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LOS SERIS

La parte occidental de Sonora estaba habitada por grupos de pescadores pobremente organizados en bandas que ocupaban islas, la zona costera y otros que vivían más al interior. No se sabe cuantos existían a mediados del siglo XVII cuando se empezaron a encontrar con los españoles. Tampoco se sabe de cuantas bandas se componía su población ni que tipo de relaciones existía entre ellos. Más desconcertante -para nuestros propósitos- es que no se hayan registrado los primeros encuentros y los primeros contactos permanecen en la oscuridad. Cuando los españoles exploraron cerca del Golfo de California en busca de minas se encontraron con indígenas que huyeron de inmediato. En 1660 los españoles estaban tan enterados de su existencia como para aplicarles un término colectivo para la "gente salvaje": los llamaron seris.

El primer encuentro hostil fue en 1662 cuando un grupo de españoles enfrentó a un grupo que no pasaba de trescientos hombres que tal vez eran tastiateños o tepocas. Esta banda peleó hasta que murió el último adulto; hombres y mujeres. Luego tomaron a los niños y los distribuyeron en las misiones de los ríos Sonora y San Miguel. En 1679 cientos de nómadas acudieron voluntariamente a vivir en la misión de Santa María de Pópulo. Pasaron ahí cuatro años y aceptaron la vida misional cultivando los campos y construyendo casas. Pero cuando el misionero Fernández fue transferido y una epidemia mató a muchos de ellos el resto abandonó la misión y comenzaron a merodear las poblaciones del valle del San Miguel.

Después de que fracasara su misión en la Baja California, el padre Kino visitó en 1685 algunos nómadas cerca de Isla Tiburón donde fue bien recibido y le pidieron que se quedara entre ellos. A su regreso a la Ciudad de México pidió que fuera enviado con ellos pero fue asignado a los pimas. El alemán Adam Gilg fue enviado a Pópulo para resucitar la misión y se encontró con que se resistían a regresar a la disciplina misional y tuvo un éxito relativo. Para entonces los españoles sabían de la existencia de seis diferentes bandas que deambulaban en la costa y las islas. Gilg llegó a la conclusión de que hablaban dialectos ininteligibles entre sí muy diferentes al pima o al ópata-eudeve. La mayoría de los contactos habían sido con una banda que llamaban tepoca que vivía entre los ríos San Miguel, Sonora, Magdalena y la costa. Kino había hecho contacto también con otro grupo a quienes los españoles llamaban tiburón. Al norte de los tepocas había otro llamado salineros que vivía en la desembocadura del río de la Concepción, al sur y más allá del río Sonora estaban los tastiateños y entre ambos los guaymas; parece ser que éstos eran enemigos de los demás y aceptaron la vida misional en el pueblo yaqui de Belem donde se mezclaron con las poblaciones yaqui y pima. Debido a la falta de tierra cultivable en su propio territorio se adoptó la idea de que todos fueran reducidos en las misiones eudeves. Gilg intentó reducir a los guaymas. En 1691 convenció a algunas familias tepocas para que se mudaran a Cucurpe, a un lugar que llamaba Saint Thaddeus y que otras formaran un nuevo poblado en un área del río San Miguel. Los tepocas se dispersaron después de haber sido atacados por indígenas que Gilg llamó Cocomacaketz. Tal vez muchos de sus habitantes se fueron a Pópulo donde en 1692 Gilg reportó una población de centenares.

En 1695 algunos tepocas fueron escolta en una marcha del capitán Manje desde Pitic (Hermosillo) hasta Caborca para castigar a los pimas. En 1699 tepocas que rechazaban la vida en misión atacaron Tuape, Cucurpe y Magdalena robando caballos que utilizaron como comida. El capitán Jironza capturó a doscientos treinta y dos tepocas y salineros y los llevó a las misiones del río San Miguel. Algunos fueron enviados a Cucurpe pero la mayoría fue llevada a Pópulo y puestos bajo la responsabilidad del padre Gilg. Pópulo creció por medios persuasivos o por la fuerza y aunque no se sabe cuántos tenía en 1700, la mayoría eran tepocas y salineros mezclados con pimas.

Los nómadas que habían sido convencidos de aceptar la vida en misión eran sólo una pequeña proporción del total. Gilg calculó que la población llegaba a tres mil al inicio de la reducción. En un viaje de Kino en 1706 calculó mil quinientos viviendo entre el río San Miguel y la costa aunque reconoció que tal vez incluyó algunos pimas y reportó una gran población en la costa frente a Isla Tiburón. Había un nivel de intercambio entre ellos y los de las misiones del San Miguel hasta Altar y Magdalena.Hubo pocos cambios en los siguientes treinta años. Este periodo fue caracterizado por la ausencia de contacto en sus regiones costeras aunque también fueron amigables como durante el naufragio de Salvatierra y su forzada estadía de dos meses. En la década de 1730 fueron atraídos por las misiones y se acercaron a robar comida con enfrentamientos en venganza. En 1742 se instaló un presidio en Pitic para poner un alto a sus actividades y en 1748 un poco menos de la tercera parte había aceptado la vida en misiones. En la década de 1730 estaban concentrados en Pópulo, Nacameri y el pueblo de Los Angeles con un total de 828 aunque algunos de éstos eran pimas. Por lo menos dos mil tiburones, tastiateños y tepocas seguían alejados de las misiones y no había continuidad para traerlos por la fuerza.

En 1748 los españoles alteraron el programa de reducción. El presidio de Pitic fue cambiado a Pópulo donde había más tierra cultivable y la tierra seri fue distribuida entre españoles del presidio. Cuando los seris y algunos pimas protestaron ochenta familias fueron arrestadas y las mujeres fueron deportadas a Guatemala y a otras partes de Nueva España. Esto fue demasiado y advirtieron a los misioneros que no los querían lastimar atacando a los colonos desde Pópulo hasta Pitic. Después de que los mineros y rancheros que sobrevivieron fueron obligados a huir se reunió una expedición de setenta y cinco soldados y cuatrocientos pimas salieron a exterminar a los seris en 1750 atravesaron toda la región, cruzaron hasta Isla Tiburón y mataron a un puñado de mujeres. Seris y pimas se refugiaron en la sierra de Cerro Prieto al sur de Pitic donde se les unieron más nómadas. Los españoles estaban ocupados con una rebelión en la pimería alta y los seris continuaron saqueando sus asentamientos. En 1753 ofrecieron la paz con las condiciones de que les regresaban sus mujeres, las tierras que tomaron en Pópulo, el presidio fuera regresado a Pitic y que les dieran el misionero de su elección. El gobernador de Arce no podía cumplir la exigencia de regresarles sus mujeres y continuaron los ataques. Destruyeron la misión de Guaymas y mantuvieron la parte baja del río Sonora sin españoles. En 1755 un líder seri llamado Becerro mató al gobernador Mendoza y en 1756 sus fuerzas fueron aumentadas por un considerable número de pimas que se rebelaron en la misión. Esta combinación de seris y pimas en Cerro Prieto y Sierra Bacoatzi continuó atacando y resistiendo expediciones punitivas. Saquearon el norte de Magdalena y obligaron la construcción de un presidio en Altar manteniendo a los españoles fuera de la región. Las campañas de Mendoza, de Anza y Elizondo fueron un fracaso aunque en cada una murieron indígenas y españoles. En los ataques a Cerro Prieto de Anza menciona una fuerza menor a 150. En 1761 murieron 49 seris, se capturaron 70 mujeres y niños y se recuperaron 322 caballos. En 1768 Elizondo mencionó haberse enfrentado en Cerro Prieto al más grande número de guerreros: 400 seris.

Para 1769 el grupo comenzaba a desintegrarse. Algunos ya se habían separado yéndose a vivir a las misiones principalmente a la de Altar. Los pimas sibubapa se rindieron en 1769 y dos años después otro pequeño grupo bajó de Cerro Prieto o de Bacoatzi y se rindieron en Pitic. Escaseaba la comida y las familias estaban cansadas del estado de sitio. Los seris fueron enviados a un lugar del río Sonora cerca de Pitic para mantenerlos vigilados pero no todos se rindieron y algunos vivían en la costa. En 1772 el misionero Crisóstomo comenzó los cimientos de la misión del Carrizal a unos cuantos kilómetros de la costa. En seis meses la misión fue destruida y el misionero asesinado. Hubo reportes de que los seris se habían unido a apaches y pimas piato en Cerro Prieto. Era obvio que los seris estaban hambrientos pero no querían provocar campañas militares. El líder Boquinete continuó implacable contra los españoles y en 1778 intentó involucrar a tiburones y tepocas en un esfuerzo para liberar a los seris de Pitic. Familia tras familia, "desnudas y hambrientas", abandonaron el refugio de Cerro Prieto y las áreas costeras para rendirse en Pitic. Estuvieron de acuerdo en establecerse y acudir a la iglesia diariamente a aprender la doctrina cristiana. El franciscano Jalisco intentó conseguirles tierras cultivables en el río Sonora. Para 1786 la mayoría llevaba una vida pacífica aunque no se sabía cuántos había en Isla Tiburón y la costa. Boquinete murió en 1779 durante una expedición española a Cerro Prieto. Muchos se mantuvieron alejados de Pitic y en 1780 el gobernador recomendó que la única solución era la deportación.

Los primeros cien años de contacto de seris y españoles fueron un fracaso del programa de reducción. Los seris no eran hostiles a los españoles que en paz se acercaban a su territorio. Parece ser que les agradaban los misioneros y sus rituales tal como se indica en las experiencias de Kino, Fernández y Salvatierra. Querían que Kino se quedara con ellos en las tierras de la costa e intentaron vivir en las misiones aunque estuvieran alejadas de su territorio. Gilg dice que bajo el régimen de la misión en Pópulo eran tan devotos a la disciplina del ritual como cualquier otro indígena sedentario y que habían aprendido el proceso de siembra y cosecha. Su adaptación a la vida agrícola se refleja en su resentimiento por la invasión de sus tierras cuando el presidio se mudó a Pitic. Aun después de rebelarse y de volver a su vieja vida de libertad, extrañaban la vida en la misión e intentaron que les regresaran sus tierras. Es obvio que este grupo tepoca se había adaptado con éxito al sistema de misiones y deseaban continuar con esta forma de vida. Hay que recordar que los tepocas de Pópulo eran una pequeña minoría de los seris, que su reducción se había tardado más de una generación y que mientras se adaptaban a la vida en misión más de dos mil continuaban con su antiguo estilo de vida aunque visitaban las misiones. Tal vez se hubiera dado un lento flujo hacia las misiones si no hubiera ocurrido la rebelión de 1750 que afectó al programa jesuita. Sólo una generación de unas cuantas familias continuó su vida en misión después de la rebelión. Muchos de los que nunca habían estado en las misiones continuaron viviendo como lo habían hecho hasta entonces. Pero los esfuerzos para controlar al grupo rebelde tuvieron una influencia sobre los demás ya que las expediciones españolas demostraron que no los diferenciaban y todos eran considerados enemigos. Poco a poco la mayoría se unió a los rebeldes absorbiendo el odio contra los españoles y los atacaron de 1750 a 1770 pero sin desarrollar la unidad tribal como lo demuestra la rendición de los grupos seris. La concentración en Cerro Prieto fue de grupos familiares poco organizados y los indiscriminados ataques españoles los obligaron a unirse.

Es difícil estimar el efecto del periodo antiespañol que estuvo asociado con gente pima. El grupo tepoca en Pópulo ya había vivido relativamente cerca de los pimas por una generación y después de la rebelión debió haber matrimonios entre tepocas y pimas debido a la pérdida de las mujeres seris. Los seris debieron haber recibido influencia por la cercana cooperación no solo con los pocos pimas de Pópulo sino también con los gentiles de la pimería alta y la pimería baja de Suaqui. Solo a través de cuidadosos análisis etnológicos podremos conocer la influencia pima pero fue un factor en la subsecuente historia seri.

Para 1790 los seris era un grupo derrotado viviendo en condiciones miserables. El grupo que se rindió debió haber quedado muy destrozado y de familia en familia se fue a vivir bajo condiciones impuestas por el comandante militar de Pitic. Obligados por la necesidad de sobrevivencia se sometieron a la disciplina de la iglesia y a la vida sedentaria , habían perdido el coraje y se subyugaron al poder español. Unos no fueron concentrados en Pitic y se mantuvieron al margen de los hechos.

El programa para la reducción falló rotundamente. Con la excepción de unas cuantas familias que fueron absorbidas en las misiones de los ríos San Miguel y Altar la mayoría permaneció fuera de sus comunidades. El intento de los franciscanos en 1772 fue peor que el de los jesuitas a pesar del esfuerzo de llevar la misión a los seris en vez de traerlos a la misión. El programa del padre Crisóstomo se aplicó en momentos de gran hostilidad hacia los blancos y duró unos cuantos meses. El esfuerzo del gobierno de la provincia, al que se le puede llamar programa secular de reducción, tuvo el mismo resultado. Los seris y sus acompañantes de Cerro Prieto que se rindieron en las décadas de 1760 y 1770 fueron concentrados en el lado sur del río Sonora en Pitic y la comunidad recibió el nombre de Villa de los Seris. Pero no aceptaron la vida sedentaria a pesar de que en 1772 les construyeron un canal de riego y recibieron tierras tan buenas como las que les habían arrebatado en Pópulo 35 años atrás y se fueron retirando poco a poco. En 1793 el programa era un fracaso y las tierras en Villa de Seris fueron entregadas a españoles. La mayoría abandonó la vida en pueblos y se reunió con los que permanecieron en sus desérticas tierras costeras e islas. Gradualmente retomaron sus antiguos hábitos de saqueo y los rancheros desde Guaymas hasta Altar vivieron en un estado de ansiedad y temor hasta 1790 aunque en un grado menor al provocado por apaches. En 1807 el gobierno de Sonora lanzó una campaña formal en Isla Tiburón para reunir y castigar a los que robaban vacas y caballos. Envió más de mil hombres que mataron a unos cuantos seris sin alterar la situación. Los seris siguieron molestando españoles durante la Guerra de Independencia intensificando la desorganización de los mexicanos al tiempo que los ataques apaches reincidían en el noreste.

Al terminar la anarquía provocada por la Guerra de Independencia, los ciudadanos y el gobierno de Sonora les dedicaron más atención. En 1844 los colonos mexicanos comenzaron a endurecer sus actitudes hacia apaches y seris. El gobierno de Sonora envió al capitán Víctor Araiza a la costa frente a Isla Tiburón para reunirlos y darles un castigo. La imagen del gobernador fue dañada cuando sus fuerzas mataron a once mujeres y niños. Se organizó una nueva campaña, el coronel Andrade por tierra y el capitán Spence por mar, para arrestar al resto de los seris y llevarlos para que fueran civilizados. Después de muchas dificultades por la falta de agua dulce la expedición estableció su base en Isla Tiburón y revisaron las islas y la costa adyacente. En el curso de la campaña incendiaron 64 casas y 97 balsas, capturaron 104 familias, derrotaron a 70 indígenas y 500 seris fueron llevados a Hermosillo donde los niños fueron distribuidos entre familias de todo Sonora. Se hizo un esfuerzo para que los adultos se asentaran en Villa de Seris pero en unos cuantos meses la mayoría de los niños escaparon y los adultos huyeron a su antigua vida. Las depredaciones continuaron. Atacar grupos de viajeros era una actividad frecuente, robando caballos, provisiones y ocasionalmente matando gente. En un ataque en 1854 capturaron a Dolores "Lola" Cazanova, miembro de una prominente familia de Guaymas. Su suerte se volvió una leyenda que sostiene que se convirtió en "reina de los seris" después de unirse a Coyote Iguana, "jefe de la tribu seri", un pima capturado cuando niño y criado por ellos. Lola adoptó el comportamiento y aspecto seri, crió tres hijos y dos de ellos se convirtieron en jefes. Ella, su esposo y sus hijos fueron fuente de descontento por deseos de liderazgo. Lola permaneció al lado de su esposo y murió como seri. La leyenda sirvió como vehículo para romantizar la prolongada lucha entre indígenas y mexicanos en Sonora.

En 1880 las depredaciones de menos de seiscientos hombres eran tan serias que el gobernador organizó otra campaña formal. Reunió a 150 seris de la región de Isla Tiburón, los llevó de nuevo a Villa de Seris y esta vez hizo un mayor esfuerzo para mantenerlos en la comunidad estableciendo un "tipo de reservación": se entregaron raciones regularmente, se consiguieron fondos para "civilizarlos" y se nombró un "jefe" como mediador. Los seris creyeron que las raciones estaban envenenadas cuando algunos enfermaron de gravedad y el resto se dio a la fuga. Solo unos cuantos se quedaron y fueron absorbidos por la población sonorense.

Un ranchero de apellido Encinas que tenía una propiedad cerca de Bacoache, centro de conflictos entre seris y blancos por más de un siglo, se involucró en el "problema" seri. Estaba interesado en el mejoramiento de las relaciones y en extender el terreno de pastoreo al interior del desierto donde deambulaban. Propuso darles trabajo en un rancho llamado Costa Rica; entre Hermosillo y la costa. También hizo arreglos para que aprendieran trabajos manuales y consiguió los servicios de dos sacerdotes. Por más de veinte años mantuvo buenas relaciones y comenzó la educación de dos muchachos a quienes propuso como catequistas que pudieran enseñar la religión católica. Este fue un programa que influyó en la mayoría. Pero los jóvenes no respondieron como esperaba. Después de haber sido educado uno se fue a California y el otro regresó a vivir entre su gente sin cooperar en las enseñanzas religiosas. La fundación de Costa Rica animó a los mexicanos a tomar tierras cerca de la costa en lo que siempre fue territorio seri con el ganado pastando en los mismos lugares que el venado y los seris comenzaron a matar vacas. Encinas intentó resolver el conflicto hasta que se dio cuenta que su ganado también era aprovechado y antes de 1900 les declaró la guerra. En un encuentro entre sus vaqueros y seris murieron más de setenta de indígenas. "La Guerra de Encinas de los diez años" fue a baja escala y espasmódica con el siguiente patrón: unas familias trabajaban en el rancho y desaparecían. Se reportaba la muerte de vacas. Los rancheros organizaban un grupo de guerra y después de la muerte de uno o más, los seris se rendían. El ciclo se repetía.

Los seris trabajaron en Costa Rica y otros ranchos como vaqueros esporádicos y cuatreros ocasionales hasta la década de 1920. Su número había sido reducido a 300 y su escuela que fue construida en 1890 en Villa de Seris era utilizada por niños de familias mexicanas que se habían mudado y apoderado del asentamiento. Continuaban viviendo como cazadores y recolectores al margen de una sociedad que avanzaba sobre ellos y que por medio de pozos lograba ganarse la vida en territorio seri. Las invasiones de rancheros y el incesante conflicto mutuo, aunque a baja escala, fueron reduciendo el número de seris.

Se acercaba una nueva invasión pero esta vez con efectos más constructivos. Al desarrollarse las ciudades de Sonora y Arizona después de la Primera Guerra Mundial creció el mercado para el pescado del Golfo de California. El pequeño poblado de Bahía de Kino frente a la Isla de Tiburón comenzó a convertirse en el centro de los pescadores mexicanos. En la década de 1920 la mayoría de los seris se mudaron a un campamento permanente cerca de este asentamiento; ahora dependían de Bahía de Kino y no de los ranchos ganaderos. Algunos aprendieron las técnicas de pesca de los mexicanos; el uso de botes de remo, anzuelos de metal, redes y dinamita. Gradualmente comenzaron a hacer botes y a renovar la dependencia del mar después de un intervalo de casi 50 años cuando la pesca fue interrumpida en la última redada de 1880. En la década de 1920 el señor Roberto Thompson de Hermosillo trabajó como mediador entre los intereses seris y la profunda hostilidad de algunos sonorenses. En 1930 se construyó una casa club en Kino Bay para deportistas de los Estados Unidos y los seris agregaron la mendicidad a su medio de subsistencia mientras que los norteamericanos se divertían dando ropa, comida y dinero. Los seris de este periodo estaban hundidos en la pobreza y era un grupo casi totalmente dependiente cuando en la década de 1930 nació el mercado de hígados de tiburón. Eran abundantes en el Golfo de California y una gran cantidad de seris aprendió a pescarlos. Casi cada familia adquirió un bote y aunque la esencia de la vida seri cambió muy poco, gracias al flujo de dinero compraban ropa, comida y herramientas en las tiendas de los intermediarios de pescado. La antigua forma de choza continuó siendo utilizada y se mantuvieron las tradicionales formas de vida y religión. Bahía de Kino se convirtió en una base muy frecuentada pero las familias pasaban gran parte del tiempo deambulando por la costa al sur y norte de Bahía de Kino. Gracias a los botes de remos tenían mayor movilidad y cubrían un espacio mayor.

Había un nuevo interés en el gobierno mexicano y en 1938 envió una persona para ayudarles a organizar una cooperativa de pesca. Finalmente al gobierno se había decidido a llevar a los seris al interior de la nación a través de actividades económicas adaptadas a su hábitat en vez de un programa de agricultura, de evangelización, de traslado o de reducción. Pero en 1941 el mercado de hígado de tiburón se redujo a la nada y la cooperativa desapareció poco a poco. En sus esfuerzos el gobierno construyó un edificio en Desemboque, a 80 kilómetros de Bahía Kino, para oficinas de la cooperativa. El objetivo era reubicarlos lejos de las desmoralizantes influencias de Bahía Kino y darles la oportunidad de escapar de las fricciones y conflictos con los mexicanos. En 1942 la base del campamento fue cambiada de Bahía Kino a Desemboque y cuando se derrumbó el mercado de hígado de tiburón regresaron a su vida de nómadas en las islas y varios lugares de la costa. Pero las tiendas de los comerciantes en Desemboque les compraban el pescado y el pueblo se mantuvo como el punto focal en sus vidas. Se ganaban la vida como pescadores dependientes de los mercados de Sonora y Arizona. El gobierno fundó una escuela de corta vida y en 1950 se rindió el representante federal para la organización de la cooperativa, ahora el nexo entre seris y la vida exterior eran los compradores de pescado y sus tiendas. Para 1950 su población se había reducido a 250 nómadas que vivían como pescadores sin instituciones religiosas o educativas.

La historia seri durante el periodo mexicano es la de un grupo que por más de cien años resistió su incorporación a la sociedad mexicana casi desapareciendo en el proceso pero que gracias a mutuos intereses económicos entraron lentamente al círculo de influencias culturales. Escaparon al persuasivo y poderoso impacto del sistema de misiones con más éxito que cualquier otro grupo en México. Para cuando comenzó el periodo mexicano mostraban sólo los más pequeños bosquejos de influencia de la cultura española en su vida social y religiosa. Debido a la falta de interés por las desérticas costas que ocupaban, solo en pocas ocasiones entraron en contacto con los invasores, excepto cuando decidían visitar los asentamientos o cuando las expediciones militares los llevaron prisioneros. Su localización geográfica los protegió del contacto.

El gobierno mexicano se tardó más de cien años en concebir un plan que fuera diferente al español. En 1938 modificaron el plan con un intento medio compasivo de imponer el sistema apache de raciones en vez de ubicarlos en centros de población, de distribución de niños a familias y de incorporación forzada a comunidades mexicanas. Cuando todo falló se permitió que individuos como Pascual Encinas intentaran algo parecido al sistema de misiones. Los esfuerzos de Encinas chocaron frente al interés de los mexicanos sobre sus recursos para la cría de ganado. Este esfuerzo también fue destrozado por el conflicto entre colonos e indígenas en competencia por la tierra y sus recursos como sucedió en todo México y en los Estados Unidos. La guerra y el exterminio indígena se llevaron a cabo sin un esfuerzo del gobierno por ejercer control.

En 1938 la administración de Cárdenas y el Departamento de Asuntos Indígenas dieron un giro radical al programa. El nuevo programa no exigía el desplazamiento ni la imposición forzada. Proponía que se organizaran en la unidad económica, aunque en una forma concebida por los mexicanos, para aprovechar los recursos de su hábitat costero. La incorporación a la nación debería llevarse a cabo por medio de la economía y se debía permitir que conservaran sus formas de religión y vida social. Hasta cierto grado este programa también falló o por lo menos no funcionó como se esperaba. La población se había reducido a una muy pequeña parte de su tamaño original cuando se puso en práctica el nuevo programa. Los doscientos que quedaban era una concentración de las diferentes bandas y nunca alcanzaron la organización tribal. Su unidad había sido forjada en las costumbres, el lenguaje común y el profundo resentimiento hacia los mexicanos. La distancia social era enorme entre ellos y los mexicanos y no prometía ser un terreno apropiado para la cooperación y buenas relaciones. En la década de 1950 sufrieron una serie de impactos provenientes de la sociedad dominante. La mayoría pasaba gran parte del año concentrada en Desemboque y este poblado era la mira de diferentes grupos que intentaban cambiar la vida seri. Considerado como un grupo muy pobre se convirtieron en recipientes de cobijas, ropa, comida, y medicina; todo basado en la caridad. Esta costumbre de entregar artículos indiscriminadamente se llevaba a cabo de manera esporádica desde los intentos para instalarlos en Villa de Seris en 1880. Pero ahora alcanzaba un nuevo nivel de intensidad gracias a la prosperidad económica que afectaba la actitud de personas en los Estados Unidos.

El creciente número de visitantes aumentó el conocimiento exterior acerca de ellos iniciando un periodo de diez años de contactos culturales intensos. Un grupo protestante fundó una escuela a la que los jóvenes acudían esporádicamente y un ministro comenzó su conversión con considerable éxito en poco tiempo. Para 1960 la mayoría se había convertido al cristianismo y se prohibió algunas costumbres como la pintura facial. Un grupo de lingüistas inició el estudio del lenguaje orientado a la traducción del Nuevo Testamento y se hicieron estudios de antropología. En 1958 el Instituto Nacional Indigenista resucitó la idea de la cooperativa y envió a varios representantes para llevarla a cabo. La banda de doscientos sobrevivientes era el enfoque de intensos esfuerzos de la sociedad dominante.

En términos de procesos culturales esta nueva fase puede ser comparada con el final del siglo XVII cuando los jesuitas comenzaron a trabajar entre ellos, con la década de 1770 cuando el gobierno provincial de Sonora soñó con un próspero pueblo cerca de Hermosillo y con la década de 1880 cuando la familia Encinas tuvo una visión de transformar su vida.