EL PROGRAMA ANGLOAMERICANO
Cuando los angloamericanos entraron en contacto con los indígenas del Territorio de Nuevo México en la década de 1840 ya tenían doscientos años de experiencia de trato con indígenas. Esta influyó sus actitudes y sus objetivos en las relaciones de trabajo con navajos, pueblos, pimas, apaches, y yumas. Las principales influencias provenían, en primer lugar, de la naturaleza de los indígenas con quienes habían entrado en contacto hasta ahora y segundo, el programa indígena que había heredado de Gran Bretaña. Los indígenas que conocían eran los de la región de los Grandes Lagos, del sudeste de los Estados Unidos y los de las Grandes Planicies. Todos ellos daban gran importancia a la cacería y a la recolección de frutos aunque los del este también practicaban la agricultura aunque no vivían en comunidades fijas como las de los pueblos. Cuando los angloamericanos entraron en escena los indígenas de las planicies habían abandonado la agricultura por la cacería del bisonte y el saqueo de las tribus vecinas y se formaron un estereotipo de indígenas como grupos nómadas adictos a la guerra y estaban listos para aplicar la misma generalización cuando llegaron al sudoeste. Los sedentarios pueblos fueron una sorpresa y al principio los consideraron gente "civilizada". Los pimas gila también sorprendieron a algunos angloamericanos como "los más civilizados en los Estados Unidos". Los primeros intentos para desarrollar relaciones de trabajo fueron caracterizados por una distinción entre indígenas "civilizados" y "salvajes". La clasificación que los españoles aplicaron para todos los indígenas, la de "bárbaros", estaba basada en creencias y comportamiento religioso y entre los angloamericanos fue reservada para los que se opusieron a la invasión.
Otra diferencia entre angloamericanos y españoles fue el débil desarrollo angloamericano de un sentido de misión para civilizar. El programa español estuvo basado desde el principio en el concepto de obligación de cambiarlos de bárbaros gentiles a buenos cristianos. En ausencia de este enfoque religioso los angloamericanos concibieron su misión de civilización en términos de mejoramiento tecnológico de la agricultura y forma de vida indígena. Pero este sentido de misión se desarrolló lentamente y el acercamiento angloamericano fue dominado por la idea de empujarlos del camino y mantenerlos apartados. En términos generales los colonos pensaron en el exterminio o aislamiento forzado en lugar de la conversión.
Bases Históricas del Programa Angloamericano
Siguiendo a Inglaterra en su acercamiento indígena durante la colonización americana, el gobierno de los Estados Unidos no tenía un programa de "civilización" en 1840. En contraste con España, Inglaterra había concebido a los indígenas como la continuación de la existencia de naciones separadas y fuera de la organización política de Gran Bretaña. El gobierno británico no organizó una campaña para la conversión de los indígenas al cristianismo y se propuso adquirir tierras por medio de compras, simple apropiación de áreas desocupadas, por conquista o por medio de tratados donde fuera necesario. El acercamiento básico fue de tribus como naciones separadas con quienes se debería hacer tratos para la coexistencia. Los colonos violaron los tratados hechos en su deseo de adquirir cada vez más grandes cantidades de suelo y se expandieron continuamente manteniendo una frontera hostil con las diferentes tribus. Entonces el gobierno británico llevó a cabo la negociación de tratados que garantizaran ciertas áreas a las tribus para lograr relaciones estables. En el largo periodo anterior a la formación de los Estados Unidos los británicos no concibieron un imperio que incluyera a los indígenas como parte integral. Mientras que los colonos empujaban hacia el oeste se desarrolló un territorio habitado europeos con pocas comunidades indígenas. Algunos grupos de indígenas permanecieron como un rezago de conquista dentro de los límites de las colonias británicas, no hubo sus derechos de tierras y de gobierno fueron ignorados y ni se intentó incorporarlos como ciudadanos. Existieron como objetos de caridad con un status humano dudoso. En la frontera de expansión europea el gobierno británico intentaba detener la guerra por medio de nuevos tratados con las tribus como naciones extranjeras.
Este acercamiento fue adoptado por los Estados Unidos en 1776. La base era el concepto de nación completamente no-indígena que podía crecer empujando a los indígenas al oeste donde serían libres de vivir como quisieran siempre que fueran pacíficos con los blancos de la frontera de su territorio. A principios del siglo XIX se hizo obvio que el avance angloamericano estaba sobrepasando el movimiento al oeste de los indígenas a pesar de que miles de indígenas se habían mudado más allá de las Montañas Apalaches. Algunas tribus como los iroquíos y los cherokee, se habían negado a mudarse de sus tierras y otros en la región de los grandes Lagos ofrecieron resistencia. En la década de 1830 el concepto de énclaves (zona enclavada en territorio extranjero) surgió en la nación americana o como lo expresó el Jefe de la Suprema Corte de Justicia John Marshall; "naciones domésticas dependientes". Los iroquíos y los cherokee estaban legalmente definidos dentro de estos términos angloamericano. Los asentamientos se expandieron alrededor de estas tribus pero no eran individuos desorganizados sino comunidades organizadas políticamente ya que los cherokees habían adoptado una constitución propia con su capital política y una forma de gobierno representativo. Como "naciones domésticas dependientes" se consideraba que ahora tenían el derecho legal al suelo que ocupaban pero no eran unidades políticas formalmente integradas a los Estados Unidos. No hubo autoridad alguna que los conectara con los blancos como en el caso del sistema español de alcaldes. Las leyes de Estados Unidos no se aplicaban en el interior de su territorio y no había programas del gobierno enfocados a cambiar sus creencias o sus costumbres. Los misioneros trabajaban entre ellos de manera individual sin apoyo militar o de cualquier otro tipo por parte del gobierno. Además, las mismas autoridades del gobierno no aceptaban el concepto de "naciones domésticas". En la década de 1830 el presidente Jackson intentó desalojar el territorio indígena y entregarlo a los colonos.
En 1832 se hizo una propuesta para crear una región al oeste del río Mississippi -dentro de territorio indígena- y enviar ahí a todas las tribus. Se esperaba que pudieran seguir viviendo como indígenas en la tierra que los blancos les permitirían utilizar. Miles de indígenas fueron transportados con o sin su consentimiento y procedieron a elaborar sus propias formas de gobierno local sin la interferencia de los angloamericanos. Aislar a los indígenas de los blancos tanto como fuera posible y dejarlos que tomaran su propio camino fue de los conflictos sobre posesión de la tierra y a su forma de vida. La idea de incorporarlos como ciudadanos de la nación americana, tal como los españoles y los mexicanos lo habían visualizado, parecía ser algo indeseable para los angloamericanos. Este fue el punto de vista que dio pie al programa de reservaciones cuando se encontraron con más y más indígenas al oeste del río Mississippi y se hizo notorio que el territorio indígena podía servir tan sólo para una pequeña fracción de las tribus.
El Contenido del Programa angloamericano
El concepto de reservación dominó el pensamiento angloamericano cuando los Estados Unidos adquirieron de los mexicanos, por medio de invasión y compra, la amplia área habitada por indígenas que incluía Nuevo México y Arizona. En 1846 la primera actividad del general Kearny y el agente indígena Calhoun fue la negociación de tratados con todos los indígenas que pudieran contactar. Se les consideraba como formas de asegurar la paz para la expansión angloamericana y, aunque menos obvio hasta ese momento, asentar límites territoriales donde los indígenas deberían permanecer. Era notorio que el contenido del programa era extremadamente simple hasta entonces. Los tratados con navajos, pueblo del este y más tarde con apaches, eran solamente acuerdos de paz que no incluían declaraciones acerca de los límites territoriales, ni siquiera incluían promesas de que los blancos no se asentarían en su territorio. Al contrario, se asumía que habían adquirido todo el territorio y que eran libres para establecerse donde ellos desearan y a pasar a través del territorio; una vez más los derechos indígenas no eran reconocidos. Una paradoja -el reconocimiento indígena como unidad política capaz de hacer tratados pero sin derechos sobre la tierra donde vivían- que no proporcionó bases para el mutuo ajuste de intereses y que era el reverso del programa español que reconocía los derechos indígenas sobre la posesión de la tierra pero no su independencia política de España.
Pero existía un concepto que crecía entre las autoridades de un plan para "civilizar a los indígenas". En 1849 el Departamento de Guerra transfirió la gerencia de Asuntos Indígenas al Departamento del Interior. El nuevo programa requería de autoridades civiles conocidos como agentes indígenas cuya función era la de promover las relaciones pacíficas entre indígenas y colonos. No estaba clara la manera de llevar a cabo este trabajo. Calhoun, el primer agente para el territorio de Nuevo México, escribió acerca de la necesidad de ayuda para los pueblo en las labores agrícolas. Los pimas recibieron herramientas agrícolas en la década de 1850. Era notorio que había un concepto de asistencia técnica y por ello de desarrollo económico con el que el gobierno se proponía ayudar a los indígenas pacíficos.
Algunos hechos entre 1850 y 1875 le dieron al programa una forma que parecía haber tomado en consideración los programas de mexicanos y españoles. Fue una serie de hechos y no principios teoréticos lo que dieron forma al programa angloamericano. El nuevo programa mantenía sus bases sobre el principio de "nación doméstica" que había cristalizado la expulsión de los cheroques de territorio indígena. El avance de los angloamericanos al oeste del río Mississippi los llevó al conflicto inmediato con varias de las tribus de cazadores de bisontes y su conquista requería de acción militar intensa. Aunque después de la conquista era posible transportar a algunos a territorio indígena, la mayoría de ellos no podían haber sido mantenidos ahí y se desarrolló el sistema de reservaciones. Era una aplicación del programa de paz por medio del aislamiento y consistía en forzar a los conquistados al interior de las regiones menos deseadas por los colonos y mantenerlos ahí por la fuerza. La base para la concentración de las tribus de las planicies era un tratado hecho con cada una en la que se les garantizó la paz dentro del territorio asignado; a cambio prometieron protección contra la invasión de colonos y la entrega de pagos en efectivo o en especie. Esto significaba que se volvieran dependientes de una tierra que no podía proporcionarles la base de sus necesidades de cacería y recolección. El gobierno tomó la determinación de apoyarlos con raciones por un tiempo determinado. Era claro que si después de un tiempo tenían que volverse autosuficientes, había que tomar medidas para que se establecieran como ganaderos o agricultores y para esto se necesitaba la ayuda del gobierno basada en la existencia de los recursos naturales. Esto significaba que las autoridades del Departamento del Interior estaban obligadas a tomar medidas para impulsar el desarrollo económico y educativo de los que estaban siendo obligados a vivir en las reservaciones. Las tribus de las planicies fueron conquistadas una tras otra por la caballería y llevadas a las reservaciones d el oeste mientras que el Buró Indígenas desarrollaba un "programa para su civilización".
La práctica del aislamiento aplicado a las tribus de las planicies fue motivada por las acciones del gobierno en los territorios de Nuevo México y Arizona. Para 1880 navajos, apaches jicarilla y mezcalero, pimas, yumas y mohaves ya habían recibido este trato. Los pueblo del este y los zuni estuvieron a punto de recibirlo pero gozaban de una situación diferente ya que los Estados Unidos fueron obligados a reconocer sus derechos de posesión de tierra gracias a las viejas concesiones españolas reconocidas en el Tratado de Guadalupe Hidalgo. Después de reconocer la anómala situación de tratar con los indígenas como naciones independientes, en 1872 el Congreso de los Estados Unidos prohibió hacer más tratados con cualquier tribu indígena. Esto implicaba el reconocimiento de un problema que atentaba contra la incorporación social, económica y política de los indígenas a la nación. Forzados por las circunstancias, se dieron cuenta de la necesidad de involucrar a los indígenas y de la necesidad de algún tipo de programa para su integración. El programa de aislamiento padecía de miopía. El territorio apache de White Mountain estaba siendo presionado por mineros y colonos mormones. No había un solo lugar que pudiera ser considerado como un área de aislamiento permanente y ya que este era imposible había que considerar la forma y los medios para su integración. Durante la década de 1880, motivados por problemas con los apaches, autoridades y ciudadanos se involucraron en un programa de civilización que parecía lógico y aplicable por quien supiera algo de asuntos indígenas.
Terminado finalmente como el Artículo Dawes de 1887 había muchos intereses de la cultura angloamericana influenciando al Buró Indígena. Entre los influyentes estaban las iglesias protestantes que habían hecho trabajo de evangelización entre los indígenas, organizaciones de ciudadanos como la Asociación de Derechos Indígenas que había sido fundada para luchar a favor de los derechos indígenas fundamentales de manera similar a la de Bartolomé de las Casas tres siglos atrás, y la fracción liberal del Partido Republicano bajo el liderazgo de hombres como Carl Schurz. Pero los indígenas no pudieron participar en la formación de este programa ya que no existía ningún sistema para su representación y no eran ciudadanos.
Los angloamericanos que visualizaron el programa incluyeron un elemento principal que los mexicanos estaban intentando aplicar desde 1824. Esta era la idea de asignar porciones de tierra a las familias indígenas y fue parte central en el desarrollo del programa. Se pensaba que los indígenas debían ser civilizados y que la base de la civilización consistía en la habilidad para manejar la propiedad individual. Se pensó que como resultado de esta experiencia vendría la responsabilidad y el despertar de la conciencia en las obligaciones como ciudadanos. Si la tierra que había sido entregada como reservaciones fuera asignada de manera individual estimularía el mejoramiento económico. Sobre esta base florecería la prosperidad y el deseo de ser como los angloamericanos. Se derretirían los lazos tribales que se creía que conducían a la irresponsabilidad individual y a la pereza y los indígenas participarían dentro de la nación americana.
También se creía que las sociedades indígenas junto con sus influencias barbáricas podrían ser desarticuladas más rápidamente si todos los niños indígenas fueran educados en escuelas de angloamericanos con o sin el consentimiento de sus padres. Parte del programa consistía en la fundación de escuelas albergue donde la educación fuera obligatoria para los niños separados de sus padres y de sus comunidades. Un concepto similar a las escuelas para hijos de caciques en la Nueva España.
Un tercer aspecto del programa incluía la supresión de ceremonias religiosas que ofendían a los misioneros y a las instituciones educativas que querían inculcar sus creencias y códigos morales. El Buró Indígena elaboró un Código de Ofensas Religiosas y procedió a llevarlo a la práctica. También proporcionó fondos a varios grupos religiosos para fundar escuelas asignando reservaciones a diferentes denominaciones.
Este programa de triple acercamiento -posesión individual de la tierra, educación obligatoria, y reemplazo de religión- difería en dos aspectos del programa español de la fase final de dominación indígena. Uno era el énfasis en la educación lejos de la comunidad indígena que contrastaba con el programa de los misioneros, aunque esto era solo cuestión de énfasis, dado que los españoles también habían tenido la idea de escuelas para los hijos de los caciques lejos de sus casas y estas escuelas eran administradas por religiosos. Pero la diferencia era fundamental; la participación política. Los angloamericanos no tenían un plan para desarrollar la participación política y la ciudadanía estaba condicionada por la habilidad para manejar de manera individual una parcela. No se formaron instituciones entre los existentes gobiernos tribales y la organización política nacional; las comunidades en las reservaciones seguían en el aislamiento político. Además cuando los gobiernos tribales se opusieron al programa de asignación de lotes, fueron ignorados y el gobierno continuó con su programa agrario. Ni siquiera se fundaron instituciones substitutas.
En lugar de la organización política que intentaron desarrollar los españoles y posteriormente los mexicanos, los angloamericanos instituyeron un control administrativo por medio de agentes que tomaron residencia en las reservaciones. El agente se comportaba como un miembro de la jerarquía gubernamental administrando los fondos asignados a la reservación, la asignación de lotes y las complejidades que esto provocó, todo con la absoluta falta de control indígena. El agente daba órdenes a un grupo de empleados; generalmente a un técnico en agricultura y a uno o dos maestros. El técnico estaba a cargo del programa de asistencia de desarrollo agrícola, ganadero y otras actividades de subsistencia. Lo que hacían el técnico, los maestros y el agente estaba determinado por las autoridades del Buró Indígena que elaboraban el programa en Washington. Además de las funciones de proporcionar asistencia técnica, asignación de lotes y de asegurar alumnos para la educación obligatoria, una función principal del superintendente -agente- era la de proteger a los indígenas de las invasiones de colonos. Fue así como cada reservación se convirtió en un pequeño departamento del gobierno federal dentro de un estado que ya no estaba aislado geográficamente pero que permanecía en el aislamiento político y social. Sin control sobre los asuntos de las reservaciones la población estatal desarrolló un antagonismo hacia ellas y no había manera de resolver el conflicto a nivel local.
Solo una parte del programa del Buró Indígena fue aplicada a las reservaciones en los estados de Nuevo México y Arizona y lo que consideraban como elemento fundamental -la asignación de lotes- nunca fue llevado a cabo. Las complicaciones que se desarrollaron en otras partes, provocadas principalmente por esfuerzos para adquirir tierras indígenas tan pronto como recibían los títulos de propiedad, provocó el que el programa fuera abandonado gradualmente. Solo pequeñas porciones de las reservaciones Navajo, Pima, Pápago y Río Colorado fueron seccionadas. Aun en los casos donde se llevó a cabo la asignación no se les dio seguimiento al programa así que con la excepción de una pequeña parte de la reservación Navajo, estas reservaciones no fueron abiertas al asentamiento angloamericano y permanecieron intactas.
La aplicación del Código de Ofensas Religiosas fue una tarea imposible, aunque los indígenas se enteraron de la desaprobación de algunas de sus prácticas religiosas, los intentos de supresión provocaron su celebración de manera encubierta. Las escuelas de los misioneros reemplazaron parte de la religión nativa no lograron el reemplazo total sino la creación de una diversidad de creencias y prácticas de culto.
La aplicación del programa de escuelas albergue se extendió a través de las tribus del sudoeste y una cuarta parte de las generaciones entre los años 1880 y 1900 experimentaron la vida en una de ellas pero la mayoría de regresó a las reservaciones para participar de la cultura indígena en un mayor o menor grado.
Los efectos más fuertes de las pólizas del Buró Indígena fueron provocados por la influencia del superintendente y su equipo en el desarrollo de las comunidades. Sin la asignación de lotes en las reservaciones, los superintendentes se concentraron en los recursos de las reservaciones, principalmente en lograr un mayor desarrollo de la agricultura y la ganadería. Paralelamente con los esfuerzos del gobierno federal de crear sistemas de riego para los colonos, el Buró Indígena y su equipo de ingenieros se dedicó a aumentar la extensión de tierra irrigable, en el mejoramiento de las cosechas y en el aumento de tierras de pastoreo en la mayoría de las reservaciones. Los logros no fueron enormes en términos del número de acres, comparados con los proyectos angloamericanos, pero se logró un aumento de acres en cada reservación a pesar de la apropiación de recursos acuíferos por parte de los colonos.
Con una actitud paternal el superintendente de cada reservación gradualmente creó pequeños grupos de comunidades y los técnicos se dedicaron a planear y ejecutar mejoras del sistema de riego. El superintendente escogió indígenas para trabajar con él y sus técnicos y asignaba sueldos por empleos como jefe de canales; anteriormente los hombres lo hacían como una obligación comunitaria. El superintendente, como en el caso de la reservación de San Carlos, asignó nuevas tierras que sus ingenieros hicieron productivas y escogieron tierras para su mejoramiento. Eligió policías para que cuidaran el orden y les asignó un salario. Actuó como juez o como último recurso para los jueces indígenas en los castigos por delitos dentro de la reservación. Autoridades pagados por el gobierno planearon, edificaron y administraron escuelas sin la participación indígena en el comité escolar. Este era un sistema de financiamiento y administración en el que los indígenas no tenían voz ni voto y los problemas eran resueltos por distantes autoridades del gobierno. Los problemas se solucionaban por medio de dinero asignado por el Congreso Nacional. La única participación indígena era en las labores del "desarrollo de la reservación" como trabajadores asalariados.
La meta principal durante el periodo de 1890 a 1940 era la creación de grupos de comunidades autosuficientes dentro de sus reservaciones. Entre los pimas gileños esta meta tomó forma para convertirlos en pequeños agricultores de diez acres de tierra de riego y los navajos como criadores de ovejas. En todas las reservaciones se intentó convertir el terreno que arbitrariamente se había dejado de lado en una unidad económica autosuficiente. Esto contrastaba con el desarrollo económico de la región donde las granjas eran cada vez más grandes y con una agricultura más mecanizada. Los errores en la formación de la reservación y en el sistema paternal de administración del gobierno provocaron la creación de arreglos en desventaja con la tendencia de desarrollo económico de la región.
Pero el programa gubernamental no era estático y se caracterizaba por constantes cambios de dirección. No solamente había constantes cambios de autoridades, los superintendentes duraban un promedio de tres años, sino que dependiendo de cada Comisionado de Asuntos Indígenas y del interés del Congreso Nacional había cambios en el programa. Hubo un cambio drástico en 1934 cuando se aprobó el Acto de Reorganización Indígena. Este no solo detuvo la asignación de lotes y dio un giro a la escuela albergue a favor de escuela diurna en la reservación, sino que por primera vez se hizo un esfuerzo para buscar la integración política con el resto de la nación y en 1924 se intentó lo que el gobierno mexicano había buscado cien años atrás. En ese año el Congreso Nacional decretó que todos los indígenas eran ciudadanos de los Estados Unidos. Una vez que ya no estaba condicionada a la habilidad de administrar un pedazo de tierra de manera individual, la ciudadanía trajo consigo todos los derechos y las obligaciones de un ciudadano de los Estados Unidos siempre y cuando el indígena viviera fuera de la reservación y había diferencias si vivía dentro de la reservación: no pagaría impuestos por la tierra que el gobierno le tenía asignada, no podía participar del gobierno local y seguía sujeto al superintendente del Buró Indígena. Si vivía en una reservación fuera de los estados de Arizona y Nuevo México podía votar en elecciones federales y estatales y hasta 1949 no tenían permitido votar en esos estados por diferentes razones.
El Acto de Reorganización Indígena de 1934 propuso por primera vez en la historia de los Estados Unidos iniciar la integración política. Lo que esto proponía era una comunidad de transición parecida a la comunidad misional de los jesuitas en la que tenían una forma de gobierno español local, no estaban sujetos a pagar impuestos (tributo) por un periodo de tiempo y conservarían la tierra de manera comunitaria. Se hizo la propuesta del ARI y las tribus de Nuevo México y Arizona aceptaron un plan para la aceptación de un gobierno de representación tribal dentro de las reservaciones, con la excepción de los navajos y los pueblo del este. Esta era una forma constitucional y las constituciones debían ser escritas haciendo alusión a la estructura social de la tribu con la ayuda de técnicos del Buró Indígena. Los consejos tribales formados sobre esta base tenían jurisdicción dentro de sus reservaciones con la excepción de diez crímenes mayores que desde 1885 eran manejados en cortes federales. Tenían autoridad para aplicar impuestos y poderes sobre los miembros de la tribu; todo definido por ellos mismos. No tenían relaciones formales con los gobiernos locales ni estatales, su único canal de comunicación sería a través del Buró Indígena. Esto era una peculiar forma de aislamiento institucional y no una parte de la estructura política de los Estados Unidos. Esto fue considerado como una forma para conocer el tipo de gobierno constitucional de los Estados Unidos. Junto con sus poderes para manejar los recursos tribales; bosques, minerales, etc., era una escuela para aprender a trabajar políticamente a la manera angloamericana. Había sido necesario que pasaran casi cien años para que el Buró Indígena pensara en un mecanismo de transición y fue aplicado después de que por generaciones habían vivido bajo el sistema de superintendencia y aun entonces este sistema no fue abolido.
Al proporcionar esta nueva forma de organización para las reservaciones, el ARI provocó un cambio fundamental en la estructura de las comunidades. Cuando los colonos presionaron a las reservaciones, el Buró Indígena se dio cuenta de la necesidad de algún tipo de organización política para las tribus. Por la necesidad de contratos para la explotación de los recursos naturales de las reservaciones por empresas angloamericanas, el Buró Indígena asignó grupos de voceros de las tribus. Estos individuos, electos por el superintendente, actuaron como "consejeros" en asuntos tribales y firmaron documentos legales cuando fue necesario como en el caso de la explotación de petróleo en la reservación Navajo. No eran cuerpos representativos sino parte del régimen paternalista del superintendente que los seleccionaba para representar a la tribu. Esto aumentó el control del superintendente en asuntos de la reservación. En principio era un sistema de representación que modificaba el control del superintendente.
El ARI estableció nuevas formas para romper con el aislamiento social de las reservaciones. El elemento más importante consistía en el Acto Johnson-O´Malley que permitía que el Buró Indígena o los concilios tribales contrataron servicios con gobiernos estatales o con empresas privadas. Bajo este artículo se hizo posible la educación de los niños en escuelas estatales y del condado para que de esta manera los niños tuvieran contacto cercano con no-indígenas fuera de sus localidades. Se contrataron servicios de salud y de otros tipos a los gobiernos estatales o a grupos privados. Aunque permanecían muy separadas de los gobiernos locales las reservaciones comenzaron a participar más en la sociedad circundante y a cambiar la limitación virtual de contacto con las autoridades federales del buró.
La idea del programa del ARI era que la asimilación individual, como se había concebido en el programa anterior de asignación de lotes y de educación en escuelas albergues, desorganizaba la personalidad individual y comunal y que las influencias podían ser mejor asimiladas a través de la tribu como una entidad organizada y poder manejar las influencias externas. En cierto sentido era un concepto de comunidad de transición como la del programa jesuita. Las escuelas que el ARI impulsaba estaban diseñadas para que los niños se mantuvieran en contacto con sus padres y sus comunidades en vez de separarlos. Los consejos tribales deberían proporcionar liderazgo en las comunidades y eliminar el control del superintendente. El giro en el programa era una expresión de un punto de vista completamente diferente punto de vista de los asuntos indígenas. Entró en efecto al mismo tiempo que México estaba adoptando un nuevo enfoque. El hecho de que el régimen de Collier dentro del Buró Indígena fuera contemporáneo con la administración de Cárdenas en México no era accidental. Los puntos de vista acerca de la problemática indígena en ambos países era el resultado de actividades que se extendían a través del continente americano y que a finales de la década de 1930 se formara el Instituto Indígena Interamericano con oficinas generales en la Ciudad de México que buscó un acercamiento a los problemas indígenas basado en los efectos de los programas nacionales.
El programa angloamericano se caracterizó por haber cambiado desde una actitud de indiferencia hasta una preocupación intensa. Cambió de la ausencia de un programa para cambiar la cultura indígena a la existencia de uno de reemplazo: de posesión tribal de la tierra por la propiedad privada; de religión nativa con varias formas de cristianismo; de la economía indígena; y de la informal educación familiar por la educación en escuelas seculares. En términos de aspectos políticos de cultura, el programa dejó de considerar a las tribus como naciones independientes para considerarlas naciones dependientes enclavadas -sin control de sus relaciones externas pero con control sobre sus asuntos internos-, de comunidades administrativas bajo el control de un buró gubernamental a comunidades en transición con gobierno representativo. Para 1934 el programa del gobierno había eliminado cualquier intento de reemplazar las religiones nativas con religiones de la cultura occidental. Concentró su apoyo en el desarrollo de recursos naturales; caminos y otras formas de comunicación; en subsidiar la educación de escuelas seculares; y en subsidiar los servicios médicos. Finalmente había instituido organizaciones políticas dentro de las reservaciones pero hizo muy pocos esfuerzos para integrarlas formalmente a las organizaciones políticas fuera de las reservaciones. A pesar de todo el estado los había incorporado a la organización nacional en términos de sufragio e impuestos con la excepción de impuestos sobre la renta. Las condiciones especiales de las tierras indígenas y de gobierno indígena con jurisdicción limitada sobre los residentes fueron consideradas como anómalas por la mayoría de los angloamericanos y las presiones para alterar estas condiciones especiales fueron constantes.
LA NATURALEZA DE LAS COMUNIDADES DE CONTACTO
Como en México, los contactos con los invasores de sus territorios se llevaron a cabo bajo dos formas de condiciones muy diferentes. Por una parte hubo contactos dentro de las comunidades que tuvieron lugar en un tipo de comunidad que llamaremos "comunidad de reservación". Por otra parte hubo contactos en las comunidades que los invasores establecieron en territorio indígena -asentamientos fronterizos que iban desde ranchos aislados hasta pueblos mineros y villas de agricultores que crecieron dentro de los pueblos y ciudades de Arizona y Nuevo México.
La Comunidad de Reservación
A lo que nos referiremos como comunidad de reservación es una forma de agrupamiento social que sufrió considerables cambios durante el siglo de contacto. Pero hubo importantes características que tomaron forma desde el principio y continuaron sin cambio. Como la comunidad misional, era un tipo de unidad social y económica que tuvo un profundo efecto en el desarrollo cultural indígena.
Desde principios de la década de 1850 el Buró Indígena estableció agentes y construyó los edificios para vivir y trabajar con las tribus de Nuevo México y Arizona. El Buró Indígena estableció agentes en Sacatón, en la reservación Pima Gila; en Fort Defiance, Tuba City, Leupp, Shiprock, y en Window Rock en la reservación Navajo; en San Carlos, Fort Apache y Whitewater entre los apaches; en Parker y Yuma en el río Colorado; en Peach Springs y Truxton entre los wapalai; en Cañón Havasupai; en Black Rock, en la reservación Zuni; en San Xavier y Shells en las reservaciones Pápago; y en Cañón Keams de la reservación Hopi. Estos dieciocho establecimientos crecieron durante el siglo hasta convertirse en comunidades con una población que variaba desde unas cuantas docenas hasta varias centenas de habitantes. Estos lugares se convirtieron en puntos focales de contacto con autoridades de gobierno y por lo tanto de contacto formal con la cultura angloamericana. Las familias indígenas que conseguían empleo en las agencias se mudaron a vivir permanentemente cerca de ellas. Las tiendas de los comerciantes generalmente crecieron cerca de ahí. El número de oficinas creció con rapidez y fue hasta 1934 que se establecieron oficinas para el gobierno tribal. Varias denominaciones construyeron templos para reunir a sus congregaciones. Estas comunidades fueron escenario de visitas de autoridades estatales y federales, turistas, estudiantes de cultura indígena, y una gran variedad de personas que tenían negocios o intereses con los indígenas.
Igual que la misión jesuita o franciscana la agencia era un brazo de una jerarquía organizada con alcances directos al interior de las comunidades. Igual que un misionero jesuita o franciscano el superintendente no era responsable ante los indígenas sino solamente ante sus superiores en la jerarquía del Buró Indígena. Los superintendentes se diferenciaban en cuanto a su sentido de la responsabilidad y algunos eran profundamente responsables, pero esos sentimientos podían ser expresados únicamente dentro del marco de trabajo del buró. Aunque diferían enormemente, sin duda en mayor grado que los misioneros, carecían de la intensa disciplina que caracterizaba a los misioneros. Los núcleos de la agencia eran iguales entre sí como un símbolo de la pérdida de autonomía indígena. Aunque es posible que hayan solicitado ayuda o servicios del gobierno federal, no se sabe de un indígena que solicitara la instalación de una agencia en su territorio. La dominación política no exigía que los individuos acudieran a misa -como con los españoles- ni la aplicación de impuestos -como con los mexicanos- pero incluía soportar el núcleo de la agencia.
Un núcleo comenzaba con un edificio pequeño como oficina y una casa para el agente y su familia. Eran sencillas construcciones rectangulares de piedra de un estilo arquitectónico acorde con la época y construidas por mano de obra indígena. Rápidamente se agregaban edificios en todos los núcleos; una escuela, casas para los maestros, una casa para el "agricultor", más oficinas para el programa de mejoramiento de la tierra, construcción de caminos, servicios de salud y conservación del suelo. Para 1950 un núcleo típico contenía casas para treinta o cuarenta empleados del Buró Indígena con sus familias y cinco o seis para oficinas, todas de estilo angloamericano y amuebladas a la moda de la época. Se construyeron casas más pequeñas y más económicas de estilo nativo para las familias de los trabajadores indígenas del Buró Indígena. Se construían una o dos tiendas por individuos que obtenían concesiones.
El núcleo de la agencia era una comunidad nueva entre las comunidades indígenas con características determinadas para propósitos angloamericanos. En este sentido era similar a las comunidades misionales que crecieron en el límite sudeste del territorio tarahumara pero se diferenciaban en que los angloamericanos no intentaron la reducción para concentrarlos alrededor de la agencia con la excepción de la reservación apache de San Carlos. La reducción no era parte del programa aunque se practicó de manera muy limitada en algunos casos como entre con los mohaves, havasupais y apaches.
A pesar del patrón de asentamiento el núcleo de la agencia era un tipo de comunidad muy diferente a los asentamientos de mineros y agricultores que rodeaban las reservaciones. Sus funciones eran totalmente diferentes por la forma como fueron concebidas por los angloamericanos y por la influencia que tenían sobre los indígenas. El núcleo de la agencia existió primeramente con el propósito de "supervisar" a los indígenas con enfoque en mantener la paz, un propósito que se expandió al de "civilizarlos" después de que el Buró Indígena aceptó esta función en la década de 1880. Debido a estos propósitos los angloamericanos que vivían en la agencia asumieron funciones especiales que no existían en los demás asentamientos angloamericanos que tendían a ignorar a los indígenas.
La autoridad del agente o superintendente sobre los indígenas era fundamental en el núcleo de la agencia. Durante los primeros treinta años de control angloamericano los agentes eran supervisores de la distribución de raciones; inspectores para el conteo diario de los militares; intermediarios en actividades comerciales con los blancos; distribuidores de beneficios en la agricultura y otras mejoras del Buró indígena. Iniciaron la organización y refuerzo de ley y orden organizando y con frecuencia armando policías indígenas. Al desarrollarse la paz las actividades del agente fueron enfocadas a actividades comerciales. Su función era el mejoramiento económico de la reservación y llevar a cabo el programa educativo del Buró Indígena.
Las funciones del superintendente estaban basadas sobre la conclusión de que los indígenas no tenían un gobierno que pudiera ejercitar control sobre sus funciones. La educación obligatoria era una medida concebida como un beneficio de lo que ellos pensaran y la asignación de lotes individuales fue llevada a cabo por órdenes superiores: se creía que las comunidades indígenas no podían participar en la elaboración de estos programas ni organizar su ejecución. Tanto los objetivos como su ejecución eran asuntos que concernían solamente a los empleados del Buró Indígena y cualquier organización indígena fue tratada como inexistente, excepto cuando pudiera ser utilizada para suavizar el trabajo del superintendente. El resultado inevitable fue la destrucción de muchos aspectos de organización comunitaria y entre los indígenas se desarrolló un fuerte sentimiento porque se les imponía todo lo que se hacía.
Ya que el poder del superintendente era impuesto y no existía la posibilidad de modificar sus acciones, se creó fuerte sentimiento de dependencia hacia él. La ayuda que estaba disponible -comida en tiempos difíciles, medicinas, herramientas, protección contra los invasores blancos- no podía ser obtenida por medio de la organización comunitaria sino a través de la oficina del superintendente después de una petición individual. Controlaba la distribución de tales beneficios y actuaba como un juez en casos de delito y castigo de manera que sus poderes incluían los aspectos sociales, políticos y económicos de las comunidades. Su grupo de empleados recibía órdenes sólo de él para llevar a cabo tareas como la construcción de canales de riego y si los indígenas tenían otro enfoque, no podía ser canalizado a través de los trabajadores de la obra, sino directamente con el superintendente. El superintendente se convirtió en un poder patriarcal en todas las reservaciones. Dependía de él si consultaba a los indígenas acerca de las tareas y si tenía esa tendencia era algo muy apreciado por los indígenas pero aun así ejercía la autoridad por imposición.
A través de la década de 1920 este sistema convirtió al núcleo de la agencia en un lugar donde se mudaban a vivir los indígenas que estaban aislados de su propia comunidad. Adoptaron comportamientos de los angloamericanos por haber vivido algunos años en la escuela albergue o por una inclinación personal de aceptar sus formas de vivir estaban dispuestos a aceptar la autoridad del superintendente y fueron de su agrado las ventajas del trabajo asalariado o el prestigio de trabajar entre los angloamericanos. Los indígenas de la reservación los clasificaron como "indios de agencia". Los superintendentes y su grupo de ayudantes consideraban a los "indios de agencia" como "los progresistas" y como "los conservadores" a los que se mantenían alejados. Los indígenas con quienes el agente establecía contacto no eran siempre los que aceptaban las formas angloamericanas; pronto evitaban el contacto con la agencia porque les desagradaba o porque desconfiaban de los "indios de agencia" y eran quienes dominaban los asuntos siempre que contaran con la aprobación del superintendente.
Para la década de 1930 el núcleo de la agencia se había convertido en una expresión de la cultura angloamericana por sus diferencias con cualquier otro tipo de comunidad en cualquier parte de los Estados Unidos. Era un lugar donde un enclave de varios empleados del Buró Indígena llevaban una vida separada y distinta de los indígenas a su alrededor. Había un fuerte sentimiento de castas que evitaba que indígenas y blancos se casaran o compartieran una vida social ordinaria. Los hijos de los empleados del Buró Indígena iban a diferentes escuelas que los hijos de los indígenas. Los indígenas tenían los trabajos menos remunerados y de menor prestigio en la agencia; no participaban en la elaboración de programas; los programas escolares eran impuestos desde arriba; cualquier sistema democrático de organización comunitaria que existía en los Estados Unidos estaba suspendido.
La base del sistema descansaba sobre la creencia de que no tenían la capacidad de gobernarse a sí mismos y como evidencia se señalaba su extrema dependencia de la agencia. También estaba basado en el cuadro de trabajo de Asuntos Indígenas sin proporcionar bases para reconocer el derecho el gobierno indígena como una institución reconocida dentro de la reservación. En la estructura social no hubo un mecanismo para resolver los conflictos que se desarrollaban en la reservación como resultado de la imposición sistemática de programas de agricultura, educativos, etc. Esto provocó un sentimiento de impotencia frente a la autoridad burocrática: había constantes cambios de los oficiales y el programa variaba de acuerdo a los hombres en el poder contribuyendo a un sentimiento de resignación y apatía. El sentimiento de los angloamericanos que vivían en la reservación fue de impotencia y llegaron a considerarlos incapaces de ser civilizados. Frustrados por el antagonismo indígena y sin un medio organizado para entrar en contacto cercano con ellos, los empleados del Buró Indígena sintieron que obtuvieron muy poco progreso en su trabajo excepto en el papel al reportarse con sus superiores.
Cuando los indígenas no eran arrastrados a las actividades del superintendente su vida no era afectada por el patriarcal núcleo de la agencia. De hecho la naturaleza de la agencia los hacía dar media vuelta y mantenerse alejados de ella. Aun así sus tierras, sus niños y otros intereses fueron afectados en algún grado por el superintendente y su programa. Aunque lo consideraban como un interlocutor y ocasionalmente como un brutal enemigo, nunca estuvieron aislados por completo; el núcleo de la agencia era un nexo con el mundo exterior. Fue de esta manera que los contactos con la cultura angloamericana fue influenciada por esta comunidad impositiva, autoritaria y organizada en castas.
El Poblado Angloamericano
Los indígenas de Arizona y Nuevo México no confinaron sus contactos al régimen paternalista de las reservaciones. Desde principios del siglo veinte en adelante algunos trabajaron y vivieron en las comunidades angloamericanas de la región y por los siguientes cincuenta años hubo un lento pero constante movimiento al exterior de las reservaciones que tomó dos formas. Por un lado hubo individuos y familias que se mudaron permanentemente a ciudades adoptando por lo menos los aspectos externos y no hay cifras del número de indígenas que fueron asimilados por la cultura angloamericana aunque con seguridad fueron miles. Por otra parte hubo muchos que tomaron residencia temporal fuera de las reservaciones; en algunos casos era por trabajo en temporada de cosechas y en otros fue por algunos años con un regreso final a la reservación.
Es difícil generalizar acerca de la naturaleza de las vidas de quienes se mudaron permanentemente al exterior de las reservaciones aunque es seguro que muchos individuos alcanzaron los niveles educativos o económicos de los angloamericanos de la clase media y media alta. Pero también es seguro que algunos de ellos permanecieron en los niveles económicos y educativos más bajos. Parece ser que existió una tendencia hacia una mayor distribución en los diferentes niveles de la sociedad angloamericana.
El hecho sobresaliente relacionado con la vida fuera de la reservación es su carácter temporal a pesar del gran número de individuos. La tendencia general era la de considerar a las reservaciones como sus hogares permanentes y tomar residencia exterior en respuesta a necesidades económicas o por motivos de aventura y búsqueda de emociones fuertes por parte de los jóvenes.
Para la mayoría de los residentes temporales los contactos fuera de la reservación eran más cercanos con angloamericanos y mexicoamericanos de niveles sociales y económicos más bajos. Trabajaron en talleres de ferrocarril y con grupos de ferrocarrileros; en la agricultura; como trabajadoras domésticas. Pronto se formó el estereotipo en la población angloamericana de que sólo eran capaces de tomar los trabajos de menor responsabilidad y menor grado de habilidad. Se encontraron con actitudes de castas y clases sociales que los llevaron a considerar la vida fuera de la reservación como temporal y buscar las actitudes menos exclusivas de otros indígenas de la reservación. La vida fuera de la reservación los lanzó con frecuencia a las comunidades angloamericanas más pobres y desorganizadas y en comparación la reservación era más segura y apacible.
Los Conflictos en la Cultura Angloamericana
Al igual que la española, la cultura angloamericana se caracterizó por conflictos inherentes e inconsistencias funcionales. La comunidad misional era un enfoque de conflicto entre intereses económicos y religiosos de la sociedad española y los núcleos de la agencia en las reservaciones se caracterizaron por tensiones que reflejaban conflictos de la sociedad angloamericana.
El primer conflicto en la reservación entre autoridades civiles y militares fue un desajuste menor en la administración. El control sobre los asuntos indígenas estaba en proceso de transición cuando se formó la primera reservación y como consecuencia hubo confusión de autoridad. Esta transición era una expresión de los constantes conflictos en la esfera militar de la cultura angloamericana. Algunos militares consideraron que una estricta disciplina y control autoritario del ejército eran un medio efectivo para traerlos por la fuerza a la órbita de la civilización mientras que las autoridades del Departamento del Interior pensaron que este proceso requería de un diferente tipo de control. Sin embargo establecieron una estructura administrativa de corte esencialmente militar aunque sin el minucioso control sobre cada indígena. Aunque el conflicto entre los civiles y militares no era muy grande tuvo un gran efecto entre los apaches durante los primeros años en la reservación: sintieron incertidumbre en el control que el gobierno ejercía sobre sus vidas. En su primera experiencia no tuvieron la impresión de que era una autoridad estable con uniformidad de propósito.
Todos los indígenas del sudoeste experimentaron un gran nivel de dependencia del gobierno federal que era mayor que el de los colonos a su alrededor. La colonización de angloamericanos, al igual que la de los españoles, fue caracterizada por constantes conflictos entre el programa del gobierno y el interés de la población de colonos. Mientras que ambos gobiernos intentaron defender los derechos humanos y de tierra de los indígenas a los colonos no les importaba ninguno de los dos aspectos. Los colonos asumían que los indígenas no tenían derechos sobre la tierra y el gobierno federal intentaba proteger estos derechos por medio tratados y después por órdenes del ejecutivo. La insistente negación de los colonos de reconocerlos obligó al gobierno federal a tomar medidas militares contra sus propios ciudadanos. Todo el programa de reservación era algo que las autoridades consideraban justo pero contrapuesto a lo que los colonos consideraban justo. El conflicto entre los intereses de los colonos y los intereses del gobierno fue para los indígenas una experiencia de los conflictos de la vida angloamericana. Al principio estos fueron expresados de manera ilegal con la apropiación de tierras y con homicidios y posteriormente en choques entre los gobiernos federal y estatal. Esto provocó la desconfianza indígena en el gobierno estatal y confianza en el poder del gobierno federal para defender sus intereses.
Otro conflicto que los afectó se encontraba entre la iglesia y el estado aunque al principio esto no era muy notorio. Los primeros esfuerzos del Departamento del Interior para manejar los asuntos indígenas fueron puestos en manos de iglesias; hasta las escuelas fueron entregadas a misiones de diferentes denominaciones. Pero en 1896 hubo protestas que trajeron como resultado la secularización de las escuelas y se promulgó un programa de administración gubernamental. Pero fue en la década de 1930 que algunos intereses de las iglesias fueron eliminados totalmente y se adoptó un programa de libertad religiosa que reconocía las formas indígenas de expresión religiosa al lado de formas cristianas. Al caer en el abandono el Código de Ofensas Religiosas del Buró Indígena marcó una mayor división entre la iglesia y el estado provocando oleadas de críticas por parte de los misioneros sobre la manera que el gobierno manejaba los asuntos indígenas. Los indígenas se dieron cuenta de estas críticas y de que las escuelas del gobierno no incluían ningún dios.
Tal vez el conflicto más profundo de la cultura angloamericana estaba centrado en asuntos morales y derechos civiles. Durante las décadas de 1860 y 1870, cuando la corrupción era común entre los trabajadores del Buró Indígena, los ciudadanos de varias partes de los Estados Unidos se unieron a organizaciones; a la Asociación de Derechos Indígenas y a la Asociación de Asuntos de Indígenas Americanos. Estaban dedicadas a lo que consideraban como derechos humanos elementales para los indígenas. Eran actividades paralelas a las de Bartolomé de las Casas; el campeón español de los derechos indígenas.
El punto de vista de estas asociaciones era que los tratos con los indígenas eran unilaterales y que por ello estaban en peligro constante de ser tratados con arbitrariedad. La Asociación de Derechos Indígenas se adjudicó la tarea de criticar constantemente los programas del Buró Indígena en relación con lo que estos últimos consideraban como justicia indígena. Esto exigía la investigación de los programas para determinar sus resultados y proponer modificaciones que podían ser de mayor interés para los indígenas. La Asociación de Derechos Indígenas y su punto de vista se hizo cada vez más influyente en la elaboración de programas indígenas y jugó un importante papel en cambios fundamentales como la adopción del Acto de Reorganización Indígena como guía para los programas del Buró Indígena.
El conflicto estaba centrado sobre el derecho de la autodeterminación aunque no siempre fue reconocido por la Asociación de Derechos Indígenas y organizaciones similares. Con frecuencia era referido como el "asunto del trato humanitario", descansaba sobre un punto de vista de los derechos políticos y la creencia de que eran ignorados por la falta de ciudadanía de los indígenas. En realidad la Asociación de Derechos Indígenas se tomó el papel de representante indígena.
Portadores de la Cultura Angloamericana
La variedad de personas con quienes los indígenas entraron en contacto con angloamericanos durante un siglo fue mucho mayor al contacto con los españoles en el periodo anterior. Los contactos eran más intensos y multifacéticos consistentes con la complejidad de la sociedad angloamericana que se desarrolló en territorio indígena. Mientras que la lista de contactos españoles incluía misioneros, soldados, gobernador colonial, asistentes administrativos, comerciantes ocasionales, colonos, y tal vez uno o dos más, la lista de contactos con angloamericanos era mucho mayor. Los siguientes pueden ser incluidos como tipo de contacto durante el periodo angloamericano: tramperos, soldados, colonos, agentes indígenas, superintendente de la reservación, maestro, misionero, comerciante en la reservación, superintendente del ARI, ingeniero agrónomo, doctor del Buró Indígena, turista, abogado tribal, representante de la Organización de Derechos Indígenas, escritor, estudiante científico, y algunos más. Sobre la base de estos tipos de contactos que aumentaron en número y en intimidad los indígenas conocieron la naturaleza de su comportamiento y se formaron su conjunto de actitudes para enfrentar las que tenían enfrente.
Aunque las personalidades que jugaban estos papeles eran muy variadas es posible describir, gracias a la abundante literatura sobre contactos indígenas durante el periodo angloamericano, los comportamientos y actitudes de los contactos. Hubo una tendencia de actitud estándar de hombres como Kit Carson, Bill Williams, y otros montañeses en sus tratos con los indígenas. Una vez que la agencia fue institucionalizada fue obvio que los superintendentes también conformaban un patrón de conducta en sus relaciones y actitudes. Sus memorias muestran una considerable consistencia en su entendimiento hacia los indígenas y sus conceptos acerca del trabajo que realizaban con ellos. Esto también era aplicable para los diferentes tipos de técnicos del Buró Indígena y de ocasionales visitantes como los representantes de las organizaciones de derechos indígenas y estudiantes de antropología. Inevitablemente los indígenas se formaron su propio estereotipo basados en lo que aprendieron de estos actores recurrentes.
El ofrecer más de dos o tres bosquejos de típicos portadores de la cultura angloamericana ampliaría el enfoque de este estudio. Los superintendentes, maestros y misioneros de la reservación eran los que tenían más influencia en la vida indígena. Como en el caso de los portadores de la cultura española presentaremos solo unos bosquejos analíticos de dos superintendentes y dos misioneros.
Para cuando la comunidad paternalista que rodeaba a la agencia era una institución bien establecida en la reservación ya se habían encontrado hombres para el papel de superintendente. Un ejemplo era Leo Crane que trabajó desde antes y durante la década de 1920 con los pueblos, navajos, y hopis. Su interés en los indígenas que supervisaba era profundo; se interesó en aprender su historia y conocer lo que les sucedió desde sus primeros contactos. Estaba dedicado a la protección de sus intereses contra los que intentaban arrebatarles sus tierras y llegó a entender como funcionaban sus comunidades además de mostrar una gran habilidad y efectividad en la administración de las escuelas. Después de haber prestado casi veinte años de servicio escribió dos libros que revelan sus actitudes hacia los indígenas y el trabajo del Buró Indígena.
La base de las relaciones de Crane con los indígenas pueblo se sugieren en el siguiente párrafo: Lo que complace y admiran nuestros turistas, y especialmente aquellos que elogian lo que para ellos es "cultura indígena", como una forma de gobierno tribal igualitaria y democrática entre esta gente pueblo es en realidad un despotismo barbárico necesario en una ocasión por la necesidad de agua para riego. Este despotismo surgió para asegurar la alimentación de las comunidades y siendo gente primitiva naturalmente hicieron uso del misticismo y de una mitología salvaje que reforzó inmensurablemente la autoridad de aquellos que encontraron el poder necesario para sobrevivir. La organización comunitaria de los pueblos era consecuentemente un mal tolerable no una institución por medio de la que el superintendente podía influenciar el cambio cultural en sus comunidades.
Le parecía ridículo trabajar a través de tal organización: Estos bufones de ópera que se han reunido alrededor de estas autoridades nativas, nunca me cayeron bien, pero hasta cierto grado se les debe reconocer por razones de diplomacia; y para ser claro al respecto, para evitar darles municiones a estos celosos amigos de los indígenas que de vez en cuando se elevan con cánticos de libertad y democracia, que cuando se encuentran aquí disfrutan el aleccionar a un nativo iletrado. Un agente indígena debería estar preparado para reportar dos cosas cuando sea necesario: primero, que trate a todo mundo con cortesía; y segundo, que haga cumplir las reglas. Depende del agente el grado de inflexibilidad con el que haga cumplir las reglas, El bufón de ópera es muy divertido en el teatro; pero en la vida real es muy aburrido. Este brote en la narración de la historia de Crane fue ocasionado por un oficial de los pueblos que retó su autoridad y se negó a sacar un cuerpo del panteón para un examen médico.
La actitud de Crane un tanto cínica acerca de la religión de los pueblos es evidente en este párrafo: Habrá quienes ridiculizen lo que he llamado "compromiso" entre el dogma franciscano y las formas paganas... Me he puesto a pensar en el porqué este compromiso no ha sido llevado más lejos. Si un indígena se niega a ser bautizado con agua ¿Porqué no hacerlo feliz y bautizarlo con bebida de maíz? Parece ser que las formas de fe, igual que los dedicados padres, han subestimado este medio para atacar la reticencia indígena.
El enfoque de Crane parece haber sido común entre los superintendentes de esa época. Conservaba un interés paternal y un sentimiento de simpatía hacia las costumbres perdidas y el sufrimiento indígena del pasado y en general era un interés bien formado. Estaba consciente de que era una profesión inusual que proporcionaba satisfacciones y que era considerada romántica. Veía a los indígenas como niños que necesitaban ser guiados y consideraba su papel de superintendente como el de un padre que trabajaba contra la influencia barbárica de su antigua organización religiosa y comunitaria. Los valores hacia los que intentaba llevar a los indígenas eran al del empresariado individual, fuerte, de pie, de razonamiento científico y de progreso económico. Lamentaba la ausencia de estos valores en el mundo de los pueblos, pero sentía que con la suficiente educación en las escuelas del Buró Indígena podrían inculcar y reemplazar el atrasado y conservador punto de vista indígena.
De manera similar, pero con diferencias en algunos aspectos, estaba el oficial del Servicio Indígena Albert H. Kneale con experiencia en varias reservaciones. Trabajó como superintendente en Shiprock en la reservación Navajo y después en la reservación Pima Gila por seis años. Kneale escogió el servicio indígena como profesión y en trabajó treinta y seis años entre ellos. Tenía una gran capacidad para ver con claridad y describir los aspectos materiales de la vida en las reservaciones. Kneale fue criado en una granja y veía la solución de todos los problemas indígenas en el mejoramiento de la agricultura. Como un reconocimiento a sus intereses se le asignó la difícil tarea de elaborar un plan para el mejoramiento agrícola entre los pimas cuando el agua les fue restaurada después de cuarenta años de destrucción progresiva de la economía por la apropiación de agua por parte de los colonos.
A su llegada a la reservación Navajos en Shiprock y después veinte años entre los indígenas de las planicies, se dio cuenta de que no todos lo indígenas eran iguales y poco a poco se dedicó a desarrollar un entendimiento de los navajos y su cultura. Impresionado por las dificultades de la vida en la desértica reservación Navajo, describió sus primeras impresiones: Era esta área que 50,000 navajos llaman hogar. ¿Hogar? ¡Bueno, no exactamente! Los navajos tenían un lugar pero en su vocabulario no tenían una palabra que se pudiera traducir como "hogar". No tenían un concepto mental de la idea que la civilización expresa de esa manera... Aquí vivían, en aislamiento del resto de la humanidad, seguros de que aquí estaba el centro del universo.
He visto los antiguos mapas que describían lo que se encontraba más allá del mundo conocido hasta entonces. De acuerdo a estos mapas, las tierras "lejanas" estaban llenas de dragones y otros terribles monstruos. Este era el concepto que los navajos tenían de la tierra más allá de la propia. Por supuesto que sabían que esa terra incognita había sido subyugada por los blancos... También sabían que estos blancos eran pocos, los navajos numerosos y que aunque los navajos eran superiores a los blancos en todos los aspectos, éstos tenían un extraño tipo de medicina (magia) que los hacía inmunes al poder de esas atrevidas criaturas... Aquí vivían en paz y contentos, rodeados de sus aves de corral y ovejas, igual que Abraham el viejo, pidiéndole al gobierno tan solo una cosa: "Déjenos en paz".
Las relaciones de Kneale con su intérprete y otros navajos con los que entró en contacto personal eran íntimas, corteses y amigables. Estaba dispuesto a escuchar y a aprender acerca de la religión navajo y aunque consideraba sus creencias del mundo espiritual como "supersticiones", obtuvo un buen nivel de comprensión acerca de cómo influenciaban sus vidas y sus actitudes hacia la cultura angloamericana. Fue tolerante de sus costumbres y soportó las malas interpretaciones de los navajos, como juez de la reservación fue tan tolerante como si fueran niños.
Después de seis años de trabajo arduo en la reservación Pima supervisando la adjudicación de nuevas tierras y en la elaboración de un sistema de riego para usar el agua restaurada a los pimas en parte gracias a la construcción de la presa Coolidge, consideró que los problemas de los pimas estaban resueltos: Cuando vi que la tarea estaba finalizando, cuando vi la prosperidad de los pimas -buenas casas donde antes hubo chozas; buenos caminos donde antes había veredas; alfalfa, trigo y maizales donde antes había dunas y lomas de mezquites y chaparral- me di cuenta que la misión había sido completada. Estaba cansado. Me sentí sin aliento para la administración. En 1935 renunció al Servicio Indígena. En su trabajó siempre vio los problemas de los indígenas en términos de recursos económicos y los pimas le parecieron tan civilizados que detectaba muy poca diferencia en su comportamiento con el de los blancos: "Los pimas no eran pintorescos. Aquí no había cobijas, ni hombres con trenzas, ni cuero cabelludo parcialmente rasurado, ni piel de venado, ni pintura, ni mocasines, ni bolsa para la pipa, ni pipa, ni bailes tribales, ni edificios extraños, ni manadas de caballos salvajes, ni lenguaje raro que ser estudiado, ni supersticiones interesantes, ni costumbres tribales.
Los pimas se diferenciaban muy poco de los típicos habitantes rurales blancos. Eran religiosos y gustaban de acudir a la iglesia de su preferencia... Tenían sus bazares de iglesia... Dormían en camas limpias... Estaban muy interesados en sus escuelas y los niños acudían con regularidad limpios y bien vestidos". Nostálgicamente resumió su trabajo entre ellos: ...cada hora del día estaba llena del gozo de planear y cumplir y si existe una felicidad mayor se encuentra en poder ser un instrumento en la restauración y restablecimiento de una gente que agradecía y lo merecía. Y esta era mi felicidad. La pobreza de los pimas continuó y el mismo Kneale se hubiera sorprendido por la falta de integración de la economía para la que había construido los cimientos y la del exterior de la reservación. Tan preocupado estaba por sus problemas de ingeniería que su visión no había podido penetrar al corazón de la desintegración de la gente para quien había estado trabajando.
Entre los misioneros había una mayor variación que entre los empleados del Servicio Indígena y había desde matrimonios sin una clara identificación sectaria hasta directores de grupos de misioneros. Uno de estos fue descrito por Kneale en 1923. Había tres grupos de misioneros trabajando en la reservación, dos de ellos operaban de buena manera, pero el tercero era diferente. Apenas habíamos llegado a Shiprock cuando llamamos a los Holcomb por primera vez, quienes vivían a cincuenta millas al oeste de la agencia. La familia consistía de la Srita. Clara, su padre, su madre, y de una entrenada enfermera...
Cuando fue que la Srita. Clara dominó la lengua navajo es algo que no sé; pero dominaba esta lengua de mejor manera que cualquier otro blanco con quien yo haya tenido contacto. Esto no quiere decir que su conocimiento fuera comprensible, pero de alguna manera había tenido acceso a alguna fuente para obtener conocimientos de la más difícil de las lenguas indígenas.
Cuando los conocimos rentaban dos o tres chozas de sus dueños indígenas. El agua era acarreada desde un manantial. Para la iluminación se utilizaba el queroseno cuando estaba disponible, sino con velas. Cuando no tenían ninguno de los dos estaban contentos en la oscuridad.
Tenían dos caballos de silla y la Srita. Clara y la enfermera hacían viajes regulares en un radio de cuarenta kilómetros. Cada familia dentro de este círculo era bien conocida y conocía bien a estas dos jóvenes mujeres. Cuidaban a los enfermos, luchaban por mejorar las condiciones de salud, higiene, ciencia doméstica, pero en ningún momento olvidaron que el principal objetivo de su existencia era el de predicar el evangelio.
Los indígenas las visitaban en su casa donde conocieron tinas de baño, máquinas de coser y muchos otros artículos que las mujeres del campo consideraban esenciales para su comodidad y bienestar. Todos estos artículos estaban disponibles para los visitantes.
Disfrutábamos al visitar a los Holcomb y hacíamos una parada cada vez que andábamos por esa parte de la reservación. Durante una de las primeras visitas le pregunté a la Srita. Clara acerca de la denominación religiosa que representaba y me informó que no representaba ninguna.
"Con seguridad", dije "representa alguna denominación".
Y su respuesta fue la misma, "No representamos denominación alguna".
"Pero", insistí, "debe de haber alguien apoyándoles. ¿De que fuente obtiene fondos para sus gastos?"
La respuesta fue, "Cuando sentimos que necesitamos algo, le llevamos el problema al Señor y lo dejamos en Sus manos".
"Y ¿Siempre recibe las cosas que considera esenciales?, pregunté.
"No siempre", fue la respuesta, "pero cuando así sucede, nos damos cuenta que las cosas que pedímos no eran necesarias".
Pequeños grupos de sectas trabajaron en la conversión por más de medio siglo en varias reservaciones. En 1897, la Iglesia Reformada Cristiana envió a los zuni a Andrew Vander Wagen como misionero. Otro misionero de esa iglesia escribió acerca de él: El misionero Andrew Vander Wagen... era un producto de la Escuela Cristiana de Holanda y después de llegar a Grand Rapids, Michigan, obtuvo conocimientos adicionales de la fe cristiana... El hecho de que su devota mujer fuera enfermera titulada fue una razón más para asignarlo al campo de misionero. Declinó un mayor entrenamiento para poder ir inmediatamente al desierto, igual que Philip. Cabalgando hasta los zuni de fama histórica, Van, "El predicador vaquero", fue impresionado por el reto misionero y las enormes posibilidades entre este pueblo. Lo que vio de su vida religiosa le reveló hasta que grado estaban sumidos en el paganismo estos indígenas; pero la vida en su compacta comunidad parecía ofrecer una oportunidad dorada para contactar grandes números de indígenas con menor esfuerzo de lo que era el contactar a caballo a los diseminados navajos... El señor Graham, el comerciante y dependiente de la tienda que después se convirtió en el primer agente entre los zuni, y la Sra. Matilda Coxe Stevenson, la etnóloga y escritora, presentaron a los misioneros a los líderes zuni. Se encargaron de explicar como era que un carpintero, el Reverendo Fryling o un granjero como el señor Vander Wagen, podían ser de gran ayuda para los zuni. Naochi, el Sacerdote de los Arcos y jefe entre los líderes, escuchó con gravedad.
"Tus palabras no han penetrado en nuestros oídos", dijo Naochi, "pero han entrado en nuestro corazón. Vengan y ayúdenos". Y se abrió la puerta.
Los misioneros de la Iglesia Cristiana Reformada continuaron trabajando entre los zuni y con vigor mantenían una escuela y una misión en 1955. El reverendo C. Kuipers, que trabajó entre ellos en la década de 1940, se convirtió en un estudiante de cultura zuni. Partiendo de varios estudios acerca de los zuni y de sus propias y cuidadosas observaciones aprendió acerca de los más pequeños detalles de la vida económica, social y ceremonial. En 1946 describió un año de la vida religiosa zuni y del continuo trabajo de los misioneros como fondo. Su punto de vista fue claramente descrito en su representación calendárica de la vida zuni moderna. Resumiendo el trabajo misionero escribió en 1946:
El misionero Vander Wagen, pionero entre los zuni, y cada misionero después de él, se expresan con convicción acerca de los frutos del Evangelio. El suyo no es un optimismo superficial que confunda la amistad externa con la transformación de los hombres y mujeres en la tierra de los zuni. Están convencidos que la Palabra de Dios nunca regresa vacía cuando han visto su poder y trabajo entre los zuni. Se admite que los conversos no eran tan numerosos como los reportes de misioneros en otras partes han mostrado; pero aquellos que soportaron la tremenda presión y resistieron la diabólica resistencia de un pueblo pagano, aunque sean pocos, se yerguen como héroes de la fe. Al pasar estas ácidas pruebas, son las más preciosas joyas en la corona del Maestro.
Entre los zuni de hoy no existe el llamado macedónico, "¡Vengan y ayúdenos!". Ya no es como la tierra parchada que se bebe con desesperación el agua de la vida. No es como un vaso vacío que uno puede llenar; al contrario, ya está lleno hasta el borde con cada contracción que el diablo pueda hacer. Los zuni están satisfechos con su religión. La Tierra se autocentra; el impulso de un misionero no irradia hasta el más lejano alcance de la tierra; ni cualquier religión externa es deseada en el interior.
Ahora entendemos porque los esfuerzos de los primeros misioneros del catolicismo fueron detenidos. Ahora entendemos porque a cada brote de esfuerzo misionero de hoy es seguido por reuniones del consejo y de aquellos que no desean los caminos cristianos. Como los antiguos zuni decían que parpadeaban sus ojos frente al brillo del sol cuando salían del oscuro útero de la tierra, de igual manera sus hijos en las profundidades del dominio de la oscuridad tercamente cierran sus ojos a la Luz de la Palabra. En los miles de años desde la Diáspora, han reducido la revelada verdad y la han entretejido con especulaciones humanas y deseos carnales hacia un patrón de realidades y distorsiones...
Con plenos conocimientos de la mitología, rituales y creencias de los zuni, el reverendo Kuipers llegó a entender con precisión a que se estaban enfrentando en sus esfuerzos para reemplazar una religión con otra. Entendía el tamaño de su tarea y continuó con ella. Suma el resultado del trabajo misionero en una fiesta de Navidad de unos de sus conversos zuni, la familia Chávez: Por años, los trabajadores de la misión han hecho fiestas de Navidad; en 1943 la familia Chávez determinó hacer una fiesta para los trabajadores de la misión. Los cánticos navideños en lenguaje zuni nunca se escucharon más felices.
Por supuesto que a todos los zuni les gusta la Navidad. Antes del gran día, por semanas uno escucha '¿Cuántos días para la Navidad?' Después del programa y de los impresionantes servicios religiosos, se escucha un más enfático '¿Dónde está mi regalo?' La Navidad es tiempo de gran júbilo porque se encuentra presente el momento de dar regalos, tal como el hombre blanco recibió al niño Jesús del Padre...
En realidad, la Navidad para los zuni es el anti-clímax de las ceremonias decembrinas. Shalako es el clímax del año ceremonial zuni. Seis personificaciones enmascaradas, llamados dioses Shalako bajan desde las lomas para dedicar las casas nuevas y para bendecir la comida y todos los trabajos nativos. Con diez pies de altura y máscaras con apariencia de aves cubiertas de mantos cónicos de piel de venado, estos dioses son los embajadores reales entre los zuni y los otros dioses...
Así rezan los zuni. Rezan a estos dioses que vienen del lago sagrado o de otros santuarios sagrados a donde regresan cuando su visita ha concluido... Rezan al muerto que se ha ido, quien ahora se encuentra con los hacedores de lluvia... Rezan al Padre-Sol, la Madre-Luna y a los anfitriones del cielo. Rezan a los ídolos de madera, los Dioses Gemelos de la guerra. Rezan a los Dioses Bestiales... Rezan a todo un conjunto de fetiches, carrizos, piedras, efigies, máscaras y a todo aquello que la ingenuidad humana pueda imaginar.
Así es, los zuni también rezan. En el reino del diablo han tejido elaborados patrones de expresión ceremonial y con la aguja de su propia imaginación casi han cubierto la verdad de la revelación. Pero ni la belleza exterior ni el pulsante ritmo pueden esconder el vacío y la inquietud interna.
Como resumen, se puede decir que los programas de los angloamericanos se diferenciaban de manera fundamental de los que fueron elaborados por los españoles o por los mexicanos. Las diferencias importantes se pueden resumir afirmando que el programa español era dinámico y que tenía un carácter dirigido al cambio de un área de frontera, mientras que el programa angloamericano tendía a ser estático. Entre los españoles no hubo incertidumbre de que las comunidades misionales eran campo de entrenamiento para los indígenas y que en su debido momento se abriría el campo para el típico poblado español bajo el ministerio de clérigos seculares. Hubo enfrentamientos entre misioneros y autoridades civiles sobre el mejor momento para efectuar la transición pero el carácter transicional nunca estuvo en duda. Por otro lado, las reservaciones fueron establecidas sin un límite de tiempo. A cada una se le proporcionó una organización administrativa cuyo ciclo de vida nunca fue definido como parte del programa oficial. No hubo ningún elemento del programa de reservaciones que enfatizara otra cosa que no fuera permanencia. Esto tuvo como efecto el crecimiento de un sentimiento de permanencia del estatus de indígena en relación con el grupo dominante, algo que nunca sucedió en la colonia española. En México había una fuerte tendencia para seguir el curso de la integración dinámica definida por España acompañada de la negación de establecer cualquier institución parecida a la reservación. El territorio yaqui se parecía superficialmente a una reservación pero su organización administrativa y por ende su integración nacional era totalmente diferente. El carácter estático del programa angloamericano era fuente de inseguridad y conflictos para los indígenas mientras que los colonos continuaban expandiéndose alrededor y al interior de la reservación.