seno de nuestra dulce santísima Madre Iglesia ya que cerca de cinco mil indígenas de los alrededores han venido a pedir el santo bautismo con el más ardiente deseo. Ellos envidian a las felices comunidades de los tres nuevos asentamientos". Y cinco años después de su primera visita a los sobaipuris del río San Pedro: "El Capitán Coro y el resto de ellos me recibieron con gentileza". Dos años después, en un viaje a los pimas gila: "Todos fueron gente afable y dócil". En 1698, después de casi diez años de trabajo misionero y de previas visitas de trabajo con los sobaipuris del valle de Santa Cruz, escribió que en Bac fue recibido con todo el amor por los muchos habitantes de la ranchería y por muchos otros hombres principales que se habían reunido de varias partes adyacentes". Después de un viaje a través de territorio pápago en 1698 escribió que estaba "agradecido por la gran amabilidad y alegría de todos los que salieron a nuestro encuentro". Y así continuó a través de su vida hasta su muerte en Magdalena, dentro de territorio pima. Donde quiera que fue, entre pimas o yumas, su recepción fue cálida y siempre se retiró con sentimientos de amistad. Aparentemente fue capaz de encantar y ser encantado por todos los indígenas ya fuera en las primeras visitas o en las misiones donde lo conocían bien.

Parecía haber un espíritu tolerante en las fáciles relaciones de Kino con los indígenas. No solo no ha dejado registro de supresión de ceremonias indígenas sino que en sus escritos no hay una preocupación en particular acerca de las costumbres indígenas como diabólicas. No parece vituperar contra la embriaguez, que era práctica común en las ceremonias entre la pimería alta, como lo fue entre los tarahumaras. No gasta palabras de condenación ni en contra de las brujas pimas. Uno pensaría que se las ingenió para permanecer imperturbable y ajeno a la existencia de vida ceremonial indígena lejos de la misión si no fuera porque hay registros de bailes nocturnos y otras ceremonias que se llevaron a cabo en los poblados donde él durmió o visitó por períodos. En muchas de estas reuniones que duraban toda la noche con bailes y música se sintió honrado al pensar (tal vez así era en algunas ocasiones) que se efectuaban en su honor.

Aún mas, en un párrafo hace una relación de un baile de cabelleras entre los sobaipuris: Encontramos a los nativos pimas de Quiburi muy joviales y amigables. Estaban bailando sobre las cabelleras y restos de quince enemigos jocomes y janos, a quienes habían matado unos pocos días antes. Esto nos pareció tan placentero que el Capitán Bernal, el Alférez, el Sargento y muchos otros entraron al círculo y bailaron felizmente en compañía de los nativos. Esta era una situación en la que los españoles estaban felices de celebrar una victoria sobre enemigos mutuos, las tribus del este asociadas con los apaches, pero también es característica la forma placentera y falta de crítica con la que Kino tomó nota y se sentó en medio de tantas ceremonias nativas. Casi nunca se permitió a sí mismo el ser ni siquiera suavemente crítico de las prácticas nativas si es que en realidad le molestaban. Tal tolerancia debe haberlo hecho bienvenido a todas partes y debe haber provocado que se le viera no sólo como un constructivo proveedor de nuevas noticias y nunca como alguien que estaba preparado para destruir lo que la gente tenía.

También hubo una considerable cantidad de intercambio en sus relaciones con los líderes de muchos de los poblados pimas. Repetidamente describe como se sentó y habló por horas en tales poblados. Lo que decía debe haber sido de gran interés. Un ejemplo es la siguiente descripción de su visita a Bac en 1692 que muestra sus métodos de enseñanza: Les hablé de la palabra de Dios y sobre el mapa del mundo les mostré las tierras, los ríos, y los mares desde donde habían venido los padres a traerles la salvadora verdad de nuestra Santa Fe. También les dije como en tiempos antiguos los españoles no eran cristianos, como fue que Santiago vino a enseñarles la fe y como en los primeros catorce años le fue posible bautizar sólo a unos pocos, por lo que el Santo Apóstol estaba desanimado, pero que la Santa Virgen se le apareció y lo consoló prometiéndole que los españoles convertirían al resto de la gente del mundo. Y les mostré sobre el mapa del mundo como los españoles y la Fe habían venido por mar a Vera Cruz e ido a Puebla y México, Guadalajara, Sinaloa, Sonora y ahora a... Dolores del Cosari, en la tierra de los pimas... que ellos podían ir y verlo todo, y aún preguntar al mismo tiempo a sus parientes, mis sirvientes, que estaban conmigo. Escucharon con placer a estas y otras pláticas relacionadas con Dios, la gloria, y el infierno, me dijeron que deseaban ser bautizados y me dieron algunos niños para bautizar.

Este fue el método general de enseñanza y prédica de los jesuitas. Kino era solamente uno de los muchos maestros misioneros de gran capacidad que sabía como utilizar demostraciones concretas, en este caso mapas y gráficas, y sazonar la doctrina con historias, y aún enfrentar a los escépticos con referencia a los indígenas cristianizados que podían ser cuestionados ahí mismo, en su propia lengua, acerca de todo ello. Esto muestra la capacidad de Kino en la tradición misionera de enseñanza.

Su genialidad radicaba en su capacidad de sentarse inmediatamente y escuchar a los líderes pimas. Una y otra vez menciona como fue invitado a sentarse a lo largo de una noche y aún dos días y noches en los que debió haber hablado tanto como escuchado. En una de sus visitas a los pimas en 1700 fue invitado a quedarse -aunque deseaba continuar- porque la gente le quería escuchar. Predicó en su forma usual: "Estas conversaciones, nuestras y suyas, duraron casi toda la tarde y después hasta la medianoche, con un muy gran placer para todos". No se sintió anonadado por haber sido desviado de su agenda; en su lugar se relajó y disfrutó un día de intercambio mutuo. No sabemos cuanto entendía -aunque siempre tenía intérpretes con él- ni estamos seguros de su actitud acerca del contenido de las pláticas de los líderes indígenas. Nunca menciona el contenido, a menos que tuviera alguna conexión directa con sus intereses cartográficos o en la construcción de la cadena de misiones. Pero en cualquier ocasión se comportó de una forma, a un gran costo en tiempo, que era reconocida como cortés y que debe haberlo convertido en un huésped encantador. Se comportó de la manera que se esperaba se comportara cualquier líder indígena entre los indígenas. Largas pláticas por todos los bandos era la regla, pero no deben haber sido unilaterales, y esto Kino pareció entenderlo instintivamente.

Otra de las cualidades de Kino, que de ninguna manera era única entre los misioneros pero que se desarrolló con abundancia en él, era su habilidad para organizar. Creía en reunir a la gente para propósitos particulares y dramáticos. Mostró su habilidad en esto cuando el jefe Coxi fue bautizado en Dolores poco después de fundar esa misión. Kino convirtió esto en la ocasión para invitar a otros líderes pimas donde él había iniciado contactos y acudieron cinco de ellos. También llevó "caballeros españoles" del poblado minero de Bacanuche a la ceremonia. Continuó haciendo este tipo de cosas a gran escala con el paso del tiempo. Trajo a Dolores a cientos de personas de toda la pimería alta a la dedicación del templo cuando fue terminado. También convocó a un gran grupo de líderes pimas de los valles de Santa Cruz y San Pedro y de otras partes y los llevó en una peregrinación a través del norte del territorio ópata para tener una audiencia con el Padre Visitador en Bacerac y pedir que enviaran misioneros a sus poblados. Hizo reuniones en Bac y en otros poblados pimas para discutir su interés en el problema de si California era una isla. Su reporte indica que obtuvo grandes respuestas en tales reuniones y participó en las discusiones en vez de dirigir a los grupos. Tenía ingenio para conseguir que la gente hiciera las cosas en conjunto y esto debió haber sido un factor importante en el establecimiento de comunicaciones entre los indígenas de la pimería alta y que antes habían estado aislados entre ellos mismos.

Parecería que sus características eran su entusiasmo, su calidez de sentimientos hacia individuos como el Capitán Coro, Coxi, y otros con quienes se asoció, su tolerancia hacia costumbres que estaban fuera de contexto con las europeas, su encanto en grandes y pequeñas reuniones, una inclinación o habilidad de comprender otras costumbres y reconciliarlas, todo esto era lo que estaba en el fondo de sus éxitos en el territorio pima. No hay indicaciones que organizara a la gente sobre cualquier otra cosa que no fuera la devoción hacia él. No hace indicación alguna de organización social pima; en las pocas en que mencionó la selección de un gobernador fue siempre sobre la base de que la persona ayudó a Kino y a su grupo. No hace indicación de que supo acerca de la existencia de tales individuos en sus comunidades nativas y cuando ocurre que un individuo tenía influencias parece ser post en lugar de pre-hispánico. La base de las operaciones de Kino no era un profundo conocimiento de los pimas, sino más bien una buena comprensión de la "naturaleza humana" en general.

Hay un pequeño incidente que ilumina su personalidad y su forma de acercamiento. En una visita a una pequeña comunidad pápago al norte de Tucson se encontró con que la gente había erigido una cruz para recibirlo. En la base de ésta se encontraban siete "dagas" de madera labrada pintadas de azul; bastones ceremoniales como los que usaban los pimas. Kino se mostró encantado con la cruz (y había otras erigidas en su honor), pero más que todo esta intrigado por las "dagas" azules. Se las llevó a casa, diciéndole al Capitán Manje, su compañero de viaje, que para él representaban "los Siete Dolores de la Santísima María". El hecho de que representaran algo totalmente diferente para los indígenas que las hicieron no se le ocurrió o lo ignoró o propósito. No preguntó al respecto. Tomó lo que encontró y lo incorporó a su mundo ideal que estaba ordenado por sus conceptos, esperanzas y planes cristianos para el futuro de la gente de la pequeña villa pápago. El cemento de su mundo imaginario era el cálido afecto que dominó las relaciones humanas que cultivó y cosechó.

Otro vistazo al espíritu de este hombre se dio en un viaje con el padre Salvatierra. En 1700 mientras Salvatierra, Kino y su grupo viajaban a través de una sección del peor desierto de Norteamérica en el norte de Sonora, dice; "Casi todo el día estuvimos orando y cantando varias alabanzas a Nuestra Señora en varios lenguajes -en Castellano, en Latín, en Italiano (Kino y Salvatierra eran italianos) y también en la lengua Californiana". Intoxicado por la hermandad humana y planes para el futuro no vieron dificultades en el "camino del diablo" sobre el que estaban caminando.

La personalidad de Kino mantuvo un enfoque mayor en un nuevo campo de misión de lo que pudo haber sido en una misión madura como la tarahumara donde trabajó Neumann. Probablemente muchos de los misioneros que pasaron años en varias misiones y después de haberse estabilizado vivieron, trabajaron y pensaron tanto como Kino, aprendieron mucho o poco acerca de la gente con quienes trabajaron y se ganaron su devoción y lealtad por la sinceridad y calidez y permitieron servir como puente para que los indígenas cruzaran hacia una nueva forma de vida.

En 1763, después de once años como misionero en Sonora entre la pimería alta y los ópatas, el padre Juan Nentuig hizo un esfuerzo para dar a conocer al mundo lo que era la vida en general en Sonora. Escribió un libro en el que describió su geología, fauna, flora, tribus indígenas, trabajo de misión, etc. su trabajo fue en parte inspirado por un esfuerzo por conseguir la acción de los más altos jerarcas para detener el flagelo de los ataques apaches que habían dado despoblado todo el noreste de la provincia de misiones. El libro concluyó con recomendaciones para controlar a los seris, la pimas y apaches pero al llevar a cabo sus propósitos, Nentuig demostró ser un hombre de amplios intereses y mucha capacidad de observación y organización. Al mismo tiempo revela mucho del espíritu con el que llevó a cabo su propio trabajo entre los indígenas. Había servido en Saric durante la rebelión pima de 1751, donde tuvo contacto con el líder rebelde Luis de Saric y de donde apenas escapó con vida. La mayor parte de su tiempo como misionero lo había pasado entre los ópatas del norte, principalmente en Guásavas sobre el río Moctezuma, y conocía el lenguaje ópata con profundidad.

Al igual que Gilg, y a diferencia de Kino, el padre Nentuig fue capaz de aprender bastante acerca de los indígenas, por lo menos acerca de los ópatas entre quienes se sintió en casa. Nos da descripciones detalladas de sus costumbres de vida y de divisiones de trabajo, sus artefactos, algunas de sus ceremonias y creencias religiosas y aún, en esa área en la cual los misioneros jesuitas parecían menos capaces de determinar su existencia; organización social. Conocía los términos en lenguaje ópata para la mayoría de los elementos culturales que describió. En sus escritos muestra una profundidad de las reacciones psicológicas de los ópatas mayor a la de cualquier otro misionero en Sonora.

Los ópatas y algunos de los eudebes, aunque en menor grado, son en comparación con los otros indígenas, como la gente de los pueblos son en comparación a la gente del campo; porque sin dejar de ser indígenas, la razón se impone en ellos; entre todos ellos, estos son los mejores Cristianos; son los mejores vasallos de nuestro Señor el Rey, nunca habiéndose rebelado contra él o sus ministros. Son los más inclinados al trabajo, a arar sus tierras y a cuidar el ganado; son los más rectos y valientes en la guerra, y muchas veces han mostrado su arrojo ayudando a las tropas reales y por su propia cuenta, en varias campañas a favor de las misiones.

Después de describir en detalle su técnica de tejer y expresando admiración por sus productos, continua: Aunque este tipo de manualidad es lento y tedioso, los tejedores no pensarían en utilizar mejoras que antes eran desconocidas para ellos. Lo mismo es verdad en relación a cualquier otro tipo de trabajo, tal como cultivar y segar la tierra. Todas las operaciones pueden ser mejores y con mayor facilidad; pero es inútil luchar contra ellos para hacerlos abandonar su rutina, su paciencia puede cansar al mundo.

En este respecto, los pimas, recientemente convertidos, han sido más dóciles que los ópatas; ya que los últimos están persuadidos que no tienen que aprender nada sin importar lo primitivo de sus ideas, mientras que los pimas, conscientes de la escasez de su conocimiento de las cosas necesarias para el bienestar, son mas dispuestos y dóciles.

Una característica favorable de todas las naciones que pueblan la provincia de Sonora, aún incluyendo a seris y apaches, es que ellos nunca han sido idólatras; ni tienen inclinación alguna de serlo, así, no se ha encontrado huella de tal culto o adoración -ni ídolos ni objetos que indiquen que tal cosa haya existido hasta el presente. La única devoción que se ha observado es una al diablo, y esto es más bien causado por miedo y estupidez en vez de inclinación. Estoy inclinado a creer esto porque en todos los poblados y villas ha habido uno o más brujos, por lo menos así son llamados, y de éstos siempre se ha sospechado y temido por la creencia de que pueden causar el mal.

Los indígenas, como toda la demás gente sencilla en el mundo, algunas veces muestran señales de tener supersticiones y creencias absurdas, herencia de sus padres; pero estoy convencido de que tal tontería haya tomado raíces profundas en sus mentes, ya que, iluminados por los Padres Misioneros renuncian a ello sin mucha dificultad, por lo menos aparentemente... Los ópatas han mantenido, hasta recientemente, entre otras una muy curiosa costumbre. Un número de jovencitas, vestidas de blanco o simplemente con un camisón, salen en la noche a bailar... Esta ceremonia era llamada "invocando a las nubes", ya que la ejecutaron en tiempos de sequía, creyendo que como consecuencia las nubes se detendrían y mojarían sus campos. Con la ayuda de Dios, este conjuro fue conocido por los Padres Misioneros a pesar del sigilo con el que se llevaba a cabo; y habiendo mostrado su desilusión, el abuso se detuvo... Durante las tormentas de lluvia, cuando la gente sensible está asustada por el ruido de truenos y relámpagos, los nativos comienzan a brincar de placer, jubilosos, y con regocijo; y aunque no lo he visto en todas estas naciones con frecuencia, no he podido encontrar la razón para tal jolgorio; y me inclino a creer que en vez de ser una expresión real de placer, es un tipo de ceremonia.

La embriaguez no es tanta entre estas naciones como entre otras de las que he escuchado; y entre los ópatas y los eudebes, gracias a la insistencia y observancia de los Padres Ministeriales, ha desaparecido completamente. Los pimas, particularmente los de las montañas, siguen adictos al hábito, y la razón para ello es que debido a su levantamiento en 1751 y no haber sido castigados por ello, continúan con sus prácticas libertinas. Los Padres Misioneros, para su gran pesar, fueron imposibilitados de remediar el mal, ni se atreven a intentarlo; ya que por razones de falsas sospechas y evidentes calumnias fueron vencidos por manos que fueron armadas contra ellos en vez de estar armadas contra los verdaderos enemigos de Dios, el Rey la gente...

Siguieron sus incontrolables caprichos en sus juergas y conventículos; un viejo usualmente se instala como predicador sobre el tema de sus antiguas hazañas reales o falsas; y el sermón dura a veces toda la noche o hasta que el mensajero del infierno, quien generalmente es un jefe de guerra o un pendenciero, clamando ser un hechicero, se vuelve ronco o pierde el aliento. Además del sermón, para prestar variedad a la monotonía general, no faltan los bailes y cantos que son tan luctuosos y lúgubres como el sermón. Y puedo decir por experiencia propia que nunca en mi vida he pasado noches más tristes, que cuando en tres de cuatro ocasiones, aunque no en cercana proximidad, fui un renuente oidor de sus francachelas.

...Las ceremonias de sus gentiles bodas no son apropiadas para ser descritas en detalle; debo mencionar únicamente lo más decente. Se reúnen, viejos y jóvenes, y los hombres jóvenes y las mujeres casaderas se colocan en dos filas. A una señal dada, las últimas comienzan a correr y a otra señal los primeros las siguen. Cuando los jóvenes alcanzan a las mujeres cada uno debe tomar a su pareja del pezón izquierdo y la boda se hace y se confirma. Después de esta ceremonia preliminar se entregan al baile ...entonces todos al mismo tiempo toman petates de hojas de palma que han sido preparados con regocijo... Estas prácticas son llevadas a cabo en el bosque no lejos del poblado y son practicadas aún por los grupos de indígenas que trabajan para los españoles... ya que presencié tal ceremonia y tomé a los participantes por sorpresa bailando en el bosque a cierta distancia de las habitaciones.

Al sepultar los muertos, todas estas naciones exceptuando a los apaches, ya sean paganos o recién convertidos han tenido la costumbre de sepultar con ellos sus muebles y sus ropas, su platillo favorito, una cuenca de agua, etc. Tal es su fidelidad a los muertos que para evitar esta costumbre entre los pimas de las Sierras, los Padres Misioneros tienen que permanecer junto a la tumba hasta que haya sido bien llena.

Observaciones como éstas- y no son sólo una pequeña muestra- indican que Nentuig tenía un agudo sentido de las diferencias entre los indígenas de Sonora. En otras palabras, no estaba pensando en términos de indígenas en general, ni se formó un estereotipo de cada una de las tribus En vez de ello observó y escuchó cuidadosamente, y a partir de su experiencia fue capaz de dar una descripción sistemática de las costumbres de cada una de las tribus de Sonora. Su punto de vista acerca de las costumbres que conoció es muy definido. Condena la resistencia ópata al mejoramiento de las técnicas de tejido, indicando que ha razonado e intentado convencerlos pero sin éxito; está complacido con los pimas por su disponibilidad comparativa para adoptar nuevos mecanismos de ahorro de tiempo. Alaba a todas las tribus de Sonora como no-idólatras y expresa satisfacción sobre la facilidad con que los ópatas han sido convencidos de renunciar a sus supersticiones. La ceremonia de la lluvia le parece absurda e infantilmente ingenua. Sus observaciones públicas en las que los líderes exhortaron y dieron sermones parecen estar cargadas de rencor y no vio en éstas orden o propósito y pensó que los líderes indígenas eran mensajeros del diablo. Uno puede adivinar que sus esfuerzos para romper esas reuniones fueron una experiencia desagradable para Nentuig y que la música tenía un efecto deprimente. Se escandaliza, aunque se interesa, por la sexualidad desinhibida de los matrimonios ópatas y desaprueba la costumbre de poner las pertenencias personales en la tumba. Podemos ver desde estas expresiones de opinión la dirección que los esfuerzos de Nentuig tomarían para cambiar a los indígenas -por ejemplo, el mejoramiento de la tecnología, la renuncia de todas las ceremonias nativas, la sustitución de los líderes y oradores nativos por el misionero y la supresión de expresiones sexuales abiertas. También podemos ver algo del conocimiento de Nentuig sobre el material humano con el que estaba trabajando.

Muestra su conocimiento de ciertas características del comportamiento indígena que eran de importancia primordial en el programa misional. Dice: parece increíble que muchos de los parientes, aún esposos o esposas, cuando los tienen, no saben nada del indígena fugitivo, pero es cierto que no se da noticia, ni al magistrado ni al padre ministerial, hasta que se le echa de menos en el poblado, y entonces, es imposible, aún con el ofrecimiento de minas de oro, y prometiendo conservar el secreto acerca de quien dijo, el hacer que alguno diga la dirección que tomó el fugitivo. Y aquí encontramos de nuevo una contradicción en su disposición; la inviolabilidad del secreto al ayudarse mutuamente, no obstante su inconstancia y su inestabilidad. Nentuig estaba en el umbral de comprender los conflictos que la vida misionera impuso sobre las sociedades indígenas. Continuó diciendo: En vista de esta y muchas otras contradicciones ha encontrase cada día en su carácte,r debemos notar que no solamente en el hemisferio en que ellos viven pero en su temperamento, costumbres e inclinaciones estos indígenas Americanos son lo opuesto a toda la demás gente. A pesar de su estado inculto, con todo tienen un motivo; y gracias a la incesante labor, la mala semilla está siendo erradicada, y tanto como su disposición lo permita, se puede formar un bien común no sólo políticamente, sino también Cristiano.

Esto -gracias a Dios- hemos obtenido principalmente entre las naciones ópatas y eudebes, las cuales al ser más devotas al cultivo de la tierra y a la crianza de ganado, son más fieles a sus poblados y mejor instruidos en misterios de nuestra Santa Fe. Provoca muchos problemas y ansiedad hacerlos que se deshagan de una frase que debió haber sido inventada por el enemigo de la raza humana. A todo lo que escuchan (sin importar de quien y, que no han visto con sus propios ojos, dicen: "Sepore ma de ni thui". Tal vez hablas la verdad. Hasta que el Padre Ministerial puede deshacerse de esta frase de sus neófitos no pueden tener la fe requerida por la infalible autoridad de Dios y la iglesia.

Estos párrafos contienen lo esencial del acercamiento de Nentuig a los indígenas. Está consciente de comportamientos específicos y ha estado interesado en aprender y escribir el lenguaje indígena como lo indica la frase en ópata. Está consciente que esta frase es la llave a una resistencia básica exhibida para aceptar la doctrina cristiana. Tal vez no estaba consciente de que era parte básica del punto de vista ópata pero por lo menos tenía una pista. Sabía que el dogmatismo acerca del mundo espiritual era una idea difícil de aceptar; estaba consciente de que tenían elementos de defensa en lenguaje y cultura contra los dogmas. Estos aspectos de Nentuig, basados sobre sus profundas observaciones del comportamiento a su alrededor, tal vez lo hicieron un misionero muy efectivo pero también le provocaron un sentimiento general de frustración, aunque no tan profundo como en Neumann, y aunado a una comprensión más completa y profunda de la situación.

Su frustración es resumida en una caracterización general de los indígenas de Sonora, que utilizó como prólogo para sus comentarios de penetración sobre tribus en particular. En relación con el carácter y disposición de los indígenas en general, aunque a varios es imposible definirlos, debo reportar el juicio formado por mi constante intercambio de doce años con diferentes naciones... la disposición de los indígenas descansa sobre cuatro cimientos, cada uno peor que el otro, y estos son: ignorancia, ingratitud, inconstancia, y flojera. Estos son los pivotes sobre los que se mueve y gira la vida de los indígenas.

Su ignorancia los lleva a comportarse como niños y a actuar como tales a pesar de sus grises cabellos, los que probablemente por esta razón, aparecen ocasionalmente y tardíos. Su ingratitud es tal que quien quiera hacerles un bien debe armarse con la firme resolución de hacerlo por Dios; ya que, si se espera gratitud de ellos, es seguro que se perderá capital e interés al primer choque de rechazo.

Su inconstancia empuja a sacerdotes ministeriales, jueces civiles y oficiales militares a observar constantemente sus movimientos, particularmente de aquellos recientemente admitidos en la Iglesia; ya que un solo descontento, un molesto hombre altanero, como un Luis del Saric, con la reputación de ser un agitador, es suficiente para causar la ruina de una nación eterna...

Su flojera y horror hacia todo tipo de trabajo es tan grande que ni la exhortación u oraciones, ni aún mucho menos la amenaza de castigo por las autoridades, son suficientes para hacerlos, por el sudor de sus cejas, procurar el necesario sustento de la vida por medio de arar sus propias tierras. Este amor a la inactividad los conserva pobres y necesitados, así que el padre ministerial tiene que proveerles la mayor parte del año con alimentos y ropa, si desea que acudan a las instrucciones en su poblado, y no acudir a las minas de oro de placer ni a los asentamientos mineros, donde en un corto tiempo olvidan las enseñanzas y la Cristiandad que por muchos años y con indescifrables trabajos se les ha impartido, y aprender en unos cuantos días los vicios de los cuales no tenían conocimiento en sus poblados.

El juicio de Nentuig es muy diferente al de Neumann. No los acusa de ser personas deshonestas y con doble rostro. Se reserva tales críticas para la aplicación de su comportamiento en tipos de situaciones en particular. Pero Nentuig, al igual que Neumann, describe en términos de valores europeos el comportamiento que sobresale de la situación de contacto. Las debilidades del comportamiento indígena desde su punto de vista son ignorancia, la que él cree que puede ser corregida ya que los ópatas razonan; ingratitud, esto parece indicar que los ópatas no calificaron el comportamiento del misionero como éste lo hizo con ellos, o más probablemente que Nentuig no entendió las expresiones de gratitud vigentes entre los ópatas; la inconstancia es una queja común de ambos lados de la línea en situaciones de cruzamiento cultural; y la flojera era la queja universal de los europeos y era sintomática de las profundas y ramificadas diferencias entre la cultura occidental y la indígena de ese tiempo en relación con el trabajo económico. Las generalizaciones de Nentuig parecen ser más aplicables que las de Neumann pero todas son descripciones del choque de valores en el escenario del contacto en vez de formar parte de la estructura del carácter indígena. Aún así, Nentuig estaba convencido que el mejor programa para traer la paz a Sonora debería ser a través del exterminio de seris y pimas.

Estos cuatro bocetos de los misioneros como mensajeros de la cultura europea se ofrecen como ejemplos de cómo el hombre blanco puede ser visto al trabajar dentro de las instituciones fronterizas y como parte del mecanismo de transmisión cultural. Una muestra representativa de los mensajeros de la cultura española debería incluir a franciscanos así como a jesuitas, misioneros de derivación española como Andrés Pérez de Ribas y Benavides, capitanes y alcaldes mayores, soldados de infantería, esposas de los gobernadores, y otros más. Una galería bien descrita, escogida cuidadosamente y con representatividad, mejoraría nuestra comprensión del "contacto de culturas" en el noroeste de Nueva España.